Qart's profileDESDE MI PERISCOPIOPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    Desde Soria

    Os saludo desde Soria capital y os pido disculpas por estar tan desaparecido últimamente, pero cuestiones de trabajo y agobios por doquier reclaman mi atención. La Tesina, algunos artículos que tengo que redactar de aquí a septiembre, etc., me tienen más alterado que Massiel con un par de copas. A primeros de septiembre volverá la calma, o eso espero. Además, será el primer verano que pasaré íntegramente en Madrid desde que nací. Nunca he hecho eso. Antes, cuando me daban las notas de los exámenes finales, salía de la capital del Reino haciendo fú como el gato y no volvía prácticamente hasta septiembre. Pero este verano no habrá ni playa, ni casa de la playa, ni abuela, ni baños con ella a las nueve de la mañana con la playa vacía, ni chocolatadas, ni excavaciones, ni nada de nada.

     

    Cada uno no solo tiene que conformarse con lo que le toca o con las consecuencias que se derivan de lo que deciden hacer terceras personas, sino que tiene que adaptarse a cada situación que le toca vivir día a día. Y pensar que, seguramente, el verano que viene será diferente y nos hará estar aquí o allí o más para allá, o quizá no estar, vaya usted a saber.

     

    He tenido que venir aquí porque las bibliotecas de las instituciones investigadoras que más tendría que frecuentar en Madrid (del Museo Arqueológico Nacional, del Museo Cerralbo, etc.) están clausuradas desde hace meses porque, de nuevo, están haciendo reformas en dichos edificios. Menos mal que mi Facultad tiene una buena biblioteca, con un buen servicio de préstamo interbibliotecario y, además, cuento con la del CSIC. Pero hay veces que no es suficiente y que te surge la necesidad de consultar obras inéditas que solo están en los edificios ahora cerrados.

     

    Me temo que son los inmuebles más reformados que hay sobre nuestro suelo patrio. Reformados y vueltos a reformar y, lo peor de todo, nunca contentan a nadie. Y, al poco tiempo, vueltos a cerrar de nuevo para hacer otra reforma. Y no cerrados por unos cuantos meses, sino durante años.

     

    Y, como no es conveniente eternizarse haciendo una Tesina, que es lo que trato de hacer ahora, he tenido que recurrir a la Biblioteca del Museo Numantino de Soria, gracias a los contactos y a los mil favores que siempre me está haciendo uno de mis profesores. Pregunté en los Museos que ahora están cerrados y la perspectiva es de que lo estén hasta 2011, por lo menos. Yo no podía estar hasta 2011 mano sobre mano, pero ciertamente me pregunto si es que nadie investiga, nadie necesita consultar un libro hasta 2011 o coger una referencia o el número de una página de un libro que haya consultado. Me parece impropio que, en pleno siglo XXI, se sigan causando estos trastornos que, sin duda, no hacen otra cosa sino retrasar o, al menos alterar, la producción científica de cualquier investigador que se tercie y que no tenga la poderosísima capacidad de almacenar todos los datos y números de páginas de los libros y artículos leídos a lo largo de su vida.

     

    Pero, en fin, quien no se consuela es porque no quiere. De esta forma, podré conocer una ciudad desconocida hasta hoy para mí y, por otro lado, descansar de los Madriles y de sus criminales calorinas estivales.

     

    Un saludo para todos.

    Juan Fernández, ¡presente!

    Si yo pregunto quién es Juan Fernández, podría pensarse que estoy aludiendo a un cualquiera debido al evidente origen anglosajón tanto del nombre como del apellido del susodicho.

     

    Pero no, no me estoy refiriendo a alguien desconocido o que, al menos, no debería serlo. Lo cierto es que lo es, a pesar de lo conseguido por nuestro protagonista.

     

    El Capitán don Juan Fernández fue un marino español, más concretamente cartagenero, nacido allá por 1.530 y muerto en 1.599 en Santiago de Chile.

     

    Sus descubrimientos geográficos fueron realmente importantes. Por un lado, fue capaz de encontrar una ruta que, alejándose de la llamada corriente de Humboldt del Pacífico Sur, acortaba los tiempos de navegación entre Perú y Chile. De seis meses, se pasó a necesitar solo treinta días para pasar de un lado a otro.

     

    En 1.564 descubrió las Islas de San Félix y San Ambrosio y el Archipiélago de Juan Fernández, compuesto por famosas islas inmortalizadas por Daniel Defoe en su novela Robinson Crusoe.

     

     

    En 1.576 descubrió Nueva Zelanda y se cree que hasta pudo conocer y visitar tierras australianas.

     

    Un personaje tan importante para nuestra historia y para el conocimiento del mundo en los comienzos de los Tiempos Modernos, desgraciadamente olvidado por casi todos.

     

    Por casi todos, menos por los organizadores de la Ruta Quetzal, con Miguel de la Quadra Salcedo a la cabeza. Casualmente, 270 jóvenes procedentes de los más diversos países, que vienen a demostrar cómo ellos se adelantan siempre (no entiendo por qué) a los homenajes que nosotros deberíamos haber hecho hace años. Ellos han sido los que, el pasado domingo 12 de julio, coincidiendo casualmente con el 136 Aniversario de la proclamación del Cantón de Cartagena, organizaron un homenaje a tan ilustre marino en la calle a la que éste da nombre en nuestra ciudad.

     

     

     

    Colocaron un pequeño monumento y pronunciaron algunas palabras que, en efecto, vienen a reparar la deuda que teníamos contraída con la memoria de este ilustre marino.

     

     

     

    Saludos a todos.

     

    PD: Fotos de la página Web del Excmo. Ayuntamiento de Cartagena.

    Ella, mi gran amor.

    Ella es la que siempre está ahí. Hoy elevo los ojos al Cielo y doy gracias por habérmela cruzado en mi camino. No es que sea especialmente guapa, ni va para Miss Universo. Sé que no me quiere mucho, pero me quiere bien. Hasta tal punto que ella es sencillamente la que más fiel me es de entre todas las que conozco. Siempre está a mi lado, es inseparable. Me ama tanto que anda pagada a mi como una lapa. De lo contrario, ella y yo moriríamos, al no verle más interés a esta insensata vida.

    Ella es lo mejor de lo que me cabía esperar, más de lo que yo me merezco, sin duda. La es la que siempre me guarda la ausencia hasta el día siguiente. Es la que más fiel es conmigo, pues nunca me engaña, ni se va con otros. Tiene más paciencia que el Santo Job, pues suporta estoicamente mis cambios de humor, mis agobios con el trabajo de última hora o mis rabietas por cualquier cosa.

    Ella está espiritualmente siempre conmigo. Y si por algún casual otros se arriman a ella, pone en marcha alguna de sus estratagemas para alejarlos a todos y que nadie la mancille. Solo deja que sea yo quien se acerque a ella.

    A mi me hace las cosas mejor que a nadie. Me hace sentir bien. Con ella no me siento solo y, además, me hace pensar, reflexionar, aprender, aumentar mis conocimientos y enriquecer mi visión de la vida, del mundo y, en general, de todo lo que me rodea.

    Su melodía resuena todos los días en mis oídos como suave cantar pajaril. Nunca me priva de su esencia embriagadora, imposible de confundir con la de ninguna otra, y se alegra de poder regalarme su música melodiosa y acaramelada.

    Cuando me pongo delante de ella, se desata la química entre los dos. Ella se dispara, me avisa de cuándo está caliente y lista para empezar con lo nuestro y me indica el momento clave en que tengo que insertarle. Entonces, yo me lío y me lío y no paro de darle marcha, pim pam, pim pam, pim pam. Y ella, correspondiéndome, se pone más y más caliente y se desboca como una moto de dos tiempos.

    Cada uno de nuestros encuentros es inolvidable y tienen algo nuevo que les diferencia de los encuentros furtivos anteriores. Estar con ella se me pasa volando, apenas me quiero enterar cuando ya toca recoger y marcharse.

    Como suele suceder, después de la pasión, llega la calma y, sobre todo, el momento de los adioses. Lágrimas se resbalan por mis mejillas, pensando en cuándo volveré a verla y a poder compartir con ella un rato más de un tiempo. Ella se queda triste, apagada y enfriada, nadie sabe darle lo que yo le doy, nadie la trata como yo.

     

    Ella es, os la presento para que conozcáis mi nueva conquista amorosa, mi amante bandida:


    LA FOTOCOPIADORA DE MI FACULTAD.

     

    Pablo Milanes en La Mar de Músicas.

    Me acabo de enterar, leyendo un periódico digital, de que hoy cantará Pablo Milanés en el cada vez más importante certamen de La Mar de Músicas de Cartagena.

     

    No estoy allí para ir verlo, igual que tampoco pude estar en el concierto que ofreció Armando Manzanero en el certamen de 2007, a pesar de que por aquel entonces sí que estaba allí. Mi abuela estaba muy enferma y me dio cosa dejarla padeciendo, peleándose con la máquina del oxígeno o necesitando levantarse por cualquier cosa, mientras yo me iba de concierto.

     

    En cualquier caso, me gustan las canciones de Pablo Milanés, entre otras cosas, porque son como poemas hechos música. Aunque tiene miles de canciones bonitas, donde alude a diversos aspectos con los que podemos enfrentarnos en esta vida, os dejo con la canción que más me gusta. Como no podía ser menos, es una canción de amor.

     

    Espero que a vosotros también os guste y que paséis un buen Domingo de pimpiripingo.