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El amor nunca pasaráEste 25 de Julio de 2008, día de Santiago Apóstol, celebramos en la distancia las Bodas de Plata de mis padres. ¡¡25 años sin separarse ni un solo día!! ¡¡Algo que parece imposible hoy en día, una gran hazaña!!
Realmente no es tal, ¿o sí?, pues bien sabéis que eso ocurre siempre y cuando se quiere de verdad, se ama sin límites y cuando se adquiere un compromiso fuerte y sincero con la otra persona y con los hijos que puedan venir. No deja de ser una hazaña, pues no es fácil mantener los compromisos con la misma intensidad que el primer día y amar como el primer día. Mis padres lo han sabido hacer y yo no puedo hacer más que reconocerlo y admirarles.
Esa ha sido la fórmula mágica que les ha permitido ir envejeciendo juntos, vivir durante estos 25 años más unidos cada día y darnos un ejemplo privilegiado a nosotros, sus hijos. Un ejemplo que espero imitar, una vez que me encuentre en su mismo lugar, si es que alguna buena mujer -por dentro y por fuera- se digna a tomarse algún café conmigo un día de estos.
Qué razón y cuánta actualidad siguen teniendo estas palabras que hace dos mil años escribiera San Pablo:
Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado pero sin tener amor, de nada me sirve. El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
El amor nunca pasará.
De la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, 13: 1-8.
25 años nada más y nada menos, aunque comenzaron a salir como novios allá por 1.977, hace 31 años. Muchos años, muchas vivencias, una salida de su ciudad natal en busca de trabajo, dos hijos, media vida en Los Madriles y la esperanza de volver a Cartagena cuando se jubilen. Ojalá puedan hacerlo tal y como lo están planeando ahora y, así, disfrutar de su descanso y de su vejez en la tierra que les vio nacer, crecer y pasar sus años de juventud, y en donde dejaron a los que ya se fueron o a la que se acaba de ir.
Mi deseo era que este aniversario tan especial lo hubiésemos pasado los cinco en Cartagena, es decir: mis padres, mi hermana, mi abuela y yo. Pero no ha podido ser. Mi abuela se ha ido cuatro meses antes, mi hermana está trabajando y no puede ni quiere ir, mi madre está arreglando papeles y herencias y yo estoy en Madrid esperando a que salga la resolución de la beca FPU en el puñetero BOE de las narices para saber qué plazo tengo para poder reclamar y, además, tampoco puedo ir a Cartagena.
Mi idea era que “volvieran a casarse” en la misma parroquia en que lo hicieron en 1.983, que volvieran a comprometerse, que renovaran las promesas que hace 25 años hicieron ante Dios y ante su familia. Se trata de preparar una bonita y sencilla ceremonia, sin necesidad de protocolos, ni trajes, ni flores, en la que ellos fueran de nuevo los protagonistas y pusieran de manifiesto el amor que les une y que se profesan. ¡Qué mejor que reunir de nuevo a la familia, especialmente a la abuela, pues este tipo de celebraciones no se repiten!
Pero no ha podido ser. Yo ya no estoy para celebraciones y sé que si se produjera esa celebración iba a pasarlo muy mal, pues iba a recordar más a mi abuela que a pensar en el aniversario de mis padres. Además, como digo, no podemos estar hoy por hoy más separados: mis padres en Torrevieja arreglando papeleos en Cartagena, mi hermana aparece por casa y desaparece como el Guadiana y yo muriéndome de asco día sí y día también, desesperado por la informalidad de la gente del Ministerio y penando y plañendo en estas noches que se me hacen larguísimas.
Por una morbosa casualidad, han querido coincidir sus Bodas de Plata con el año en que la abuela se ha ido. Y no es que no me alegre por mis padres, pero ni yo, ni mi madre -después de estos últimos cuatro meses que nos ha tocado soportar- estamos para jolgorios y celebraciones por muy sencillas que éstas sean. Ahora solo recordamos que hace algunos meses, yo le sugerí a mi madre la idea de que se volvieran a casar, más que nada porque sabía que eso le iba a gustar mucho a mi abuela. Yo le pedí que se lo pensara, que sería una forma espiritual de celebrarlo y que si aceptaba, aprovechando que este año las vacaciones de mi padre caían en Julio y que íbamos a estar allí todo el mes, yo podría organizar la celebración con ayuda del Párroco. Todo ello sin saber, inocente de mí, que pocos meses después mi abuela ya no iba a estar aquí para celebrar nada y que, en lugar de este aniversario íbamos a estar liados con la puñeta de la herencia en este mes de julio. Y todo está demasiado reciente como para alegrías.
Ni siquiera les hemos comprado los regalos aun, pero no importa. Total, no se los vamos a dar mañana en persona, pues ¿qué más da que se los demos dentro de una, dos o tres semanas?
En fin, unas Bodas de Plata que más bien parecen un desastre, las de un matrimonio mal avenido con un par de hijos muy desagradecidos.
Pero bueno, al menos, les felicitaremos en el blog para ir abriendo boca. Los regalos ya llegarán, por supuesto, pero por ahora me gustaría dedicarles esta canción que compuso el genial maestro Armando Manzanero para estos casos.
Cómo han pasado los años. (Huelga decir que los que salen en el vídeo no son ellos. No encontré un vídeo mejor).
Y esta otra de José Luís Perales, inspirada precisamente en el contenido de la epístola del Apóstol San Pablo antes citada.
Muchas felicidades en este aniversario. Os quiero un rato largo como se dice en nuestra tierra y me siento orgullosísimo y muy feliz por vosotros. Espero que sigáis unidos muchos años más. Mil besos.
Saludos a todos y que paséis un buen día de Santiago, Patrón de España. ¿El final del raca-raca?No se puede decir que no hayas hecho de las tuyas, querida abuela, tal y como te pedí el sábado pasado. Se nota que has intervenido y que, al final, el asunto ha quedado zanjado después de cuatro meses y dos días de polémicas sin cuento.
En efecto, ayer, Martes 22 de Julio, los hijos de mi abuela acudieron a un Notario de la Calle Palas de Cartagena para poner al día los papeles de la abuela, aceptar su Testamento y, en lo posible, hacer la repartición de los bienes de la mejor manera.
El dinero, como no podía ser de otro modo, se reparte en tres partes exactamente iguales y cada cual podrá hacer con él lo que quiera.
El apartamento de Torrevieja queda a nombre de los tres hermanos y serán los tres los que tengan que correr con los gastos propios de dicha casa.
La casa de Cartagena es la que presentaba la mayor polémica. Se procedió a tasarla en 17 millones de pesetas -infravalorándola, claro, porque esa casona no vale eso ni en broma- y a dividirla en tres partes iguales. Como una de las hermanas quería su parte, se le dio. Y, como propietarios de la misma, quedaron pues mi madre y su hermano.
De forma que mi madre es dueña de media casa. Algo es algo. Sigo manteniendo la esperanza de que alguna vez lo pueda ser de la casa entera.
Era la más polémica porque su hermano solicitaba el usufructo de la casa, pues no tiene otro sitio en que vivir. Y mi madre estaba dispuesta a darle el usufructo, y así se hizo. Resulta que, según contó el asesor fiscal que les acompañaba, hay dos formas posibles de hacerlo:
1ª.- Que el usufructuario indemnice a la otra propietaria (en este caso, mi madre), porque mi madre no podrá disfrutar de esa casa mientras él viva allí. Haciéndolo así, el usufructuario después puede hacer con la casa lo que quiera, menos venderla.
2ª.- Que el usufructuario no indemnice a la otra propietaria pero, a cambio, se comprometa a abandonar la casa en el momento en que contraiga matrimonio. Y si no lo contrae, podría vivir en dicha casa hasta que falleciese.
Como al usufructuario no le venía bien ninguna de las dos opciones (la primera porque suponía dar más dinero de lo que él se pensaba a mi madre y, la segunda porque salió con la típica estupidez de que le querían echar de la casa), se optó por hacer las cosas según lo marca la ley y se optó por la primera opción. De forma que, mi madre recibe esa indemnización, además de un tercio del dinero del banco, otro tercio del apartamento -como propietaria- y la mitad del piso de Cartagena.
No obstante, ella sigue abierta a comprarle a su hermano la otra mitad de la casa, aunque ya veremos cómo se desarrollan los acontecimientos a partir de ahora. No es bueno hacerse el cuento de la lechera tan pronto, pero yo guardo mis esperanzas.
Mientras estuvieron en el despacho del Notario se vivieron algunas escenitas vergonzosas, en que mi tío increpó a mi madre varias veces algunas de sus tonterías de siempre y mi madre, que no se calla nunca, saltaba a la mínima y llegó a amenazar con abandonar el despacho del Notario y dejar los papeles y el reparto sin arreglar, pues no estaba dispuesta a seguir escuchando imbecilidades o a que se le siguiera insultando. Mi tío no esperaba que esa indemnización fuera a ser tan elevada y, ante ello, descargó toda su ira contra mi madre, como si ésta tuviera la culpa de que la ley sea como es y ya no trate con preferencia a los hijos que quedan solteros de un matrimonio ya fallecido. No obstante, mi madre le ofreció optar por la segunda opción, le dijo que ella no quería ese dinero de la indemnización, pero que él se comprometiera a abandonar la casa en caso de que contrajera matrimonio. No se sabe lo que es peor, pues entonces empezó con el raca-raca de que mi madre quería echarle de casa, cuando lo único que quería mi madre es que dejaran de pelearse por dinero.
En fin, es lo que suele pasar cuando alguien se cree que tiene más derechos que nadie sobre las cosas pero, cuando llega al notario, le demuestran que eso no es así, y cuando alguien mantiene una relación con sus hermanas totalmente forzada, irreal, falsa y llena de insultos y ataques.
Al salir del Notario y después de una visita al banco, encaminaron sus pasos hacia la casa de mi abuela y, en el portal, con los ánimos más calmados se despidieron amistosamente y se dijeron que habían quedado muy conformes con el acuerdo alcanzado. Menos mal.
Solo me queda brindar por mi madre y por sus santas narices. Aunque no ha sido fácil y los recuerdos se agolpaban en la cabeza con tanta pelea, ella ha sabido defender lo suyo y, sobre todo, sé que ha hecho y que va a hacer un sacrificio muy grande por mí, simplemente por darme el gusto de albergar la posibilidad de que algún día la casa de la abuela pueda ser nuestra y, en un futuro, pueda volver a ella y, así, recordar los días que pasé allí con ella.
Por fin se acabó este infierno. Ahora solo queda volver al Notario para recoger las nuevas escrituras de las casas y demás papeles y, por supuesto, pagar las tasas del asesor fiscal y del Notario.
Y cuando eso quede hecho, mi madre y yo podremos decir que nos hemos quedado descansando. Hasta el próximo raca-raca.
Saludos a todos. Esa divina mujer.Hace algo más de un mes, le escribí un mensaje de correo electrónico para que, si le parecía bien, quedáramos para tomarnos un café y hablar de nuestras vidas.
La conozco desde hace tiempo, unos dos años más o menos, pero por cosas de los estudios, de los agobios de los exámenes, de su trabajo, de que el horario de mis cursos de Doctorado era cambiante, etc., no habíamos coincidido demasiado en todo este tiempo. Y eso que estudiamos en la misma Facultad…
Yo tenía de verdad ganas de verla y de que me contara qué tal le trataba la vida. Le envié el correo electrónico y, al día siguiente, ¡oh, casualidad!, me la topé en la Facultad. Ella estaba como siempre, soberbia. Y me dijo que ya quedaríamos cuando acabara los exámenes, que tenía ocho y que andaba muy agobiada.
Le escribí otro mensaje a propósito, deseándole suerte en los exámenes y, de paso, recordándole que teníamos que vernos.
¿Os habéis tomado vosotros el café? Porque yo no. Bueno, realmente el café era lo de menos. Lo que yo quería era saber de ella y retomar el contacto con una de las mejores amigas que hice en una campaña de excavación de hace dos veranos.
Ella es, como digo, una mujer de belleza soberbia. Una morena española de esas que quitan el hipo y que sonroja a cualquiera que se pone delante de ella. Es una belleza tal que es imposible mirarla a la cara de continuo sin que descubra que nuestro corazón y nuestros ojos se están dejando deslumbrar por la maravilla que contemplan, y que ya no son capaces de aguantar la mirada de esos ojos delicados que miran fijamente a un servidor. Y hay que apartar la vista y tratar de disimular para que no se de cuenta de que su presencia inquieta, altera y turba nuestra alma, hace temblar nuestras piernas y nos descoloca las ideas.
Es un mujerón como pocos, de los de rompe y rasga; de esos que no dejan indiferente a los hombres de verdad -no a los salidos que ahora tanto se estilan-; con sentido de la feminidad -cosa que se agradece hoy en día entre las mujeres, ya que los hombres son cada vez más femeninos-; que viste con gusto y cuyo movimiento de caderas no es recomendable para cardíacos, ni diabéticos. Su sola presencia cohíbe al más atrevido y avergüenza al más tímido. Pero unos y otros se sienten dichosos al contemplar semejante espectáculo y dan gracias a Dios por haber hecho posible la creación de tan delicada y virtuosa criatura y por haberle dotado de unas facciones y unos rasgos simplemente perfectos, los cuales no pueden explicarse sin recurrir al cincel y a la mano de Dios que, a veces, concentra su genialidad en algunas mujeres, haciéndolas caprichosamente divinas.
Pues bien, espero que como investigador la vida me vaya mejor, pues está visto que como Don Juan -a pesar de que me llame así- no tengo nada que hacer. Y si quiero que alguna mujer vaya detrás de mí, tendré que adelantarla como decía Don Ramón María del Valle-Inclán.
Saludos a todos. Cuatro meses.
Y mañana cuatro meses ya. Apenas me lo puedo creer, quién me iba a decir a mí.
Pero como estos cuatro meses se han convertido en un calvario personal debido a lo que explicaba brevemente en la anterior entrada, estos días se me han hecho particularmente largos, interminables. Los meses, y especialmente los días 20 de cada mes, pasan lentamente trayéndome a la cabeza todo tipo de recuerdos, aunque siguen primando los malos recuerdos, los recuerdos de los momentos finales y de los últimos minutos y segundos que vivimos encerrados en esa maldita habitación 438 del hospital Santa María del Rosell de Cartagena.
Hoy descansas ya pero, a veces, me resulta imposible pensar que ya te fuiste, que no te voy a volver a ver y que encima, debido al rencor y a los odios, no me dejan entrar en tu casa ni, de esa forma, me dejan poder ir a rezarte en persona. Aunque soy de los que espera que los que rían los últimos riamos mejor, es una situación tan dolorosa… ¿En qué cabeza cabe que los vecinos de mi abuela me abran la puerta de sus casas antes que poder entrar y estar en casa de mi propia abuela y, así, poder ir “a verla”? Es increíble.
En cualquier caso, viviste como quisiste y descansas ahora donde tú dijiste. No sé cómo, pero sigues viva. Y no es que yo hable contigo o que me de esa sensación sino que, por ejemplo, el otro día tu amiga Julia me dijo que en la Parroquia se acuerdan mucho de ti, que el Párroco aplica misas continuamente por ti y, en sus homilías, te pone como ejemplo de las virtudes cristianas un día sí y otro también. Te admiran tanto tus amigos de la Parroquia…, y tu ejemplo ha calado tan hondo que será imposible que te olviden. Y eso me honra y enorgullece, y supongo que tú estarás tan contenta de ver cómo aparecer continuamente en las conversaciones de tu nieto, tus amigos, tu Párroco, tus vecinos, etc.
Pero, porque soy humano, hay un límite al que no puedo llegar y que solo se resuelve mediante la Fe. Fe que, a veces, flaquea, se debilita, piensa que todo esto no son más que chorradas y películas que un servidor se monta en su cabeza para sobrellevarlo mejor; cabeza que, desde luego, no hace más que darle vueltas al asunto de la muerte y de lo que ocurre con nosotros después de ella.
Lo ideal sería que te me manifestaras más de cómo lo haces ahora, más intensa o evidentemente, pero sé que eso no puede ser, pues para eso está la Fe, para creer sin haber visto. Y ahí es donde debe estar la fortaleza de los creyentes. Es difícil buscar consuelo en una esperanza que no se conoce, ni se ha visto, pero hay pistas o detalles que nos pueden mover a pensar que verdaderamente hay algo, que tú sigues viva y que ya no sufres los dolores físicos, sino que disfrutas de la plenitud del alma.
Siempre supiste cuál era tu sitio y dónde se te necesitaba. Y hoy sabes que donde se te necesita es en tu propia casa en la que esta tarde -a esta misma hora precisamente- se reunirán tus tres hijos para tratar de llegar a un acuerdo para, el martes que viene, ir al notario y dejarte descansar en paz definitivamente. Échales una mano, insúflales buen ánimo, paciencia y unas cuantas dosis de raciocinio y tranquilidad. No dejes que quien tu sabes se deje llevar por los insultos y demás despropósitos. Hazles ver que todo es de todos, que nadie tiene más derechos sobre el resto de los hermanos y que son hermanos que, ante todo, deben llevarse de la mejor manera posible para honrar a su madre, aunque lo hagan una vez que ya has muerto.
Y tú ya sabes cuál es mi deseo, te lo pido casi todas las noches. Sabes que me lo merezco y que te lo pido porque me gustaría volver allí y sentirme tan feliz como cuando iba a verte y a pasar algunas temporadas contigo. Tú sabes que no podría estar en mejores manos, que me servirá para tenerte más presente aún y tener un lugar físico en que atesorar todos los recuerdos que guardo de ti. Y qué mejor para mí que ese lugar que fue lo primero que vieron mis ojos cuando éstos se abrieron al poco de nacer, ese oscuro objeto de deseo al que desde hace cuatro meses, por los rencores y los odios, no puedo entrar.
Tengo puesta la confianza en ti, en que iluminarás sus hermosas cabezas y que harás lo que puedas para que lo único que te he pedido en toda mi vida, se cumpla ahora o dentro de un corto período de tiempo. Yo sé que va a ser así, me da en la nariz, porque es lo que tiene que ser y porque tú siempre dijiste que, al final, el tiempo pone a cada cual en su sitio y que aquello iba a acabar al final en manos de quien más te cuidara y se desvelara por ti.
Esta canción, aunque hable realmente de la despedida de dos enamorados, me sirve para dedicártela a ti y recordarte, pues sigo buscando la mejor manera de decirte adiós y el dolor sigue despertando en mi corazón cada vez que te recuerdo, sigo viviendo por ti y sé que tú también lo haces por mí y por nosotros, y puedo decirte que cada vez que me siento solo te pienso y me acuerdo de tantas cosas... Y en este otoño gris que empezó hace cuatro meses, no he hecho otra cosa más que pedirte que seas feliz en compañía de los que ya se fueron y tener la esperanza de que la recompensa haya sido grande en el Cielo.
Se trata de la canción, Balada para una despedida, de José Luís Perales. Click aquí.
Y esta otra canción, Esta tarde vi llover, del genial maestro Armando Manzanero se me antoja muy propia para estas semanas a las que me estoy enfrentando. Porque el otoño se instaló en mí y en estas tardes he visto llover, he visto a la gente correr, he visto cómo brillaban esos lucericos a los que mirábamos tu y yo desde la terraza de la casa de Torrevieja todas las noches después de cenar, he visto ese mar Mediterráneo que tanto nos gustaba y en el que nos bañábamos todas las mañanas de verano, y no estabas tu. Y solo sé que vi llover, vi gente correr y no estabas tu. Click aquí.
Serán, por supuesto, bien recibidas todas aquellas intenciones y oraciones que queráis aplicar por el eterno descanso del alma de mi abuela. Os quedaré muy agradecido y yo rezaré también por ella y por todos los que, de buen corazón, la tengan presente hoy en sus oraciones, para que vuestra recompensa sea también grande.
Foto de mi autoría del Libro de Oraciones que mi abuela guardaba en su mesilla de noche desde muy joven y del Rosario que perteneció a mi abuelo, su marido, y que yo conservo.
No lloréis, yo voy al Señor, voy a esperaros en la Gloria. Yo muero, pero el amor a mi familia y amigos no muere. Os amaré en el Cielo como os he amado en la Tierra.
SAN AGUSTÍN
Descanse en Paz. Horas crucialesDespués de pasar unas semanas medio bien, aunque con mis altibajos y mis lágrimas que no se acaban de ir especialmente por las noches, me he vuelto a atrancar en esta semana.
Y es que llevo tres días intentando leer un libro relacionado con mi tema de investigación y no soy capaz de concentrarme. Mi madre llegó hace dos días a la casa que tenemos en Torrevieja, lo cual significa que en breve se arreglarán los papeles de la abuela y la herencia.
Tanto es así que mañana sábado, víspera del cuarto mes de la partida de la abuela, -¡Cuatro meses, ya! ¡Qué largo se me ha hecho! ¡Qué despacio pasa el tiempo algunas veces!-, los tres hermanos han quedado en la casa de la abuela de Cartagena para hablar de todos los asuntos antes de ir al notario el próximo martes 22 de julio a aceptar el Testamento que dejó la abuela y, después, arreglar los temas del banco y las escrituras de las dos casas. Se trata de ir con las ideas claras al notario y, así, resolver el papeleo pronto.
Mi deseo sería que hicieran por entenderse y, sobre todo, por respetarse, aunque fuera por una sola vez en su vida. Que no recurriesen al insulto, a los gritos, a la sinrazón y a la búsqueda de supuestas conjuras como alguien ha venido haciendo desgraciadamente en estos cuatro meses, sin darse cuenta de que los tres son hijos exactamente iguales a la hora de repartirse lo que fue de sus padres y que ninguno de ellos tiene más derechos o prerrogativas sobre lo que fue de sus padres.
La cuestión está difícil pues, por una causa nada despreciable, el reparto no puede ser equitativo -en tres partes iguales- especialmente en lo que toca a la casa de Cartagena, alguien tendrá que salir perdiendo, pues el hijo de mi abuela no tiene otra casa en que vivir, ni tiene una nómina suficiente que le permita enfrentarse a estas alturas y a sus años con una hipoteca de las que ahora se estilan y, además, pretender comer y mantener los gastos de la casa.
No sé cómo se arreglarán pues, como digo, ha habido muchos despropósitos y muchas salidas de tono y, por tanto, un ambiente ciertamente enrarecido y en el que se recurre a la hipocresía para tratar de llevarse mejor. Para eso, para tratar de no pelearse delante del notario, han quedado mañana por la tarde los tres hermanos para hablar y tratar de ponerse de acuerdo de la forma más civilizada posible, aunque sé de buena tinta que los despropósitos y los insultos no van a desaparecer nunca pues vienen dándose desde hace más años de los que yo llevo sobre la faz de la Tierra. Y, cuando los papeles se arreglen, todo volverá a lo de siempre, a lo de antes, a la incomunicación, al rencor, a los enfrentamientos, a los reproches y a la ausencia de interés en volver a verse. Lo de siempre.
Pero desde aquí, vamos a ver si entre todos le podemos enviar fuerza, perseverancia, constancia y muchos ánimos a mi madre que, siendo consciente de la compleja situación, sé que hará lo que mejor convenga a nuestros intereses, a los intereses suyos y de sus hijos, tratando de defender lo que legítimamente le corresponde como hija de sus difuntos padres.
Sé que mi madre va a actuar así -con conciencia- porque ella es una gran mujer que, defendiendo lo suyo, tratará de enseñarnos con sus obras cómo nosotros tendremos que actuar cuando nos veamos en la desagradable tesitura de repartirnos lo que fue de nuestros padres cuando éstos falten.
Y nosotros, por ahora, la apoyaremos en todo lo que decida porque eso es lo que tenemos que hacer, apoyarla y respaldarla en sus actuaciones pues sabemos bien que todo lo que haga lo hará por su bien y, sobre todo, por el de sus hijos, defendiendo lo que es suyo y de sus hijos. Como tiene que ser, se pongan los demás como se pongan, pues una madre nunca quiere algo malo para sus hijos.
Muchos ánimos para mañana, mamá, aunque sé que no te hacen falta porque, pensándolo bien, a ti no hay quien te gane en lo que a tenerlos bien puestos se refiere.
Me da que, cuando los papeles se arreglen, voy a poder sentirme muy orgulloso de ti. Espero que sea así. Todo depende de mañana. Que tengas suerte.
Y a ver si llega pronto el martes, se resuelve la papeleta, y yo puedo volver a “la normalidad”, a leer mis libros, a tener la cabeza más despejada y apartada de estos desagradables problemas y, sobre todo, a tener los nervios más calmados.
Y es que os resultará curioso, pero a pesar de que yo no voy a heredar ni propiedades, ni medio euro de mi abuela, soy quien más estoy sufriendo estos problemas y discusiones. Al mismo tiempo, diré que he sido yo quien ha tenido el orgullo de haber recibido y, por tanto, de atesorar, la mejor herencia que ha podido dejarnos la abuela. Y esa herencia me la ha dejado a mí. Ojalá alguien leyera este último párrafo y reflexionara sobre esto cuando le diera por chillar e insultar.
Saludos a todos y que tengáis un buen fin de semana. Que no se diga.Por fin, una agradable señora o señorita del Ministerio de Ciencia e Innovación me atendió esta mañana y me aclaró un poquito el potaje mental de que soy portador a causa de la dichosa beca FPU y la pretendida, por nuestra parte, reclamación.
El caso es que para reclamar hace falta saber cómo me han evaluado, saber qué puntuación me han puesto en cada uno de los documentos que aporté. Y la señorita me ha hecho el favor de decirme mi puntuación por teléfono, aunque también me dijo que las puntuaciones saldrían esta tarde o mañana por la mañana en la página Web del Ministerio, como así ha sido. Imagino que por eso no me habrá puesto ninguna pega y no le habrá importado decírmelo por teléfono…
Y alucinado me he quedado cuando veo las calificaciones. A saber:
1º.- Mi currículo personal está valorado en menos de medio punto, cuando la puntuación máxima a conseguir en este apartado es de un punto entero. ¡Bien!
2º.- Mi proyecto de Tesis no está puntuado o, mejor dicho, solo ha recibido 0,10 puntos. ¡Soberbio! ¿No interesa mi tema de investigación, a pesar de que afecta a las necrópolis célticas de más de media España y a los habitantes que las usaron a lo largo del I Milenio a. C.? Supongo que hallar un sistema para el encendido automático del mechero será de mayor interés, qué se le va a hacer. En este apartado la puntuación máxima a otorgar es de 0,5.
3º.- De dos puntos que deberían haberme concedido por tener como Director de Tesis a uno de los Catedráticos de Prehistoria más solventes de este puñetero país y con un currículo brillante, me conceden punto y medio. Supongo que cuando se lo diga a mi Director, no le va a hacer mucha gracia. ¡Perfecto!
4º.- Y mi Departamento, que es el mejor Departamento de Prehistoria de toda España, ha dejado de serlo o eso parece, pues solo ha recibido medio punto, cuando deberían haberme concedido el punto entero -o casi- que estaba en juego en esta sección.
5º.- Si a eso le sumamos que tengo una buena nota media -superior a Sobresaliente- en la Licenciatura y consideramos que la suma de todos estos factores no me llega como para haber recibido la dichosa beca, nos podemos echar a llorar y no parar. Y si, encima, comprobamos que hay gente con menos nota media que yo -pero que le han valorado bastante mejor el proyecto de Tesis, el currículo de su Director de Tesis y el del Departamento-, podemos cortarnos las venas.
Ante esto, reclamación al canto. La señorita, de paso, me ha dicho que reclame, pero que no interponga ningún recurso administrativo pues eso impediría no sé qué historias de las que no me he enterado muy bien. Además, habría que esperarse a la publicación de la resolución de estas becas en el Boletín Oficial del Estado (BOE), cosa que para las simples reclamaciones no es necesario.
Como usted quiera le dije, pero reclamaré. Y claro, hay que ponerse manos a la obra y perder una mañana o una tarde entera escribiendo imbecilidades en un documento Word defendiendo que mi tema de investigación es la leche y que es injusta, en algunos casos muy injusta, la calificación que me han puesto. Para eso no hay ningún formulario, faltaría más. Solo tengo que escribir el rollo, eso sí con mi nombre y el número de referencia que me han dado en el Ministerio para que me identifiquen y puedan revisar mi solicitud.
Y luego, a esperar a que alguien se digne a contestarme dentro de X meses que naranjitas de la China, que deje de incordiar, que no me van a dar la beca por mucho que yo reclame y que lo que tengo que hacer es pedirla en la próxima convocatoria, a ver si hay suerte.
Como veis se trata de criterios de evaluación muy arbitrarios, ante los que cada evaluador actuará como Dios le de a entender, evaluando mejor o peor, según le parezca o le indique su apreciación personal. A ver si a esta ministra, aprovechando que es mujer, se le ocurre cambiar este sistema, hacerlo más objetivo y con unos criterios de evaluación que estén menos sujetos a las apreciaciones personales y subjetivas de cada evaluador. Lo digo para que no sea tan cantoso el hecho de que haya más candidatos solicitantes que becas a conceder y que no se sepa cómo quitarse de en medio a aquéllos y, así, ajustar las 950 becas a 950 becarios, sobren los que sobren.
Aunque no tengo ni pizca de ganas de ponerme a escribir eso, lo haré, porque mi madre me enseñó a no rendirme cuando creo que tengo la razón, a incordiar hasta el final con tal de corregir los errores y a dar el tostón que sea necesario. El caso es que no quede por nuestra parte, pues el no ya lo tenemos sobre la mesa. Hay que pelear, aunque al final nos quedemos igual que estamos ahora, que para eso procedo de una tierra de peleones natos y portadores de dos buenos y resueltos consejeros delegados. Vamos a dejar el pabellón bien alto, que no se diga.
Saludos a todos. El Cantón de Cartagena (III)Os dejo un texto escrito por el Dr. Ángel Bahamonde Magro sobre el federalismo y el cantonalismo en el contexto de la I República Española en concreto y de finales del siglo XIX en general.
Me parece que aborda el tema con acierto y que aporta una imagen mucho más completa que los anteriores. Lo dejo para quien le interese.
LA FEDERACIÓN DESDE ABAJO
El mes de julio marcó un punto de inflexión en la trayectoria de la [I] República. El rumbo definido por las Cortes Constituyentes y la presidencia de Pi [y Margall] se resquebrajan, acosados por problemas de toda índole y sin apoyos sólidos en los que sustentarse. En efecto, a lo largo del mes emergen de forma acumulada todos los factores que inclinarán a la deriva la ya de por sí frágil plataforma política republicana. Estallaron sucesivamente los alzamientos cantonales y los sucesos de Alcoy, a la par que se extendió la guerra carlista y, en medio, la caída de Pi y Margall, que supuso un viraje a la derecha del régimen, confirmado ya desde la presidencia de Nicolás Salmerón.
El estallido cantonal se generalizó a partir de la caída del Gobierno de Pi y Margall, el 18 de julio, quien se encontró en la disyuntiva de utilizar poderes delegados por las Cortes para sofocar la rebelión o practicar una política de persuasión y concesiones. En última instancia se quebraba la política de legalismo y se disipaban los intentos de construir una república federal sólida.
La sublevación cartagenera, aunque partió de la iniciativa federalista local, en la noche del 11 al 12 del julio, capitaneada por Manuel Cárceles, formaba parte del proyecto de insurrección generalizada. Allí se desplazaron inmediatamente para dirigir el movimiento y organizar la resistencia el diputado Antonio Gálvez y el general Contreras, militar de agitación y presidente de la Comisión de Guerra del Comité de Salud Pública formado en Madrid. Las condiciones de defensa en Cartagena eran más propicias: una fortaleza amurallada y una privilegiada situación orográfica, a lo que se sumó la adhesión de la marinería a la sublevación, lo que significaba contar con parte de los mejores navíos de la Armada. El objetivo revolucionario era esencialmente político, la descentralización a través del federalismo popular frente al poder central, acompañado del ideario de reformas y medidas humanitarias defendidas por el federalismo durante el Sexenio. Se autocontempló como el centro de irradiación del federalismo intransigente a escala nacional. Así, el 27 de julio se constituyó en Cartagena un Gobierno provisional de la Federación española, presidido por Roque Barcia. Cartagena se convirtió, pues, en la sede de un movimiento que trascendía del localismo para intentar articular el Estado federal de abajo a arriba. En su libro Memoria y Comentarios sobre el sitio de Cartagena, publicado en 1877, cuenta así el general López Domínguez su entrada en Cartagena:
"A la una del día entrábamos en la ciudad por la puerta de Madrid, atravesando las calles obstruidas con barricadas, deshechas por las fuerzas que nos habían precedido, con escombros de los edificios y casas derruidas por el fuego del sitio, con cuerdas rotas y materiales hacinados, presentando un triste y desolador espectáculo, que ponía de manifiesto los horrores por los que habían pasado los insurrectos de la plaza y sus desdichados habitantes, pues nada respetaron nuestros proyectiles, que a todas partes alcanzaban. Llegados a la muralla del mar, formaron las tropas en columna, haciendo un largo descanso, y entramos en el palacio de la Capitanía General, donde recibimos a una comisión compuesta de los primeros y segundos jefes de los buques de guerra extranjeros, que habían seguido y presenciado las operaciones, la cual iba presidida por el viejo almirante inglés Yelverton, que montaba el Lord Werdem, capitana de la escuadra británica, el que nos felicitó en nombre de los allí presentes y de las naciones a que pertenecían..." Aunque en el movimiento cantonal subyacen contradicciones y peculiaridades de índole local, fue protagonizado, en general, por ese conglomerado social heterogéneo compuesto de artesanos, tenderos y asalariados, las masas federales, que, de forma inmediata, directa y revolucionaria, intentaron trastocar el rumbo que el federalismo legalista y benévolo había imprimido a la República. Pero, a su vez, el componente social del cantonalismo tuvo límites imprecisos. En él participaron y se confundieron sectores de las clases trabajadoras que tenían su propia versión del federalismo, pero sólo en contadas excepciones protagonizaron la sublevación. En el movimiento cantonal estuvieron presentes obreros internacionalistas, a título individual y espontáneo, pero no por mandato de la organización.
Ángel Bahamonde Magro. Catedrático de Historia Contemporánea Universidad Carlos III de Madrid.
http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/7020.htm
Saludos a todos. El Cantón de Cartagena (II)Sigamos celebrando con esta segunda entrega. En este caso, sobre el Cantón de Cartagena concretamente, extraída de Wikipedia. Como introducción, y para contextualizar los hechos, no está esta breve reseña histórica. Espero que os resulte interesante. EL CANTÓN DE CARTAGENA El Cantón de Cartagena fue un ente de naturaleza nacional que mantuvo su independencia de la República unitaria centralista española durante seis meses entre 1873 y 1874. Surgió debido a la enérgica repulsa al régimen unitario de la Primera República y al envío de jóvenes a las guerra coloniales que mantenía España, como la de Cuba de 1868. El proyecto de constitución federal de los federalistas proponía una idea de España articulada en 17 estados, Cuba y Puerto Rico incluidos. Mientras en las Cortes se discute el proyecto, el 12 de julio de 1873 estalla la insurrección en Cartagena. Federales intransigentes toman el Ayuntamiento y nombran una "Junta de Salud Pública Reformista", apoderándose del Arsenal y del puerto, donde estaba estacionada la mayoría de la flota española, la cual se une a la sublevación. Esta Junta "reclama que se lleve a efecto la formación del Cantón de Cartagena, con la autonomía municipal y Cantonal". En medio del levantamiento cantonal, el proyecto de constitución es rechazado por las Cortes y el presidente Pi y Margall tiene que dimitir, acusado de complicidad. El Cantón de Cartagena, bien pertrechado gracias a las armas del Arsenal y a la posesión de la flota, acuñará moneda propia (como el "duro cantonal", que en el anverso llevaba la leyenda Cartagena sitiada por los centralistas, septiembre 1873 y en el reverso Revolución Cantonal, cinco pesetas) y resistirá los ataques de las tropas del Gobierno, llegando incluso a diseñar planes educativos que nunca se llevarían a cabo. El líder del Cantón de Cartagena sería el murciano natural de Torreagüera, Antonete Gálvez, militar progresista de origen humilde que entonces era diputado a Cortes por la provincia de Murcia. Después de seis meses de asedio de Cartagena, y cuando la Primera República ha sido sustituida por un Gobierno provisional al mando del general Serrano [después del Golpe de Estado del General Manuel Pavía en las Cortes], el general López Domínguez consigue la rendición de la plaza (12 de enero de 1874), lo que supuso la condena a muerte de los rebeldes o su exilio, generalmente a Argelia. La historia del asedio y del final del cantón fue reflejada por Ramón J. Sender en su novela Mr. Witt en el cantón y por Benito Pérez Galdós en el episodio nacional De Cartago a Sagunto. Se acuñó moneda propia para sufragar y sostener los gastos derivados de la revolución. Se decretó una amnistía para todos los falsarios que cumplían condena en el Penal de Cartagena, si cooperaban en la elaboración de los cuños y la acuñación de las piezas. Toda la plata que se conseguía, procedente de las minas de Mazarrón y de objetos de plata que se pudieron incautar, era fundida, laminada y preparada para la acuñación. La ley se elevó a 925 milésimas, 25 más que las oficiales y los cospeles se prepararon con una mayor dimensión que los normales del mismo valor facial. Las monedas tuvieron un peso superior, |