Qart's profileDESDE MI PERISCOPIOPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
Imbecilidad vs. maldadAyer recibí una llamada telefónica. Y me sorprendió positivamente porque siempre que alguien me llama al móvil estoy o bien en el cuarto de baño, o bien saliendo un segundo a la calle a por lo que sea. Y, será casualidad, pero es justo en esos precisos instantes cuando el personal, que es muy simpático y oportuno, suele llamarme.
Se trata, efectivamente, de la famosa Ley de Murphy de Nicagar (o Nimear) puede uno. No es raro, por tanto, que el móvil se pase varios días sin registrar una sola llamada y que, cuando mi madre me manda a por una mísera barra de pan, me encuentre al volver 3 ó 4 llamadas perdidas hechas desde diferentes números.
Pero vamos a lo que vamos. Recibí esa llamada y resultó ser un antiguo compañero de clase. Llevábamos mucho tiempo sin vernos, los dos hemos perdido a nuestros abuelos en estos meses, y él quería que quedásemos. Y así ha sido. Hoy nos hemos visto.
Yo no sé si quería verme o tocarme las narices porque…, tela marinera.
Me empezó a molestar cuando se puso a preguntarme sobre lo divino y lo humano, pero con mucha impertinencia. Sobre el Doctorado, mi futura Tesis, mi inminente Tesina, los artículos que llevo escritos y los que pienso escribir y si he pedido alguna beca (como si yo no fuera lo suficientemente mayorcito para saber lo que tengo que hacer sin que me lo diga él). Me espetó que cómo pretendía yo sobrevivir sin cobrar una beca -como si la culpa de que no me la hayan concedido fuese mía y no de los arbitrarios criterios de selección del Mierdesterio-; que si cómo me podía gustar mi proyecto de investigación; que si qué interés tenía mi Tesis; que si mi Tesis iba a ser un royo y qué aspiraba a hacer yo con ese tema tan aburrido; que si qué pretendía hacer cuando me hubiese sacado el Doctorado; que si aspiraba a dar clases a niñatos de Instituto o si pensaba hacer algo más interesante; que si había buscado ya información sobre oposiciones para no pensar solamente en la investigación como salida laboral preferente y, por último, afirmó rotundamente que los que nos dedicamos a investigar y hacer el Doctorado somos unos colgaos y unos flipaos.
Debía tener un mal día hoy, la pobre criatura. Pero se encontró con el auténtico Juan y con mi par de consejeros delegados, cuando empezó a meterse con un tema “espinoso”. Me dijo que por qué iba de negro, que eso no me hacía ningún bien, que tenía que estar contento porque mi abuela ya está descansando y que si no me daba vergüenza ir por la calle con traje. Ahí me tocó ya la fibra y salté como un resorte…
No recuerdo muy bien lo que le he dicho. Le vine a decir que iba de negro y con traje porque me daba la real gana y porque mi conciencia así me lo dictaba, igual que los que van con los pantalones por la rodilla, enseñando el calzoncillo o el tangazo a toda España, los lucen libremente, sin que yo pueda hacer otra cosa más que joderme y aguantarme por estar viéndoles la raja del culo. Si a ellos no les da reparo enseñarme sus vergüenzas, ¿me va a dar vergüenza a mí ponerme un traje y vestir como Dios manda?
Es que nadie, salvo algún soplagaitas, que siempre los hay, se ha metido con el atuendo que llevo desde el pasado 20 de marzo de 2008. Nadie. Ni mis mejores amigos. Todo el mundo lo ha respetado, como no podía ser menos. Y si alguien me ha dicho algo, no le ha servido de mucho, pues le he hecho caso omiso. Y si no les gusta, que no miren, igual que hago yo cuando alguien va por ahí enseñando los gallumbos. Por ejemplo, tengo un familiar que me ha preguntado varias veces el por qué del traje. A la segunda vez, le rogué que no me preguntara más, a menos que quisiera que la lengua se le cansara dándome la misma matraca hasta que llegue el 20 de marzo del año que viene. Cuando pensó que iba a ir todo un año igual, se asustó sobremanera. Ni que se le hubiese aparecido un marciano.
No soporto a la gente así. ¿Acaso le da vergüenza a alguien subir a dar una conferencia en un congreso en bermudas? Si sube de esa guisa, es de suponer que no le dará mucha vergüenza. ¿Y me va a dar vergüenza a mi salir a la calle con corbata? Venga, hombre…
Además, insisto, es una cuestión de conciencia, no de querer lucir palmito pues no soy precisamente modelo de la Madrid Fashion Week, nombre muy apropiado para los tiempos amanerados que corren y nos idiotizan a todos en mayor o menor medida.
Y al despedirnos, Perico volvió a darle al torno. Me dijo que la próxima vez que nos viéramos quería verme sin traje. Y yo, más a gusto que nadie, le dije que me quitaría el traje cuando él se arreglara su pelo estropajo, que lo lleva largo al estilo Aznar y que le queda como una patada en los mismísimos.
Y se fue. La lástima es que se marchó antes de que le dijera que, muy a su pesar, el reggaeton no me gusta, ni El Duque me pone, ni fumo petas, ni veo Rebelde Way, ni hago graffitis, ni pertenezco al exquisito club de socios del pañuelo palestino al cuello. Y, para terminarlo de arreglar, encima me gustan los boleros. ¡La pura carcunda personificada! Siento de todo corazón ser tan diferente al resto de los españoles, pero uno es como es y al que no le guste, ruego me ignore pues no le voy a hacer ni puñetero caso.
Lo curioso es que este chico es del Opus Dei ¡y estuvo yendo a clase durante los dos últimos cursos de la carrera con traje, corbatitas de colorines y mocasines siempre relucientes! Ante esta evidencia, solo puedo decir que es muy cierto eso que dicen de que en todas partes cuecen habas y de que la imbecilidad es más peligrosa y hace más daño que la maldad.
Saludos a todos. Lluvias en Murcia y Cartagena.Os enseño unas fotos.
Se trata de las consecuencias del temporal de lluvias que está azotando desde ayer toda la Región de Murcia.
Como dice el anuncio y podemos apreciar en estas imágenes, no cabe duda de que desde ayer Murcia es la tierra donde vive el sol.
Fuente de las fotos: http://www.laverdad.es/murcia/multimedia/fotos/20917.html
PD: Mucho que lo siento yo, pues las fiestas de los Cartagineses y Romanos no se están luciendo este año. Una canción.Suelo pasearme casi todos los días por un foro, el del ya desaparecido Poblado de la Refinería del Valle de Escombreras de Cartagena, en que vivieron mis abuelos maternos durante sus cinco primeros años de matrimonio. Allí nacieron el hermano de mi madre (que nunca ha ejercido de tío con sus sobrinos, como para que yo le otorgue dicho tratamiento) y mi madre. Todo aquello ya no existe y solo queda un foro en Internet donde, los descendientes de los refineros, nos “vemos” y aprendemos sobre la historia de la fábrica y del poblado.
Uno de los hilos del foro consiste en poner la música que más nos gusta. Y hace dos días, un compañero residente actualmente en San Fernando de Cádiz puso una canción de un tal Elefante. No le conocía de nada, me sorprendió el nombre. No sabía si era un cantante en solitario o el nombre de un grupo. La canción -titulada Durmiendo con la luna- tampoco la había oído en mi vida.
Y me puse a escucharla. A los pocos segundos tenía un horrible nudo en la garganta. Parecía que la canción la habían compuesto pensando en mí y que el vídeo había sido rodado en el hospital de Cartagena, aquella mañana y tarde del pasado Jueves Santo.
Me recordó muchas de las situaciones que tuve que vivir aquel día y todas las emociones a las que tuve que enfrentarme y, de hecho, la letra es el reflejo fiel de lo que todos hemos podido sentir en aquellos momentos especialmente trágicos en los que nada se puede hacer por salvar a la persona querida que se está yendo poco a poco, minuto a minuto, delante de nuestras mismas narices.
Aquí podéis escuchar la canción. Click aquí.
En fin, que aquí estoy como dice la canción. Y lo curioso es que no sé ni cómo, añado yo. Cosas del día de hoy.Después del diluvio universal de anoche y de tener la A-3 (Autovía Madrid-Valencia) cortada por su causa, pasé la mañana llamando por teléfono al Mierdesterio para que me informaran sobre cuándo se van a resolver las reclamaciones y recursos interpuestos para la revisión de las solicitudes de las becas que, a juicio de los solicitantes, no se han evaluado correctamente, como es mi caso.
Me dicen que hasta noviembre, nada. Y le he sugerido que quizá salga antes la convocatoria de las becas del nuevo curso. Y, como no podía ser menos, la respuesta ha sido afirmativa, que para eso estamos en España. Es decir, que me veré pidiendo la beca otra vez sin saber qué ha sido de la reclamación, aunque la verdad es que no tengo ninguna esperanza puesta en que la reclamación surta el efecto que yo deseo.
Pues nada, así tendrá que ser. Lo único es que tendrá que firmarme la solicitud el mismo profesor del año pasado, profesor al que ya han ido a pedirle infructuosamente ese favor otros alumnos. Me fastidia que haya personas que no puedan “beneficiarse” de uno de los mejores profesores del Departamento porque yo tengo un contencioso con el Mierdesterio que tiene visos de no aclararse nunca en la vida. Pero, bueno, yo pedí la beca con dicho profesor, tenía la mejor nota media del Departamento y, aún así, me he quedado sin beca. Sin embargo, la beca se la han concedido a dos compañeras -¿será casualidad que sean mujeres o es que yo soy un homófobo, machista y maltratador?, que tienen menos media que yo.
La arbitrariedad en estas becas es evidente. Bien es cierto que siempre tiene que haber arbitrariedad, pues hay más solicitantes que becas a repartir. Pero, por favor, háganlo de forma más delicada, porque si no la gente se cree que la están intentando engañar de mala manera y eso no está bien en un país democrático y que proclama a los cuatro vientos la cultura del mérito, no del enchufismo o de la conveniencia político-ideológica del momento. Lo que no puede ser es dejar fuera la solicitud matemáticamente mejor de un departamento y jugar con las calificaciones de los apartados de cada solicitud presentada por candidatos pertenecientes al mismo Departamento, para que los candidatos/as en peor situación se vean beneficiados -quizá por aquello de la supuesta “igualdad” de sexo que hoy tanto se predica-, a pesar de que tienen matemáticamente menos opciones en principio.
Y también he hecho algunas llamadas para lo del CAP. Llamé a mi antiguo instituto y a una profesora que trabaja en un centro de Enseñanza de Adultos con vistas a la realización de las prácticas. Las prácticas consisten, después del examen teórico del CAP que está fijado ya para mediados de enero, en dar 100 horas de clase en un centro que imparta enseñanza secundaria. Yo estoy buscando alguien que no me complique la existencia, que me haga la vista gorda si puede ser. Que este año yo tengo que dedicarme a escribir artículos y una Tesina a presentar en Junio o Septiembre, no a preparar clases para “enseñar” a toda un aula llena de canis, equipados con el mejor chándal de la tienda, sus oros colgados al cuello y con el BMW en la puerta del insti y jennys, vanes y jessys hormonalmente revolucionadas, luciendo tangazo y sus aros en las orejas, y admiradoras del flamenkito de Camarón. Vamos, que me niego. Encima de que lo hago por obligación…
A todo esto, hoy tengo que empezar a escribir mi segundo artículo. El primero se lo dejé a dos profesores para que se lo leyeran y me hicieran las sugerencias que creyeran oportunas. Aún no he quedado con ellos, les daré tiempo. No corre prisa. Ahora toca empezar el segundo, a ver si no tardo mucho y aprovecho esta semana trabajando en casa ya que la biblioteca de mi Facultad estará cerrada toda la semana por labores de fumigación. Me gusta mucho escribir y disfruto como un tonto, pero reconozco que es muy difícil enfrentarse a un documento Word que aparece completamente en blanco en nuestra pantalla y que tenemos que rellenar con nuestros conocimientos y nuestras propias palabras.
Pues nada, después de comer, a escribir. A ver cómo se me da la semana entre el artículo y el dichoso CAP de las narices, protagonista de mis peores pesadillas.
PD: Hoy tenemos rodaje en nuestro barrio. Se trata de TVE, el programa de Juan Mota (ex-integrante del grupo Cruz y Raya) que se emitirá en noviembre. La semana pasada avisaron a mi madre, que es la Presidenta del bloque, pues teóricamente iban a grabar en nuestro portal. Quedaron en venir a las cuatro de la tarde. Son las cinco y por aquí no ha aparecido nadie, aunque llevan toda la mañana en otro bloque. Les habrá parecido más bonito aquel porque, en lo que se refiere a lo preciosos que son, nuestros portales sobresalen sin ningún género de dudas.
Saludos a todos. Medio año.Tempus fugit: El tiempo pasa, según reza uno de los dos bonitos relojes de pared que mi abuela tenía en el salón de su casa. Y pasa sin curar nada.
Hoy, 20 de Septiembre de 2008, se cumplen los seis meses del fallecimiento de mi abuela, medio año que se dice pronto. Antes de que me quiera dar cuenta se cumplirá el año, y los años irán pasando con la única seguridad de que no la voy a volver a ver, ni voy a sentir su voz, ni a disfrutar de ella, ni de su compañía.
Que los recuerdos son una mierda (con perdón) lo he dicho ya mil veces en este blog. Y lo seguiré diciendo pues, cuando se trata de la pérdida de alguien a quien queremos, los recuerdos nunca pueden ser alegres, porque siempre están tamizados por el dolor que sentimos de saber que no podremos volverlos a disfrutar.
El día que ella se fue de nuestro lado y dejó de sufrir su pesarosa cruz, fue muy especial. Se trataba del primer día del Triduo Pascual, el Jueves Santo, víspera de la celebración de la muerte de Jesucristo y día del Amor Fraterno. Un día, pues, muy especial. Yo creí, pasados los días, que aquello había sido un “gesto”, una señal, para que esa Semana Santa se celebrara sintiéndola de verdad en su Parroquia, donde los crucificados por las enfermedades, los dolores y los problemas individuales, escucharan el mensaje de esperanza de lo que está por venir. De hecho, aquella Semana Santa se vivió de forma muy intensa en su Parroquia. Digamos que se “personificó” la Pasión en una persona tan querida y tan ejemplar en actos y obras hacia los demás, una persona que había sufrido tanto, que había cargado con sus múltiples cruces sin rechistar, y que en una fecha tan señalada, cruzaba la puerta de la Nueva Vida.
Además, recuerdo que en el mismo momento en que entregaba su vida, comenzó a llover con fuerza sobre Cartagena. Cayó un buen aguacero, algo que no es muy habitual allí y que constituye un respiro para esos habitantes que viven continuamente esperando que caiga alguna gota de agua del cielo. Y en medio del dolor que sentía en esos momentos, oí en mi cabeza las notas del Aleluya de Häendel, una pieza musical que siempre me ha puesto los pelos de punta y que ahora estáis escuchando. Me pareció que el cielo quería llorar también conmigo, que se quería sumar a mi dolor y que anunciaba de esa manera la llegada de una persona tan especial.
En adelante, nunca más llovió. El día del funeral y del entierro, Sábado Santo, resplandecía el Sol. Parecía un día alegre, como anuncio de la Resurección que el mismo Sábado de madrugada se conmemora y celebra en las iglesias cristianas de todo el mundo. Parecía que el dolor había dejado paso a la esperanza de la Vida Nueva.
Su muerte, en la víspera de la conmemoración de la muerte de Cristo, y su despedida por parte de sus amigos de la Parroquia y posterior entierro el Sábado de Gloria, víspera del Domingo de Resurrección, pareció algo revelador. Parecía como si la feligresa más destacada y querida de la Parroquia no pudiera irse de cualquier manera, pasando desapercibida, sino que se habían elegido para ella los días más destacados del calendario cristiano para ponerla como ejemplo de vida entregada y sacrificada, para que los crucificados por el dolor, la enfermedad, la tristeza, la pobreza, etc., a los que ella llevaba la comunión todos los domingos al mediodía, puedan conservar aún la esperanza de creer en lo que está por venir.
CANTO ESPIRITUAL
Joan Maragall (Barcelona, 1860-1911)
Si el mundo es ya tan bello y se refleja, oh Señor, con tu paz en nuestros ojos, ¿qué más nos puedes dar en otra vida?
Así estoy tan celoso de estos ojos y rostro, y del cuerpo que me diste, Señor, y del corazón que en él late… ¡y tengo tal miedo a la muerte!
Pues, ¿con qué otros sentidos me harás ver este cielo azul sobre las montañas, y el ancho mar, y el sol que en todo brilla? Dame en estos sentidos paz eterna y no querré más cielo que este cielo azul.
Aquél que grite tan solo “¡Detente!” al instante que le traiga la muerte, no lo entiendo, Señor, ¡yo, que quisiera parar tantos instantes cada día para que eternos fueran en mi corazón!
¿O es que este “hacer eterno” es ya la muerte? Pero entonces, la vida ¿qué sería? Tan solo sombra del tiempo que pasa, ilusión de lo cerca y de lo lejos, cuenta del mucho, el poco, el demasiado, engañador, pues, ¿ya todo lo es todo?
¡Da igual! Del modo que sea, este mundo tan extenso, tan diverso y temporal, esta tierra con todo cuanto engendra, es mi patria, Señor, ¿y no podría ser también una patria celestial?
Hombre soy, y es humana mi medida para todo lo que pueda creer y esperar: si mi fe y mi esperanza aquí se quedan ¿me acusarás por ello más allá?
Más allá veo el cielo y las estrellas, y allí también un hombre ser quisiera: Si a mis ojos las cosas has hecho tan bellas, si mis sentidos y ojos hiciste para ellas, ¿por qué cerrarlos, pues, otro “como” buscando? ¡Si para mí jamás lo habrá como éste!
Ya sé que existes, más donde, ¿quién lo sabe? Cuanto miro se te parece en mí… Déjame, pues, creer que estás aquí.
Y cuando llegue la hora temerosa en que se cierren estos mis ojos humanos, ábreme tú, Señor, otros mayores para tu inmensa faz poder admirar. ¡Nacimiento mayor sea mi muerte!
Versión del catalán de José Batlló.
SEIS MESES
DESCANSA EN PAZ
¡Ah! Y no olvides echarnos un cable
de vez en cuando y esperarnos
en el Cielo. Click aquí
Nervios, agobios y tardar mucho en decidirme.Llevo algunos días sin escribir. Ello se debe a que ando un tanto liado acabando el artículo que tengo que escribir para las actas del congreso en el que di una conferencia a primeros de septiembre y porque, además, tengo que pensar en muchas más cosas.
Por un lado el dichoso CAP del que me voy a matricular hoy. Mi tutor me dijo que, por si acaso, me curara en salud haciéndolo, que no perdía nada pero que, si alguna vez me veía obligado a hacer el máster por el que lo van a sustituir seguramente a partir de 2009, entonces sí que me iban a hacer perder mucho tiempo y mucho dinero. Otra cosa será hacerlo sin ganas. Y ya se sabe lo que pasa cuando uno hace las cosas sin ganas, que se hacen eternas e insoportables y que no se les ve el fin.
Luego la Tesina, cuyo tema o título no está decidido todavía del todo. Suelo tardar mucho, muchísimo, en decidirme y eso me desespera a mí mismo. Y me agobia, pues tengo que presentarla en junio o septiembre del año que viene.
Y, finalmente, otros artículos que tengo que escribir, por aquello de hacer currículum. Tengo pensado otro más, cuyo enfoque debo consultar con mi tutor como siempre. Y, cuando lo haya acabado, redactaré otros dos sobre historiografía, un tema diferente al de las necrópolis pero que me gusta y estimula mucho, pues me hace reflexionar sobre la historia de la disciplina a la que me dedico como investigador y sobre el papel que juegan los investigadores en las tendencias que van marcando a lo largo del tiempo sus disciplinas.
Hoy también vine a entregarle el artículo a mi tutor, para que se lo lea y, cuando tenga tiempo, volvamos a quedar y me diga qué le ha parecido y qué aspectos pueden mejorarse o cambiarse, si es que fuera necesario.
Y de todo eso vine a hablar hoy con mi tutor a la Facultad. Quedé a las 10:00 horas con él. Llegué con más de media hora de antelación y aproveché para imprimir el artículo que ya tengo acabado y dejárselo en el buzón a un profesor que quiero que lo lea y me diga qué tal está. Y resulta que se me ha colado una señora, pues debe ser investigadora o alguien de algún museo. Es lo que tienen las jerarquías, que no respetan ni los horarios, ni los compromisos, ni las colas de espera.
El problema es que a las 11:00 horas quedé con un amigo y ex-compañero de Licenciatura para irnos juntos a hacer la matrícula del CAP. Son casi las 11:00 y todavía estoy delante de la puerta del despacho de mi tutor, poniéndome nervioso por momentos pues no voy a llegar a tiempo a la cita con mi amigo y no hay cosa que me disguste más que llegar tarde a mis compromisos y la informalidad cuando se queda con alguien, pues todos tenemos muchas cosas que hacer y poco tiempo que perder.
En fin, es lo que tienen las jerarquías y tener un amigo doctorando como un servidor, que no se puede aprovechar el día al parecer para hacer varias cosas por Madrid, quitárselas de encima y matar dos pájaros de un tiro.
Me gustaría llamar por teléfono a este amigo y decirle que me voy a retrasar ni se sabe el tiempo... Pero sé que viene desde Móstoles conduciendo y no quiero molestarle. Le llamaré pasadas las 11:00, pues por la impresión que me da esto va para largo...
Con los nervios a flor de piel y ya agarrados al estómago -como siempre-, os saludo a todos. Cartagena, vista de otra manera.En efecto. Esta entrada trata de acercarnos a mi ciudad natal de una forma diferente, desde el cielo y observando la localización geográfica de sus barriadas y el plano de sus urbanizaciones y calles.
Todo el material fotográfico que presento en esta entrada lo he conseguido capturándolo a partir del Google Earth, un programa que me ha encantado, pues te permite ver todo lo que quieras de cualquier parte del mundo: calles, edificios, monumentos, restos arqueológicos, campos de arado, de secano o regadío, montes e, incluso, fotos de los edificios o espacios naturales más importantes de la zona que nos interese.
Ayer lo abrí por primer vez y me lo pasé pipa aunque su instalación, como siempre, se la debo a mi papaíto que me lo quiso poner aprovechando que se me había desconfigurado el ordenador hace menos de una semana, como recordaréis.
Como no podía ser de otra manera, empecé a juguetear con el plano de Cartagena, tomando como punto central de mis observaciones la casa de mi abuela (q. e. P. d.). Y me dí cuenta rápidamente de que no era consciente de dónde se sitúa sobre el plano general de la urbe cada uno de los sitios que yo solía frecuentar cuando estaba allí. Es decir, no sabía si, hoy por hoy, la casa de mi abuela está en el centro de la ciudad aunque empezó siendo el “lejano” Ensanche hace 50 años, o si estaba más o menos apartada. Tampoco sabía cuánta distancia sobre el plano había entre esa casa y el Valle de Escombreras o el cementerio, el Penal y el barrio de San Antonio Abad, popularmente conocido como San Antón. Y me he dado cuenta de que la casa de mi abuela está en el mismísimo centro de la ciudad actualmente, muy cerca del centro histórico y de los barrios cartageneros, y en la mejor zona en lo que a servicios y comunicaciones se refiere.
Y, por supuesto, todo ello evocó la mierda de los recuerdos y muchos momentos vividos en mi ciudad natal cada vez que me iba a visitar y pasar mis temporadicas con mi abuela.
PRIMERA IMAGEN Localización geográfica de Cartagena, sus barrios, el Valle de Escombreras y la casa de mi abuela.
-El número 1 señala la situación de la casa de mi abuela. -El 2 indica la Autovía A-30, Cartagena-Murcia-Madrid. -El número 3 señala el ya desaparecido Poblado del Valle de Escombreras, cercano al polvorín petroquímico que tienen allí montado desde hace más de 50 años. -El número 4 indica la pedanía de Alumbres, lugar en que nació el padre de mi abuela, en el seno de una amplia familia de tíos y primos: los Barcelona, desparramados después entre Alumbres, Cartagena, los barrios de San Antón y de la Concepción (o Quitapellejos) e, incluso, Cataluña y Venezuela. -Y el 5 señala el municipio minero de La Unión, donde vivía, y sigue viviendo, lo que queda de la familia materna de mi abuela. -El 6 se encuentra sobre el barrio de San Antón, en que nacieron y vivieron su niñez y juventud mis abuelos maternos, y en cuyo cementerio descansan actualmente ellos, uno de sus hijos y los padres de mi abuela. -El 7 señala el cementerio de Nuestra Señora de Los Remedios, pasado el barrio de Santa Lucía y Lo Campano, donde descansan mis abuelos paternos. Éste es un cementerio más grande que el anterior e, incluso, más importante pues aquí están enterrados importantes personajes de la Marina y la Armada, entre ellos, el cartagenero Isaac Peral y Caballero, inventor del submarino eléctrico. -El 8 indica el Puerto de Cartagena. Obsérvense sus características naturales que, junto con las baterías de guerra que hay repartidas por toda esta costa, han hecho de él toda una fortaleza inexpugnable y una de las más destacadas, por no decir la más destacada, Base Naval de la Armada Española, Capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo. -El número 9 señala la Dársena de Escombreras y el “superpuerto” que se ha construido para dar cabida a los buques petroleros que acuden a la Refinería donde trabajó mi abuelo, así como los barcos que abastecen a otras fábricas.
SEGUNDA IMAGEN El Valle de Escombreras y el Poblado.
-El número 1 señala la Refinería de Petróleos, originalmente ENCASO (Empresa Nacional Calvo Sotelo de Combustibles Líquidos y Lubricantes), luego REPESA (Refinería de Petróleos de Escombreras Sociedad Anónima), posteriormente ENPETROL (Empresa Nacional del Petróleo) y, actualmente, REPSOL. -El número 2 indica el solar sobre el que se asentó el pequeño Poblado de casi 500 chalets, con plaza semicircular porticada (llamada del Generalísimo), economato en dicha plaza, iglesia, colegio e instituto. Se puede apreciar perfectamente el diseño de las calles del Poblado y que solo quedan por derruir algunos chalets (círculo rojo), con cuyos propietarios tuvimos la ocasión de hablar cuando visitamos el Poblado creyendo que aún podríamos ver algo de lo que fue. Y lo único que vimos fue eso, la nada más absoluta. Fue un Poblado levantado por los técnicos americanos que construyeron la Refinería, inaugurada por el Jefe del Estado, Francisco Franco, en Julio de 1957. Casas que luego quedaron para los obreros e ingenieros que trabajaban en la factoría. -El 3 señala la vía férrea que conecta y abastece a las fábricas del Valle. Cuando nosotros visitamos el lugar hace 3 ó 4 veranos, solo vimos trenes con tanques de REPSOL oxidados, testigos mudos del trasiego que aquello debió experimentar en sus años dorados. -El 4 señala la calle Sol, en cuyo número 28, vivieron mis abuelos maternos desde 1957 hasta 1963.
TERCERA IMAGEN La casa de mi abuela en el mismo centro de Cartagena.
-El número 1 indica los cuatro bloques de pisos, de diez plantas cada uno y cuatro pisos por planta, que construyó REPESA a mediados de los años `60 en El Ensanche para los jefes e ingenieros de la factoría. En un 3º piso del segundo bloque, mis abuelos maternos compraron una de las casas, viviendo allí desde 1965 hasta 2008, toda una vida. El complejo tenía un economato en los bajos de los dos primeros bloques -transformados hoy en una filial de la Clínica médica privada “Virgen de la Caridad” y en un centro recreativo de REPSOL-. Y en los bajos de los otros dos bloques una iglesia, la de Santa Florentina, en la que se casaron mis padres y mis tíos, en la que me bautizaron y en la que despedimos para siempre a mi abuelo, mi tío y la siempre colaboradora de mi abuela, una de las fundadoras de la parroquia. -El número 2 señala la principal avenida de la ciudad, el Paseo Alfonso XIII -paralela a la calle de la casa de mi abuela-, que viene a ser la prolongación de la Autovía Cartagena-Murcia-Madrid hasta desembocar en la Plaza de España (número 3). -En ese Paseo podemos observar, muy cerca de la casa de mi abuela, el Tanatorio (4), el Hospital Santa María del Rosell (5), un Carrefour (6), la Asamblea Regional (7), el Campus Alfonso XIII de la Universidad Politécnica de Cartagena (8). A quince minutos andando de la casa, tenemos la Estación de RENFE (9), la de Autobuses (10), el Centro Histórico-Arqueológico de la ciudad (círculo rojo), el Puerto (11) y las dependencias militares (12). -Más allá de la Plaza de España (3), observamos el Barrio de la Concepción -o Quitapellejos- (13) en el que vivía la prima mayor de mi abuela, a la que fuimos a visitar cuando enfermó de Alzheimer en alguna que otra ocasión. -La otra avenida grande que arranca desde la Plaza de España (3) es la Alameda de San Antón (14) que termina en la Plaza del Escudo (15). Después de ésta, se entra en el Barrio de San Antón (16), que es algo así como el de Chamberí para Madrid, pues los sanantoneros son “cartageneros con pedigrí, de primera categoría”. Allí está el famoso Penal de Cartagena (17), con forma de pentágono, que hoy no funciona. -Por la parte trasera de la casa de mi abuela, está la otra gran avenida de la ciudad, la de la Reina Victoria Eugenia (18) que desemboca en la mitad de la Alameda de San Antón (14).
Todo ello nos permite ver que la ciudad ha crecido tanto que El Ensanche se ha convertido en el centro de Cartagena y sus calles en las avenidas principales de la urbe para la circulación, el transporte, la cultura, la atención sanitaria y farmacéutica y las sucursales bancarias.
Pero todo ello lo veremos con más detalle en una foto que pondremos en otra entrada, pues todavía quedan muchas fotos por enseñaros.
Por ahora ya está bien. Saludos a todos. Puff.Pues al final no me
pusieron la vacuna en el pompi, sino en el brazo izquierdo. No me hicieron
daño, pero al rato se me puso un dolor leve en el brazo que, a estas horas,
todavía no se me ha quitado. Es algo así como el
hormigueo que sentimos cuando se nos duermen las piernas. Una sensación rara y
muy molesta que espero que no me dure mucho, pues tengo que estar cambiando la
postura del brazo constantemente para que no se acostumbre, se queje y me
duela. Aunque duele de todas las maneras. A ver si este fin de
semana termino de escribir mi artículo, aunque sea manco, y el lunes se lo
llevo a mi tutor para que lo lea. Y a otro profesor que tengo interés en que lo
lea y me comente qué le parece. Pero ahora mismo
estoy hecho un lío. Me hablaron del CAP, el curso ese de capacitación pedagógica
para poder dar clase en colegios e institutos. Resulta que, según
se comenta, éste va a ser el último año que estará en vigor, pues al que viene
lo van a sustituir por un máster de dos años de duración y valorado en más de
2.000 euros del ala. El CAP, hoy por hoy, viene a durar unos cinco meses y
cuesta algo más de 200 euros. La diferencia es clara. Pero el problema
surge desde el momento en que soy consciente de que no tengo ningún interés en
ser profesor de Instituto o, dicho de otra manera, domador de fieras. Es que,
antes que esa salida, estaría más dispuesto a ejercer la prostitución. No tengo
ganas de vivir con bajas por depresión hasta los 65 años. Ya estuve en el
instituto como estudiante, en el mejor instituto de España -como no podía ser
de otra forma, tratándose de Nueva Bucarest- e hice promesa de no volver jamás
a ese tipo de sitios, ni como estudiante, ni como prácticas y como profesor. Ya
lo había sufrido bastante. Si no tengo suerte
en la Universidad
o en el CSIC, para lo cual tengo que trabajar fuerte a lo largo de los próximos
años y publicar muchas cosas, podré probar suerte en las oposiciones a
Conservador de Museos o algo parecido. Pero, desde luego, institutos, ¡¡NO!! Teniendo en cuenta
todas esas cosas, ¿me interesa hacer el CAP? ¿Me interesaría perder cinco meses
de mi vida, teniendo que hacer la
Tesina de aquí hasta mayo o septiembre, para conseguir un
certificado que me capacite como profesor cuando no tengo el más mínimo interés
en ser profesor de secundaria? ¿Me sería rentable? ¿O sería una pérdida de
tiempo y de 200 euros? Todos mis compañeros
me dicen que lo haga, que es una cosa que tendría ya hecha, que me evitaría
hacer ese Máster (que no es seguro que vayan a imponer, por cierto), pues nunca
sé las vueltas que puede dar la vida y dónde voy a tener que acabar no por
gusto, sino quizá por obligación. En cualquier caso,
el lunes aprovecharé para hablar con mi tutor del artículo de marras y del CAP,
así como de la Tesina. Según
me diga él, así haré. Pero, vamos, me huelo que me recomendará hacer el CAP. Y yo
me veo haciéndolo sin ninguna gana y, como siempre me ocurre, enrabietado medio
año por estar haciendo una cosa que no me interesa. En fin. Vaya asco. Saludos a todos. De vacunas y pompis.Hace un rato me ha llamado mi mejor
amiga para recordarme que mañana, a las 16:00 horas de la tarde, tenemos cita
en el Centro de Salud del barrio en que vivimos para ponernos la vacuna de los
24 años, conocedora como es mi amiga de la pasión que he sentido siempre por
las jeringas y los pinchazos en general. Es que es ver una jeringa y me pongo a
cantar por soleares… No sé qué vacuna es. Imagino que será
la de refuerzo esa que llaman, contra la difteria y el tétanos, que hay que
ponerse en intervalos de diez en diez años. Ya que se ponen podían administrarme
alguna vacuna antirrábica, para mis frecuentes momentos de cabreo e ira, o
contra los soplagaitas a los que atraigo como si un imán fuese un servidor. Sí,
los mismos soplagaitas por culpa de los cuales ahora se las están dando todas
juntas a Javier Bardem, autor de una polémica frase que, precisamente por ello
mismo y por haber despertado a todos los hipócritas y catedráticos de lo políticamente
correcto, es tan cierta como que yo estoy escribiendo esta entrada cuando son
las 01:12 horas de la madrugada del día 11 de Septiembre de 2008. Lo bueno es que, según la madre de
esta amiga mía, la vacuna no se pincha en el brazo, sino en el pompi. ¡Madre mía! No podía -y sigo sin
poder- creérmelo. ¿Es cierto? ¿Vosotros sabéis algo? ¿Qué más dará pinchar en
el brazo que en el pompi? ¿Es necesario pinchar ahí y hacer que el paciente se
baje los pantalones, enseñándolo “todo” y haciéndole un calvo al practicante de
turno? Es que no lo puedo evitar. No me
gustan estas cosas. Claro que, la única explicación que le veo es que lo hagan
quizá para poder disfrutar de los atributos que Dios me dio, de mi físico
fibrado y de mis trabajados músculos, pues conocido es por todos mi atractivo físico. Ale, ya me han dado la noche. Ya no
puedo dejar de pensar en la dichosa vacunita de las narices y en su modo de
administración. Hará ya un año largo, mi madre me dijo que tenía que ir al
Centro de Salud a hablar con la practicante, pues ésta le había dicho que mi
historia médica estaba en blanco. Yo no lo terminé de comprender, pues yo he
ido mil veces al médico y no sé por qué mi historia está vacía. Pero no fui,
pues me olía a la misma encerrona que me prepararon hace más años, cuando era
un recién, imberbe e inocente adolescente, preguntándome si fumaba, si consumía
qué tipo de drogas o si había perdido la virginidad, de qué modo y con cuántos
años. Encima, siendo todas mis respuestas negativas, la señorita me miraba con
cara de estar pensando que yo la estaba mintiendo por vergüenza y, al final, no
sé si escribió lo que yo le respondía o lo que a ella le venía mejor. Me pareció
tan espantoso que prometí por lo más querido que esas divertidas “encuestas
para la historia médica” se las iban a volver a hacer a su puñetero padre. Ahora
no me la van a volver a dar con queso… Si tienen mi historia médica en blanco,
que la pinten. Ya verán lo bonita que se queda. ¿Pero qué se han creído? ¡Si es que
ya no saben qué hacer para verme el pompi y curiosear para saber cómo gasto yo -o
cómo malgasto, según se mire- este físico divino del que soy portador! Saludos a todos. El ordenador. Ya está arreglado el ordenador. No sé
de qué se trataba la avería, vaya usted a saber, pero mi padre lo arregló ayer
con ayuda de un compañero de la fábrica.
El problema es que todo se me ha desconfigurado y/o descolocado y en ello estoy, devolviendo las cosas a su sitio original y volviendo a cargar todos los programas que anteriormente tenía. Eso sí, debo dar gracias a Dios porque esta vez he tenido un poquito más de suerte que de costumbre, pues podía haber perdido todos los documentos y carpetas que guardaba en la anterior configuración. Menos mal que mi padre y su compañero han sabido recuperármelos.
Madre mía, ¿qué haría yo sin mi padrecito que siempre me resuelve todas las papeletas y follones relacionados con el ordenador?
Porque uno tiene sus virtudes, pero en cuanto a los defectos hay que decir que tengo unos cuantos y que los tengo muy bien asentados en mis costumbres. Y los ordenadores son, precisamente, mi defecto. No es que no sepa manejarme con ellos, es que jamás me ha interesado saber de ellos más allá de manejar los cuatro programas básicos que necesito para escribir, hacer powerpoints y poco más.
En el momento en que me hablan de virus, de programas de diseño, de programación, de diseño de páginas Web, etc., etc., me pierdo. Y me agobio. Podría decirse que el ordenador puede conmigo siempre, es más poderoso que yo, me saca de quicio continuamente y me pone fuera de juego día sí y día también.
Sé que debería molestarme por aprender, pues muchos dicen que es fácil. Pero es que me da mucha pereza. Es uno de mis peores defectos, el de no querer saber nada sobre informática. Y así me luce el pelo. Al mínimo problema, hago un mundo y empiezan a entrarme sudores fríos...
En fin, que cuando me falte mi padre me voy a enterar de lo que es bueno.
A ver si poco a poco, vamos volviendo
a la normalidad, corrijo de una puñetera vez el artículo que llevo escribiendo
semana y media y me pongo a otra cosa, mariposa. Ah, y sobre todo, os cuento cómo
le fue el viernes pasado a este ponente im-ponente. PD: ¡¡Por cierto!! ¡¡Ramón vive!! Dos o tres días antes del Congreso decidí llamarle al móvil porque esto ya no podía ser. Me contestó para mi alegría, pero me dijo que no podíamos hablar porque estaba conduciendo justo en ese preciso instante. Vaya por Dios… Pero al día siguiente, por la tarde, me devolvió la llamada y estuvimos hablando largo rato sobre él, sobre mí, sobre lo que hace, sobre cómo le va y sobre qué hago yo y cómo me va. El problema es que está haciendo sustituciones fuera de su lugar de residencia y trabajo habitual hasta Octubre y, además, su viejo ordenador se le rompió. Hasta que no vuelva a su casa el mes que viene y se compre un nuevo ordenador, no podremos retomar nuestros correos electrónicos. Pero vamos, de paso nos emplazamos para vernos en Navidad, pues él viene a Madrid a ver a sus padres un par de semanas siempre por aquellas fechas. Insistimos en que no se nos olvidara a ninguno de los dos, para poder dedicar toda una tarde a charlar sobre nuestras vidas, aunque luego mi Doctorado, mis becas, mis artículos y demás historias ocupen siempre gran parte de la conversación.
Pero por si alguien lo dudaba, Ramón vive y ha dado señales de vida. Saludos a todos. Mi ordenador.Está claro que no puede ser.
Basta que uno necesite el ordenador para hacer las últimas correcciones del artículo y, así, poder enviárselo a su profesor para que éste lo revise y, si lo cree conveniente, me aporte nuevas sugerencias, para que al ordenador le de por no funcionar. Es que es matemático.
De hecho, el viernes pensé en la suerte que había tenido porque el ordenador no me había dado ningún problema, como solía ocurrir siempre, a lo largo de los días que dediqué al artículo. Pero, para no perder las buenas costumbres, veo que tarde o temprano el ordenador se tiene que escacharrar, me tiene que molestar y dar disgustos.
No sé lo que le ocurre, sencillamente que no termina de arrancar. La pantalla en negro. Parece que es el disco duro o yo qué sé.
El caso es que me tengo que poner en el ordenador de casa, lo cual significa que los demás no pueden ponerse. ¿Y eso qué implica? Nada. Solo alguna que otra bronca con mi hermana que, aunque creo que no suele hacer nada de interés en el ordenador la mayoría de las veces que lo usa, gusta de pasar horas y horas pegada a la pantalla del ordenador.
Vaya mierda. Siempre igual.
PD: Ya volveré por aquí cuando tenga un rato desde otro ordenador o cuando se arregle el mío.
Saludos a todos. La perla de Cartagena.Pues del congreso os hablaré mañana. Me he despertado tarde y muy cansado. A mí, anémico por herencia y flojucho de fuerzas por definición, los congresos no me vienen nada bien, pues acaban conmigo. Éste me ha dejado fatal.
Acabo de llamar a mi mejor amiga y me dice que su abuela está ingresada desde el martes. No sé por qué no me lo ha dicho antes, pero bueno. El caso es que le pasan cosas parecidas a las de mi abuela, pero ya está mejor. Hasta que llegue el momento en que deje de estarlo en algún ingreso futuro…
El caso es que esta vez ha mejorado y me gustaría ir a verla. Así que esta tarde tengo visita al hospital. Si ya de por sí hoy estoy a medio gas, el hospital va a terminar de rematarme pues ya sabéis cómo son esos sitios.
Además, ayer recibí el nuevo número de El Eco de La Milagrosa, revista de la Asociación de los Hijos de María de la Medalla Milagrosa de Cartagena que mi abuela recibía desde que se casó con mi abuelo, miembro de esa Asociación desde niño. Se trata de un número especial, más largo que de costumbre, como ocurre todos los meses de Septiembre ya que en este mes la Asociación cumple años. Y este año ha cumplido nada menos que 90 años.
No he leído la revista aún, quizá mañana lo haga. O esta noche cuando vuelva del Hospital. Ya veremos.
Solo he leído la primera página. Y en ella me encontré esta preciosa poesía dedicada a Cartagena y a su Patrona la Virgen de la Caridad que me gustaría ponerla aquí pues estoy seguro de que muchos cartageneros, yo el primero, no la conocen y les gustaría saber de su existencia. Agradezco que la hayan rescatado del baúl del olvido de la Iglesia de la Caridad. Me encantaría ponerla en mi habitación al lado de alguna foto de la Virgen, ya veremos.
LA PERLA DE CARTAGENA
En la ribera del mar latino hay una concha de nácar fino; y en esa concha que es Cartagena hay una perla de gracia llena.
¡Bella ciudad, brilla en tu seno la Caridad!
Perla de Oriente, cuyos fulgores calman las penas y dolores. Madre bendita, cuya ternura nuestra desdicha trueca en ventura.
¡Virgen sin par, oye piadosa nuestro cantar!
Flores fragantes de nuestro suelo hoy te ofrendamos Reina del Cielo. Son estas flores símbolo santo de las virtudes que tú amas tanto.
Su grato olor lleva el perfume de nuestro amor.
¡De nuestro amor!
Gabriel E. Cebrián y Manuel H. Espada.
El Eco de la Milagrosa. Año XC (Segunda época). Número 693. Septiembre de 2008.
PD: Muchas felicidades para la Asociación en la que tantos amigos cosecharon mis abuelos maternos. Que sean muchos años más años.
Saludos a todos. Recuerdos cartageneros.Ahora debería escribir una entrada sobre el congreso, sobre mi primera experiencia dando una conferencia, sobre lo que sentí cuando hablaba desde la tribuna, etc., etc., pero no va a ser así.
Eso lo dejaremos para mañana, si os parece. Mañana, lo prometo, os contaré.
Hoy solo tengo ganas de dedicar esta entrada a dos hombres, dos auténticos caballeros, que, conocidos desde que tengo uso de razón, han cruzado la puerta hace pocos días. La puerta de la esperanza. La esperanza de la nueva vida. De la vida sin penas, ni dolores. De la vida eterna.
Se trata de dos vecinos de mi abuela (q. e. P. d.). Este año 2008, por lo que se ve, está siendo el año de la muerte. Un año fantástico. Un año que parece va a ser especialmente duro con los residentes de toda la vida del número 36 de la Calle Tierno Galván de Cartagena, pues se han marchado personas que han vivido allí desde el comienzo, personas que han escrito la “historia” de esa comunidad, personas que consiguieron formar una gran familia de vecinos y amigos. Pero entre esas personas siempre han destacado algunas y creo que mi abuela era una de ellas, del mismo modo que lo son estos dos caballeros que nos han dejado en agosto.
Ellos son Alfonso Maestre, del 9º, y Sebastián, el antiguo portero. La amistad de mi abuela con ellos fue larga. Las mujeres de ambos, especialmente la ahora viuda de Maestre, fue amiga íntima de mi abuela. Las vivencias han sido intensas, especialmente cuando mi abuela enviudó, cuando perdió a su hijo o, en los últimos años, cuando enfermó y tuvo que engancharse a una máquina de oxigenoterapia.
De Don Alfonso guardo muchos recuerdos y un objeto material. Fue hace muchos años, yo era un crío. Siempre me preguntaba por las notas que sacaba en el colegio, qué quería estudiar de mayor. Y, como me veía buen estudiante, un día me hizo subir a su casa y me regaló un maletín “para cuando seas mayor y vayas a la Universidad”. Era -y sigue siendo- un maletín de piel que me encantó y que, desde hace dos años, uso para ir a la Facultad. Es el maletín del Sr. Maestre con el que, mientras no se rompa, haré mi Doctorado. Recuerdo aquel día como si fuera ayer y recuerdo a mi abuela muy feliz de verme bajar tan contento de casa de Maestre por el regalo que Alfonso me había hecho.
Don Sebastián fue portero del número 36 de la antigua Calle de Castillo Olite, hoy Tierno Galván, durante más de veinte años. Él lo sabe todo de los vecinos del portal, ha vivido situaciones felices y otras muy duras. Una de ellas, sin duda, el día en que mi tío falleció y él tuvo que subir -antes de avisar y asustar a la familia pues mi abuela estaba en Benidorm de viaje con unas amigas- a la casa para ver si el crápula de mi otro tío no estaba tomándole el pelo. Le recuerdo también como si fuera ayer, especialmente los días en que llegábamos de viaje y él nos saludaba tan calurosamente. Recuerdo a su viuda y, sobre todo, a su hija con síndrome de Down. Una muchacha encantadora, infinitamente cariñosa con mi abuela, la cual daba todas las Navidades un aguinaldo de 5.000 pesetas. A mí eso me sorprendía, pero a mi abuela no le dolía darle a la “chiquilla del portero” (no recuerdo su nombre) un aguinaldo tan grande. Y ella lo agradecía comiéndose a besos a mi abuela y prestándole todo tipo de ayuda cuando así lo requería. Se jubiló Sebastián hace muchos años y se compró un piso allí mismo. Pasó a ser un vecino más.
Ambos tenían la salud estropeada desde hacía algún tiempo, como mi abuela.
En definitiva, un par de señores que, a mí y a mi abuela, siempre nos dieron un trato preferente fruto de tantos años de convivencia, de amistad y de compartir desgracias y alegrías y, sobre todo, fruto del saber agradecer los buenos actos que mi abuela tuvo con ellos y que fueron respondidos por su parte con creces cuando mi abuela los necesitó.
Vaya esta entrada a modo de homenaje a estos dos hombres y agradecimiento por todas las cosas buenas que supieron hacer a mi abuela. Espero que por ello sean premiados ahora y que Dios les conceda la gracia del descanso eterno a su diestra. Que así sea.
Descansen en Paz.
PD: Entre lo cansado que estoy y que hoy me he enterado de la noticia del fallecimiento de Sebastián -la de Alfonso la conocía desde hacía unos días-, no tengo muchas ganas de hablar sobre el Congreso. Es un día triste y de luto, como lo están siendo estos casi seis meses, en que la mierda de los recuerdos se me agolpan en mi cansada cabeza. Los recuerdos son eso, una mierda (con perdón) por mucho que la gente hable y diga que el tiempo todo lo cura. Nada de eso. El tiempo no cura nada. Lo que ocurre es que uno acaba acostumbrándose y “olvidando” lo ocurrido, ayudándose para ello del quehacer diario.
El otro día hablaba con mi amiga. Me decía que su hermana había vuelto de la playa con su marido y su perro Jackie. Y que habían vuelto con las pilas cargadas para ponerse a trabajar como mulos al día siguiente en su gestoría. Yo le dije que el perro iba a notar el cambio de estar en la playa a todas horas con sus amos, a estar solo en casa desde por la mañana temprano hasta bien entrada la tarde, sin sus amos y sin poder salir a la calle. Ella me dijo que no, que los perros no tienen memoria, no saben lo que hicieron el día anterior. Si eso era verdad, que no lo sé, en ese momento tuve unas ganas locas de ser un perro o cualquier otro animal para no tener recuerdos y vivir en la amargura de éstos.
Pero prometo que mañana os hablaré del Congreso y de las sensaciones que viví cuando me tocó salir al estrado y leer mi ponencia desde la tribuna.
Un saludo a todos y mis mejores deseos para este fin de semana. Mi primera ponencia.Y MAÑANA COMIENZA…
El día 4 modero una sesión por la mañana.
Y el día 5…
¡¡cautivaré a mi público, con mi verborrea innata y mis magníficos conocimientos, entre las 09:45-10:00 horas de la mañana!!
¡¡Los 15 mejores minutos del Congreso!!
¿Dónde están los nervios? Aquí o aquí…
¡¡En ninguna parte, pues alguien me va a echar un cable para que me luzca bien!!
Estáis todos invitados.
Saludos a todos.
PD: El trabajo me sale por las orejas. No puedo dedicarle tiempo al blog, ni a visitaros. El fin de semana que viene, ¡cuando todo haya pasado!, otro gallo cantará. |
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