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Hasta pronto.ME VOY
Me gustaría decir que me voy de vacaciones, que me voy a descansar, a olvidarme de Madrid, de los agobios, de las obligaciones, que voy a relajarme como venía haciendo todos los años.
Pero hoy no lo puedo decir porque esta vez voy a ir a sufrir, a dejar que los recuerdos me abrumen y se me agolpen en la cabeza, a que los ojos se me llenen de lágrimas casi continuamente y a que todos me hagan preguntas y me den el pésame.
En efecto, mañana domingo me voy a Torrevieja. Allí están mis padres solos desde el día 15. Y yo voy por aquello de pasar una semana de sus vacaciones con ellos.
Mi deseo es asistir a la Misa que todos los años, a mediados de agosto, la Comunidad de Propietarios de nuestros Apartamentos organiza en sufragio de los difuntos de la Comunidad. Todos los años se produce desgraciadamente alguna baja entre los vecinos y se aplica la Misa por quien le toque. Y este año nos ha tocado a nosotros. Pero no voy porque me vean, ni por aquello de que nuestra familia esté representada por alguno de sus miembros ese día. Voy porque mi abuela asistía a esa Misa con mucho gusto y yo, con mi asistencia, quiero hacerla presente en la Misa que se oficiará por ella y por todos los demás difuntos.
Y me voy ahora porque sé que va a ser muy difícil para mí entrar en aquel portal; ver a los vecinos; ver a sus dos mejores amigas bañándose solas (sin ella) por las mañanas temprano; pasar por el rellano de nuestra planta y ver que ella ya no está presente en las “reuniones” que por las tardes organizaban varias vecinas tomando el fresco hasta que daba la hora de cenar; entrar en casa y ver que su cama está vacía, que su sillón del salón donde dormía sus siestas ya no lo usa ella y que la mecedora donde pasaba sus noches al fresco, mirando al mar y a los lucericos del cielo como ella llamaba a las estrellas, también está vacía.
Va a ser muy difícil que den las cinco de la tarde y no le lleve su pastilla del Sintrom; que no le tenga preparada sus botellitas de agua para cuando salía al rellano a pasar la tarde con las vecinas; que ya no haya que enjuagar su bañador después del baño y del paseo por la playa que nos dábamos todas las mañanas; que ya no huela la casa a tostadas con aceite y tomate por las mañanas; que ya no bajemos ni por la mañana ni por la noche a la casa de su mejor amiga, la murciana Matilde, que vive en el primero y que todos los días era visita obligada por partida doble. Y se me pondrá un nudo en la garganta cuando piense en que, los últimos años, ella iba a la playa en verano porque su nieto era el único que estaba dispuesto a pasar los veranos con ella y a acompañarla, pues a ella no la gustaba estar sola en Torrevieja por si alguna vez ocurría alguna emergencia y había que salir corriendo con ella.
Va a ser difícil que todos los vecinos, sabiendo lo que yo la quería y lo que ella me quería a mí, no me pregunten y eviten preguntarme cómo estoy, cómo ocurrió y si estaba tan enferma. Me mirarán, seguramente lamentándose y pensando lo mucho que habrá sentido su partida ese nieto tan especial que ella tenía, un nieto que era su lazarillo, que nunca se despegaba de ella y que se desvivía en cuidados hacia ella. Yo sé de sobra, sin que nadie me lo diga, que va a ser así, porque todos pensarán que el que más ha sentido su pérdida ha debido ser su nieto del alma.
Aprovecharé esta primera semana que estarán mis padres para ir haciéndome a la idea y habituándome a la situación. El problema es que la Misa seguramente sea el segundo sábado de Agosto -día 9-, como viene siendo tradición, y me tendré que quedar solo a partir del 2 de agosto que mis padres volverán a Madrid.
Yo no sé si podré quedarme allí solo, en esa casa en la que pasábamos los veranos enteros ella y yo prácticamente solos. Va a ser grandísima la impresión. Si puedo quedarme y veo que no me va mal, intentaré aguantar hasta el día de la Misa y, después, volveré. Si yo viera que me va a resultar imposible, haría el atillo y me volvería con mis padres a Madrid sacrificando mi asistencia a la Misa.
No sé qué ocurrirá, solo sé que la impresión de verme solo, envuelto en tantos recuerdos y tantas vivencias y rodeado de tanta gente que la quería tantísimo, va a ser muy fuerte. Y sé que el esfuerzo por quedarme allí hasta la Misa va a ser muy grande y los días, y especialmente las noches, se me harán eternos e interminables.
Lo sé, pero por otro lado algo me fuerza a ir, a no pasar este verano sin ir a Torrevieja. Algo me hace pensar en que habrá muchos vecinos y vecinas que querrán decirme muchas cosas, que querrán darme sus muestras particulares de dolor y pesar por haber sido la persona que más cuidaba a mi abuela y uno de los que más la quisieron. Por ello mismo, habrá gente que me querrá decir cosas, que me querrá contar anécdotas, que me querrá testimoniar el amor que sentía por ella, su admiración por la paciencia que tenía y su buena disposición a aceptar cualquier disgusto que le diera la vida.
Mi abuela era, como en Cartagena, una de las vecinas más queridas y sentidas por todo el vecindario. Y a su nieto lo admiraban muchos por ser un joven que, en lugar de irse a disfrutar de la vida y de sus placeres, prefería pasarse los veranos cuidando de una viejita enferma y, así, darle el gusto de llevársela a la playa y de que pasara los veranos sin sudar, sin calores y sin agobios. Luego, cuando volvíamos a Cartagena en septiembre, todos comprobábamos que había vuelto como nueva, más morena, con mejor color, no tan pálida y habiéndose dedicado solo a descansar en su mecedora durante los dos meses de verano. Volvía como nueva, aunque enseguida comenzaba su vida normal en Cartagena, con disgustos por todos lados y sin que la persona que vivía con ella le ayudara en nada.
Por todo eso, iré mañana a Torrevieja. Pero sé que voy a ir a sufrir, a llorar como una magdalena y a que los recuerdos y los sentimientos estén a flor de piel de día y de noche durante la semana o las dos semanas -si aguanto- que esté allí.
Yo me despido de vosotros hasta la vuelta, que no sé si será el día 2, con mis padres, o el 10 de Agosto, yo solo. Os echaré de menos, pues allí no voy a tener Internet.
Cuidaos mucho. A la vuelta nos veremos de nuevo. Que lo paséis bien.
Un abrazo inmenso para todos. El amor nunca pasaráEste 25 de Julio de 2008, día de Santiago Apóstol, celebramos en la distancia las Bodas de Plata de mis padres. ¡¡25 años sin separarse ni un solo día!! ¡¡Algo que parece imposible hoy en día, una gran hazaña!!
Realmente no es tal, ¿o sí?, pues bien sabéis que eso ocurre siempre y cuando se quiere de verdad, se ama sin límites y cuando se adquiere un compromiso fuerte y sincero con la otra persona y con los hijos que puedan venir. No deja de ser una hazaña, pues no es fácil mantener los compromisos con la misma intensidad que el primer día y amar como el primer día. Mis padres lo han sabido hacer y yo no puedo hacer más que reconocerlo y admirarles.
Esa ha sido la fórmula mágica que les ha permitido ir envejeciendo juntos, vivir durante estos 25 años más unidos cada día y darnos un ejemplo privilegiado a nosotros, sus hijos. Un ejemplo que espero imitar, una vez que me encuentre en su mismo lugar, si es que alguna buena mujer -por dentro y por fuera- se digna a tomarse algún café conmigo un día de estos.
Qué razón y cuánta actualidad siguen teniendo estas palabras que hace dos mil años escribiera San Pablo:
Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado pero sin tener amor, de nada me sirve. El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
El amor nunca pasará.
De la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, 13: 1-8.
25 años nada más y nada menos, aunque comenzaron a salir como novios allá por 1.977, hace 31 años. Muchos años, muchas vivencias, una salida de su ciudad natal en busca de trabajo, dos hijos, media vida en Los Madriles y la esperanza de volver a Cartagena cuando se jubilen. Ojalá puedan hacerlo tal y como lo están planeando ahora y, así, disfrutar de su descanso y de su vejez en la tierra que les vio nacer, crecer y pasar sus años de juventud, y en donde dejaron a los que ya se fueron o a la que se acaba de ir.
Mi deseo era que este aniversario tan especial lo hubiésemos pasado los cinco en Cartagena, es decir: mis padres, mi hermana, mi abuela y yo. Pero no ha podido ser. Mi abuela se ha ido cuatro meses antes, mi hermana está trabajando y no puede ni quiere ir, mi madre está arreglando papeles y herencias y yo estoy en Madrid esperando a que salga la resolución de la beca FPU en el puñetero BOE de las narices para saber qué plazo tengo para poder reclamar y, además, tampoco puedo ir a Cartagena.
Mi idea era que “volvieran a casarse” en la misma parroquia en que lo hicieron en 1.983, que volvieran a comprometerse, que renovaran las promesas que hace 25 años hicieron ante Dios y ante su familia. Se trata de preparar una bonita y sencilla ceremonia, sin necesidad de protocolos, ni trajes, ni flores, en la que ellos fueran de nuevo los protagonistas y pusieran de manifiesto el amor que les une y que se profesan. ¡Qué mejor que reunir de nuevo a la familia, especialmente a la abuela, pues este tipo de celebraciones no se repiten!
Pero no ha podido ser. Yo ya no estoy para celebraciones y sé que si se produjera esa celebración iba a pasarlo muy mal, pues iba a recordar más a mi abuela que a pensar en el aniversario de mis padres. Además, como digo, no podemos estar hoy por hoy más separados: mis padres en Torrevieja arreglando papeleos en Cartagena, mi hermana aparece por casa y desaparece como el Guadiana y yo muriéndome de asco día sí y día también, desesperado por la informalidad de la gente del Ministerio y penando y plañendo en estas noches que se me hacen larguísimas.
Por una morbosa casualidad, han querido coincidir sus Bodas de Plata con el año en que la abuela se ha ido. Y no es que no me alegre por mis padres, pero ni yo, ni mi madre -después de estos últimos cuatro meses que nos ha tocado soportar- estamos para jolgorios y celebraciones por muy sencillas que éstas sean. Ahora solo recordamos que hace algunos meses, yo le sugerí a mi madre la idea de que se volvieran a casar, más que nada porque sabía que eso le iba a gustar mucho a mi abuela. Yo le pedí que se lo pensara, que sería una forma espiritual de celebrarlo y que si aceptaba, aprovechando que este año las vacaciones de mi padre caían en Julio y que íbamos a estar allí todo el mes, yo podría organizar la celebración con ayuda del Párroco. Todo ello sin saber, inocente de mí, que pocos meses después mi abuela ya no iba a estar aquí para celebrar nada y que, en lugar de este aniversario íbamos a estar liados con la puñeta de la herencia en este mes de julio. Y todo está demasiado reciente como para alegrías.
Ni siquiera les hemos comprado los regalos aun, pero no importa. Total, no se los vamos a dar mañana en persona, pues ¿qué más da que se los demos dentro de una, dos o tres semanas?
En fin, unas Bodas de Plata que más bien parecen un desastre, las de un matrimonio mal avenido con un par de hijos muy desagradecidos.
Pero bueno, al menos, les felicitaremos en el blog para ir abriendo boca. Los regalos ya llegarán, por supuesto, pero por ahora me gustaría dedicarles esta canción que compuso el genial maestro Armando Manzanero para estos casos.
Cómo han pasado los años. (Huelga decir que los que salen en el vídeo no son ellos. No encontré un vídeo mejor).
Y esta otra de José Luís Perales, inspirada precisamente en el contenido de la epístola del Apóstol San Pablo antes citada.
Muchas felicidades en este aniversario. Os quiero un rato largo como se dice en nuestra tierra y me siento orgullosísimo y muy feliz por vosotros. Espero que sigáis unidos muchos años más. Mil besos.
Saludos a todos y que paséis un buen día de Santiago, Patrón de España. ¿El final del raca-raca?No se puede decir que no hayas hecho de las tuyas, querida abuela, tal y como te pedí el sábado pasado. Se nota que has intervenido y que, al final, el asunto ha quedado zanjado después de cuatro meses y dos días de polémicas sin cuento.
En efecto, ayer, Martes 22 de Julio, los hijos de mi abuela acudieron a un Notario de la Calle Palas de Cartagena para poner al día los papeles de la abuela, aceptar su Testamento y, en lo posible, hacer la repartición de los bienes de la mejor manera.
El dinero, como no podía ser de otro modo, se reparte en tres partes exactamente iguales y cada cual podrá hacer con él lo que quiera.
El apartamento de Torrevieja queda a nombre de los tres hermanos y serán los tres los que tengan que correr con los gastos propios de dicha casa.
La casa de Cartagena es la que presentaba la mayor polémica. Se procedió a tasarla en 17 millones de pesetas -infravalorándola, claro, porque esa casona no vale eso ni en broma- y a dividirla en tres partes iguales. Como una de las hermanas quería su parte, se le dio. Y, como propietarios de la misma, quedaron pues mi madre y su hermano.
De forma que mi madre es dueña de media casa. Algo es algo. Sigo manteniendo la esperanza de que alguna vez lo pueda ser de la casa entera.
Era la más polémica porque su hermano solicitaba el usufructo de la casa, pues no tiene otro sitio en que vivir. Y mi madre estaba dispuesta a darle el usufructo, y así se hizo. Resulta que, según contó el asesor fiscal que les acompañaba, hay dos formas posibles de hacerlo:
1ª.- Que el usufructuario indemnice a la otra propietaria (en este caso, mi madre), porque mi madre no podrá disfrutar de esa casa mientras él viva allí. Haciéndolo así, el usufructuario después puede hacer con la casa lo que quiera, menos venderla.
2ª.- Que el usufructuario no indemnice a la otra propietaria pero, a cambio, se comprometa a abandonar la casa en el momento en que contraiga matrimonio. Y si no lo contrae, podría vivir en dicha casa hasta que falleciese.
Como al usufructuario no le venía bien ninguna de las dos opciones (la primera porque suponía dar más dinero de lo que él se pensaba a mi madre y, la segunda porque salió con la típica estupidez de que le querían echar de la casa), se optó por hacer las cosas según lo marca la ley y se optó por la primera opción. De forma que, mi madre recibe esa indemnización, además de un tercio del dinero del banco, otro tercio del apartamento -como propietaria- y la mitad del piso de Cartagena.
No obstante, ella sigue abierta a comprarle a su hermano la otra mitad de la casa, aunque ya veremos cómo se desarrollan los acontecimientos a partir de ahora. No es bueno hacerse el cuento de la lechera tan pronto, pero yo guardo mis esperanzas.
Mientras estuvieron en el despacho del Notario se vivieron algunas escenitas vergonzosas, en que mi tío increpó a mi madre varias veces algunas de sus tonterías de siempre y mi madre, que no se calla nunca, saltaba a la mínima y llegó a amenazar con abandonar el despacho del Notario y dejar los papeles y el reparto sin arreglar, pues no estaba dispuesta a seguir escuchando imbecilidades o a que se le siguiera insultando. Mi tío no esperaba que esa indemnización fuera a ser tan elevada y, ante ello, descargó toda su ira contra mi madre, como si ésta tuviera la culpa de que la ley sea como es y ya no trate con preferencia a los hijos que quedan solteros de un matrimonio ya fallecido. No obstante, mi madre le ofreció optar por la segunda opción, le dijo que ella no quería ese dinero de la indemnización, pero que él se comprometiera a abandonar la casa en caso de que contrajera matrimonio. No se sabe lo que es peor, pues entonces empezó con el raca-raca de que mi madre quería echarle de casa, cuando lo único que quería mi madre es que dejaran de pelearse por dinero.
En fin, es lo que suele pasar cuando alguien se cree que tiene más derechos que nadie sobre las cosas pero, cuando llega al notario, le demuestran que eso no es así, y cuando alguien mantiene una relación con sus hermanas totalmente forzada, irreal, falsa y llena de insultos y ataques.
Al salir del Notario y después de una visita al banco, encaminaron sus pasos hacia la casa de mi abuela y, en el portal, con los ánimos más calmados se despidieron amistosamente y se dijeron que habían quedado muy conformes con el acuerdo alcanzado. Menos mal.
Solo me queda brindar por mi madre y por sus santas narices. Aunque no ha sido fácil y los recuerdos se agolpaban en la cabeza con tanta pelea, ella ha sabido defender lo suyo y, sobre todo, sé que ha hecho y que va a hacer un sacrificio muy grande por mí, simplemente por darme el gusto de albergar la posibilidad de que algún día la casa de la abuela pueda ser nuestra y, en un futuro, pueda volver a ella y, así, recordar los días que pasé allí con ella.
Por fin se acabó este infierno. Ahora solo queda volver al Notario para recoger las nuevas escrituras de las casas y demás papeles y, por supuesto, pagar las tasas del asesor fiscal y del Notario.
Y cuando eso quede hecho, mi madre y yo podremos decir que nos hemos quedado descansando. Hasta el próximo raca-raca.
Saludos a todos. Esa divina mujer.Hace algo más de un mes, le escribí un mensaje de correo electrónico para que, si le parecía bien, quedáramos para tomarnos un café y hablar de nuestras vidas.
La conozco desde hace tiempo, unos dos años más o menos, pero por cosas de los estudios, de los agobios de los exámenes, de su trabajo, de que el horario de mis cursos de Doctorado era cambiante, etc., no habíamos coincidido demasiado en todo este tiempo. Y eso que estudiamos en la misma Facultad…
Yo tenía de verdad ganas de verla y de que me contara qué tal le trataba la vida. Le envié el correo electrónico y, al día siguiente, ¡oh, casualidad!, me la topé en la Facultad. Ella estaba como siempre, soberbia. Y me dijo que ya quedaríamos cuando acabara los exámenes, que tenía ocho y que andaba muy agobiada.
Le escribí otro mensaje a propósito, deseándole suerte en los exámenes y, de paso, recordándole que teníamos que vernos.
¿Os habéis tomado vosotros el café? Porque yo no. Bueno, realmente el café era lo de menos. Lo que yo quería era saber de ella y retomar el contacto con una de las mejores amigas que hice en una campaña de excavación de hace dos veranos.
Ella es, como digo, una mujer de belleza soberbia. Una morena española de esas que quitan el hipo y que sonroja a cualquiera que se pone delante de ella. Es una belleza tal que es imposible mirarla a la cara de continuo sin que descubra que nuestro corazón y nuestros ojos se están dejando deslumbrar por la maravilla que contemplan, y que ya no son capaces de aguantar la mirada de esos ojos delicados que miran fijamente a un servidor. Y hay que apartar la vista y tratar de disimular para que no se de cuenta de que su presencia inquieta, altera y turba nuestra alma, hace temblar nuestras piernas y nos descoloca las ideas.
Es un mujerón como pocos, de los de rompe y rasga; de esos que no dejan indiferente a los hombres de verdad -no a los salidos que ahora tanto se estilan-; con sentido de la feminidad -cosa que se agradece hoy en día entre las mujeres, ya que los hombres son cada vez más femeninos-; que viste con gusto y cuyo movimiento de caderas no es recomendable para cardíacos, ni diabéticos. Su sola presencia cohíbe al más atrevido y avergüenza al más tímido. Pero unos y otros se sienten dichosos al contemplar semejante espectáculo y dan gracias a Dios por haber hecho posible la creación de tan delicada y virtuosa criatura y por haberle dotado de unas facciones y unos rasgos simplemente perfectos, los cuales no pueden explicarse sin recurrir al cincel y a la mano de Dios que, a veces, concentra su genialidad en algunas mujeres, haciéndolas caprichosamente divinas.
Pues bien, espero que como investigador la vida me vaya mejor, pues está visto que como Don Juan -a pesar de que me llame así- no tengo nada que hacer. Y si quiero que alguna mujer vaya detrás de mí, tendré que adelantarla como decía Don Ramón María del Valle-Inclán.
Saludos a todos. Cuatro meses.
Y mañana cuatro meses ya. Apenas me lo puedo creer, quién me iba a decir a mí.
Pero como estos cuatro meses se han convertido en un calvario personal debido a lo que explicaba brevemente en la anterior entrada, estos días se me han hecho particularmente largos, interminables. Los meses, y especialmente los días 20 de cada mes, pasan lentamente trayéndome a la cabeza todo tipo de recuerdos, aunque siguen primando los malos recuerdos, los recuerdos de los momentos finales y de los últimos minutos y segundos que vivimos encerrados en esa maldita habitación 438 del hospital Santa María del Rosell de Cartagena.
Hoy descansas ya pero, a veces, me resulta imposible pensar que ya te fuiste, que no te voy a volver a ver y que encima, debido al rencor y a los odios, no me dejan entrar en tu casa ni, de esa forma, me dejan poder ir a rezarte en persona. Aunque soy de los que espera que los que rían los últimos riamos mejor, es una situación tan dolorosa… ¿En qué cabeza cabe que los vecinos de mi abuela me abran la puerta de sus casas antes que poder entrar y estar en casa de mi propia abuela y, así, poder ir “a verla”? Es increíble.
En cualquier caso, viviste como quisiste y descansas ahora donde tú dijiste. No sé cómo, pero sigues viva. Y no es que yo hable contigo o que me de esa sensación sino que, por ejemplo, el otro día tu amiga Julia me dijo que en la Parroquia se acuerdan mucho de ti, que el Párroco aplica misas continuamente por ti y, en sus homilías, te pone como ejemplo de las virtudes cristianas un día sí y otro también. Te admiran tanto tus amigos de la Parroquia…, y tu ejemplo ha calado tan hondo que será imposible que te olviden. Y eso me honra y enorgullece, y supongo que tú estarás tan contenta de ver cómo aparecer continuamente en las conversaciones de tu nieto, tus amigos, tu Párroco, tus vecinos, etc.
Pero, porque soy humano, hay un límite al que no puedo llegar y que solo se resuelve mediante la Fe. Fe que, a veces, flaquea, se debilita, piensa que todo esto no son más que chorradas y películas que un servidor se monta en su cabeza para sobrellevarlo mejor; cabeza que, desde luego, no hace más que darle vueltas al asunto de la muerte y de lo que ocurre con nosotros después de ella.
Lo ideal sería que te me manifestaras más de cómo lo haces ahora, más intensa o evidentemente, pero sé que eso no puede ser, pues para eso está la Fe, para creer sin haber visto. Y ahí es donde debe estar la fortaleza de los creyentes. Es difícil buscar consuelo en una esperanza que no se conoce, ni se ha visto, pero hay pistas o detalles que nos pueden mover a pensar que verdaderamente hay algo, que tú sigues viva y que ya no sufres los dolores físicos, sino que disfrutas de la plenitud del alma.
Siempre supiste cuál era tu sitio y dónde se te necesitaba. Y hoy sabes que donde se te necesita es en tu propia casa en la que esta tarde -a esta misma hora precisamente- se reunirán tus tres hijos para tratar de llegar a un acuerdo para, el martes que viene, ir al notario y dejarte descansar en paz definitivamente. Échales una mano, insúflales buen ánimo, paciencia y unas cuantas dosis de raciocinio y tranquilidad. No dejes que quien tu sabes se deje llevar por los insultos y demás despropósitos. Hazles ver que todo es de todos, que nadie tiene más derechos sobre el resto de los hermanos y que son hermanos que, ante todo, deben llevarse de la mejor manera posible para honrar a su madre, aunque lo hagan una vez que ya has muerto.
Y tú ya sabes cuál es mi deseo, te lo pido casi todas las noches. Sabes que me lo merezco y que te lo pido porque me gustaría volver allí y sentirme tan feliz como cuando iba a verte y a pasar algunas temporadas contigo. Tú sabes que no podría estar en mejores manos, que me servirá para tenerte más presente aún y tener un lugar físico en que atesorar todos los recuerdos que guardo de ti. Y qué mejor para mí que ese lugar que fue lo primero que vieron mis ojos cuando éstos se abrieron al poco de nacer, ese oscuro objeto de deseo al que desde hace cuatro meses, por los rencores y los odios, no puedo entrar.
Tengo puesta la confianza en ti, en que iluminarás sus hermosas cabezas y que harás lo que puedas para que lo único que te he pedido en toda mi vida, se cumpla ahora o dentro de un corto período de tiempo. Yo sé que va a ser así, me da en la nariz, porque es lo que tiene que ser y porque tú siempre dijiste que, al final, el tiempo pone a cada cual en su sitio y que aquello iba a acabar al final en manos de quien más te cuidara y se desvelara por ti.
Esta canción, aunque hable realmente de la despedida de dos enamorados, me sirve para dedicártela a ti y recordarte, pues sigo buscando la mejor manera de decirte adiós y el dolor sigue despertando en mi corazón cada vez que te recuerdo, sigo viviendo por ti y sé que tú también lo haces por mí y por nosotros, y puedo decirte que cada vez que me siento solo te pienso y me acuerdo de tantas cosas... Y en este otoño gris que empezó hace cuatro meses, no he hecho otra cosa más que pedirte que seas feliz en compañía de los que ya se fueron y tener la esperanza de que la recompensa haya sido grande en el Cielo.
Se trata de la canción, Balada para una despedida, de José Luís Perales. Click aquí.
Y esta otra canción, Esta tarde vi llover, del genial maestro Armando Manzanero se me antoja muy propia para estas semanas a las que me estoy enfrentando. Porque el otoño se instaló en mí y en estas tardes he visto llover, he visto a la gente correr, he visto cómo brillaban esos lucericos a los que mirábamos tu y yo desde la terraza de la casa de Torrevieja todas las noches después de cenar, he visto ese mar Mediterráneo que tanto nos gustaba y en el que nos bañábamos todas las mañanas de verano, y no estabas tu. Y solo sé que vi llover, vi gente correr y no estabas tu. Click aquí.
Serán, por supuesto, bien recibidas todas aquellas intenciones y oraciones que queráis aplicar por el eterno descanso del alma de mi abuela. Os quedaré muy agradecido y yo rezaré también por ella y por todos los que, de buen corazón, la tengan presente hoy en sus oraciones, para que vuestra recompensa sea también grande.
Foto de mi autoría del Libro de Oraciones que mi abuela guardaba en su mesilla de noche desde muy joven y del Rosario que perteneció a mi abuelo, su marido, y que yo conservo.
No lloréis, yo voy al Señor, voy a esperaros en la Gloria. Yo muero, pero el amor a mi familia y amigos no muere. Os amaré en el Cielo como os he amado en la Tierra.
SAN AGUSTÍN
Descanse en Paz. Horas crucialesDespués de pasar unas semanas medio bien, aunque con mis altibajos y mis lágrimas que no se acaban de ir especialmente por las noches, me he vuelto a atrancar en esta semana.
Y es que llevo tres días intentando leer un libro relacionado con mi tema de investigación y no soy capaz de concentrarme. Mi madre llegó hace dos días a la casa que tenemos en Torrevieja, lo cual significa que en breve se arreglarán los papeles de la abuela y la herencia.
Tanto es así que mañana sábado, víspera del cuarto mes de la partida de la abuela, -¡Cuatro meses, ya! ¡Qué largo se me ha hecho! ¡Qué despacio pasa el tiempo algunas veces!-, los tres hermanos han quedado en la casa de la abuela de Cartagena para hablar de todos los asuntos antes de ir al notario el próximo martes 22 de julio a aceptar el Testamento que dejó la abuela y, después, arreglar los temas del banco y las escrituras de las dos casas. Se trata de ir con las ideas claras al notario y, así, resolver el papeleo pronto.
Mi deseo sería que hicieran por entenderse y, sobre todo, por respetarse, aunque fuera por una sola vez en su vida. Que no recurriesen al insulto, a los gritos, a la sinrazón y a la búsqueda de supuestas conjuras como alguien ha venido haciendo desgraciadamente en estos cuatro meses, sin darse cuenta de que los tres son hijos exactamente iguales a la hora de repartirse lo que fue de sus padres y que ninguno de ellos tiene más derechos o prerrogativas sobre lo que fue de sus padres.
La cuestión está difícil pues, por una causa nada despreciable, el reparto no puede ser equitativo -en tres partes iguales- especialmente en lo que toca a la casa de Cartagena, alguien tendrá que salir perdiendo, pues el hijo de mi abuela no tiene otra casa en que vivir, ni tiene una nómina suficiente que le permita enfrentarse a estas alturas y a sus años con una hipoteca de las que ahora se estilan y, además, pretender comer y mantener los gastos de la casa.
No sé cómo se arreglarán pues, como digo, ha habido muchos despropósitos y muchas salidas de tono y, por tanto, un ambiente ciertamente enrarecido y en el que se recurre a la hipocresía para tratar de llevarse mejor. Para eso, para tratar de no pelearse delante del notario, han quedado mañana por la tarde los tres hermanos para hablar y tratar de ponerse de acuerdo de la forma más civilizada posible, aunque sé de buena tinta que los despropósitos y los insultos no van a desaparecer nunca pues vienen dándose desde hace más años de los que yo llevo sobre la faz de la Tierra. Y, cuando los papeles se arreglen, todo volverá a lo de siempre, a lo de antes, a la incomunicación, al rencor, a los enfrentamientos, a los reproches y a la ausencia de interés en volver a verse. Lo de siempre.
Pero desde aquí, vamos a ver si entre todos le podemos enviar fuerza, perseverancia, constancia y muchos ánimos a mi madre que, siendo consciente de la compleja situación, sé que hará lo que mejor convenga a nuestros intereses, a los intereses suyos y de sus hijos, tratando de defender lo que legítimamente le corresponde como hija de sus difuntos padres.
Sé que mi madre va a actuar así -con conciencia- porque ella es una gran mujer que, defendiendo lo suyo, tratará de enseñarnos con sus obras cómo nosotros tendremos que actuar cuando nos veamos en la desagradable tesitura de repartirnos lo que fue de nuestros padres cuando éstos falten.
Y nosotros, por ahora, la apoyaremos en todo lo que decida porque eso es lo que tenemos que hacer, apoyarla y respaldarla en sus actuaciones pues sabemos bien que todo lo que haga lo hará por su bien y, sobre todo, por el de sus hijos, defendiendo lo que es suyo y de sus hijos. Como tiene que ser, se pongan los demás como se pongan, pues una madre nunca quiere algo malo para sus hijos.
Muchos ánimos para mañana, mamá, aunque sé que no te hacen falta porque, pensándolo bien, a ti no hay quien te gane en lo que a tenerlos bien puestos se refiere.
Me da que, cuando los papeles se arreglen, voy a poder sentirme muy orgulloso de ti. Espero que sea así. Todo depende de mañana. Que tengas suerte.
Y a ver si llega pronto el martes, se resuelve la papeleta, y yo puedo volver a “la normalidad”, a leer mis libros, a tener la cabeza más despejada y apartada de estos desagradables problemas y, sobre todo, a tener los nervios más calmados.
Y es que os resultará curioso, pero a pesar de que yo no voy a heredar ni propiedades, ni medio euro de mi abuela, soy quien más estoy sufriendo estos problemas y discusiones. Al mismo tiempo, diré que he sido yo quien ha tenido el orgullo de haber recibido y, por tanto, de atesorar, la mejor herencia que ha podido dejarnos la abuela. Y esa herencia me la ha dejado a mí. Ojalá alguien leyera este último párrafo y reflexionara sobre esto cuando le diera por chillar e insultar.
Saludos a todos y que tengáis un buen fin de semana. Que no se diga.Por fin, una agradable señora o señorita del Ministerio de Ciencia e Innovación me atendió esta mañana y me aclaró un poquito el potaje mental de que soy portador a causa de la dichosa beca FPU y la pretendida, por nuestra parte, reclamación.
El caso es que para reclamar hace falta saber cómo me han evaluado, saber qué puntuación me han puesto en cada uno de los documentos que aporté. Y la señorita me ha hecho el favor de decirme mi puntuación por teléfono, aunque también me dijo que las puntuaciones saldrían esta tarde o mañana por la mañana en la página Web del Ministerio, como así ha sido. Imagino que por eso no me habrá puesto ninguna pega y no le habrá importado decírmelo por teléfono…
Y alucinado me he quedado cuando veo las calificaciones. A saber:
1º.- Mi currículo personal está valorado en menos de medio punto, cuando la puntuación máxima a conseguir en este apartado es de un punto entero. ¡Bien!
2º.- Mi proyecto de Tesis no está puntuado o, mejor dicho, solo ha recibido 0,10 puntos. ¡Soberbio! ¿No interesa mi tema de investigación, a pesar de que afecta a las necrópolis célticas de más de media España y a los habitantes que las usaron a lo largo del I Milenio a. C.? Supongo que hallar un sistema para el encendido automático del mechero será de mayor interés, qué se le va a hacer. En este apartado la puntuación máxima a otorgar es de 0,5.
3º.- De dos puntos que deberían haberme concedido por tener como Director de Tesis a uno de los Catedráticos de Prehistoria más solventes de este puñetero país y con un currículo brillante, me conceden punto y medio. Supongo que cuando se lo diga a mi Director, no le va a hacer mucha gracia. ¡Perfecto!
4º.- Y mi Departamento, que es el mejor Departamento de Prehistoria de toda España, ha dejado de serlo o eso parece, pues solo ha recibido medio punto, cuando deberían haberme concedido el punto entero -o casi- que estaba en juego en esta sección.
5º.- Si a eso le sumamos que tengo una buena nota media -superior a Sobresaliente- en la Licenciatura y consideramos que la suma de todos estos factores no me llega como para haber recibido la dichosa beca, nos podemos echar a llorar y no parar. Y si, encima, comprobamos que hay gente con menos nota media que yo -pero que le han valorado bastante mejor el proyecto de Tesis, el currículo de su Director de Tesis y el del Departamento-, podemos cortarnos las venas.
Ante esto, reclamación al canto. La señorita, de paso, me ha dicho que reclame, pero que no interponga ningún recurso administrativo pues eso impediría no sé qué historias de las que no me he enterado muy bien. Además, habría que esperarse a la publicación de la resolución de estas becas en el Boletín Oficial del Estado (BOE), cosa que para las simples reclamaciones no es necesario.
Como usted quiera le dije, pero reclamaré. Y claro, hay que ponerse manos a la obra y perder una mañana o una tarde entera escribiendo imbecilidades en un documento Word defendiendo que mi tema de investigación es la leche y que es injusta, en algunos casos muy injusta, la calificación que me han puesto. Para eso no hay ningún formulario, faltaría más. Solo tengo que escribir el rollo, eso sí con mi nombre y el número de referencia que me han dado en el Ministerio para que me identifiquen y puedan revisar mi solicitud.
Y luego, a esperar a que alguien se digne a contestarme dentro de X meses que naranjitas de la China, que deje de incordiar, que no me van a dar la beca por mucho que yo reclame y que lo que tengo que hacer es pedirla en la próxima convocatoria, a ver si hay suerte.
Como veis se trata de criterios de evaluación muy arbitrarios, ante los que cada evaluador actuará como Dios le de a entender, evaluando mejor o peor, según le parezca o le indique su apreciación personal. A ver si a esta ministra, aprovechando que es mujer, se le ocurre cambiar este sistema, hacerlo más objetivo y con unos criterios de evaluación que estén menos sujetos a las apreciaciones personales y subjetivas de cada evaluador. Lo digo para que no sea tan cantoso el hecho de que haya más candidatos solicitantes que becas a conceder y que no se sepa cómo quitarse de en medio a aquéllos y, así, ajustar las 950 becas a 950 becarios, sobren los que sobren.
Aunque no tengo ni pizca de ganas de ponerme a escribir eso, lo haré, porque mi madre me enseñó a no rendirme cuando creo que tengo la razón, a incordiar hasta el final con tal de corregir los errores y a dar el tostón que sea necesario. El caso es que no quede por nuestra parte, pues el no ya lo tenemos sobre la mesa. Hay que pelear, aunque al final nos quedemos igual que estamos ahora, que para eso procedo de una tierra de peleones natos y portadores de dos buenos y resueltos consejeros delegados. Vamos a dejar el pabellón bien alto, que no se diga.
Saludos a todos. El Cantón de Cartagena (III)Os dejo un texto escrito por el Dr. Ángel Bahamonde Magro sobre el federalismo y el cantonalismo en el contexto de la I República Española en concreto y de finales del siglo XIX en general.
Me parece que aborda el tema con acierto y que aporta una imagen mucho más completa que los anteriores. Lo dejo para quien le interese.
LA FEDERACIÓN DESDE ABAJO
El mes de julio marcó un punto de inflexión en la trayectoria de la [I] República. El rumbo definido por las Cortes Constituyentes y la presidencia de Pi [y Margall] se resquebrajan, acosados por problemas de toda índole y sin apoyos sólidos en los que sustentarse. En efecto, a lo largo del mes emergen de forma acumulada todos los factores que inclinarán a la deriva la ya de por sí frágil plataforma política republicana. Estallaron sucesivamente los alzamientos cantonales y los sucesos de Alcoy, a la par que se extendió la guerra carlista y, en medio, la caída de Pi y Margall, que supuso un viraje a la derecha del régimen, confirmado ya desde la presidencia de Nicolás Salmerón.
El estallido cantonal se generalizó a partir de la caída del Gobierno de Pi y Margall, el 18 de julio, quien se encontró en la disyuntiva de utilizar poderes delegados por las Cortes para sofocar la rebelión o practicar una política de persuasión y concesiones. En última instancia se quebraba la política de legalismo y se disipaban los intentos de construir una república federal sólida.
La sublevación cartagenera, aunque partió de la iniciativa federalista local, en la noche del 11 al 12 del julio, capitaneada por Manuel Cárceles, formaba parte del proyecto de insurrección generalizada. Allí se desplazaron inmediatamente para dirigir el movimiento y organizar la resistencia el diputado Antonio Gálvez y el general Contreras, militar de agitación y presidente de la Comisión de Guerra del Comité de Salud Pública formado en Madrid. Las condiciones de defensa en Cartagena eran más propicias: una fortaleza amurallada y una privilegiada situación orográfica, a lo que se sumó la adhesión de la marinería a la sublevación, lo que significaba contar con parte de los mejores navíos de la Armada. El objetivo revolucionario era esencialmente político, la descentralización a través del federalismo popular frente al poder central, acompañado del ideario de reformas y medidas humanitarias defendidas por el federalismo durante el Sexenio. Se autocontempló como el centro de irradiación del federalismo intransigente a escala nacional. Así, el 27 de julio se constituyó en Cartagena un Gobierno provisional de la Federación española, presidido por Roque Barcia. Cartagena se convirtió, pues, en la sede de un movimiento que trascendía del localismo para intentar articular el Estado federal de abajo a arriba. En su libro Memoria y Comentarios sobre el sitio de Cartagena, publicado en 1877, cuenta así el general López Domínguez su entrada en Cartagena:
"A la una del día entrábamos en la ciudad por la puerta de Madrid, atravesando las calles obstruidas con barricadas, deshechas por las fuerzas que nos habían precedido, con escombros de los edificios y casas derruidas por el fuego del sitio, con cuerdas rotas y materiales hacinados, presentando un triste y desolador espectáculo, que ponía de manifiesto los horrores por los que habían pasado los insurrectos de la plaza y sus desdichados habitantes, pues nada respetaron nuestros proyectiles, que a todas partes alcanzaban. Llegados a la muralla del mar, formaron las tropas en columna, haciendo un largo descanso, y entramos en el palacio de la Capitanía General, donde recibimos a una comisión compuesta de los primeros y segundos jefes de los buques de guerra extranjeros, que habían seguido y presenciado las operaciones, la cual iba presidida por el viejo almirante inglés Yelverton, que montaba el Lord Werdem, capitana de la escuadra británica, el que nos felicitó en nombre de los allí presentes y de las naciones a que pertenecían..." Aunque en el movimiento cantonal subyacen contradicciones y peculiaridades de índole local, fue protagonizado, en general, por ese conglomerado social heterogéneo compuesto de artesanos, tenderos y asalariados, las masas federales, que, de forma inmediata, directa y revolucionaria, intentaron trastocar el rumbo que el federalismo legalista y benévolo había imprimido a la República. Pero, a su vez, el componente social del cantonalismo tuvo límites imprecisos. En él participaron y se confundieron sectores de las clases trabajadoras que tenían su propia versión del federalismo, pero sólo en contadas excepciones protagonizaron la sublevación. En el movimiento cantonal estuvieron presentes obreros internacionalistas, a título individual y espontáneo, pero no por mandato de la organización.
Ángel Bahamonde Magro. Catedrático de Historia Contemporánea Universidad Carlos III de Madrid.
http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/7020.htm
Saludos a todos. El Cantón de Cartagena (II)Sigamos celebrando con esta segunda entrega. En este caso, sobre el Cantón de Cartagena concretamente, extraída de Wikipedia. Como introducción, y para contextualizar los hechos, no está esta breve reseña histórica. Espero que os resulte interesante. EL CANTÓN DE CARTAGENA El Cantón de Cartagena fue un ente de naturaleza nacional que mantuvo su independencia de la República unitaria centralista española durante seis meses entre 1873 y 1874. Surgió debido a la enérgica repulsa al régimen unitario de la Primera República y al envío de jóvenes a las guerra coloniales que mantenía España, como la de Cuba de 1868. El proyecto de constitución federal de los federalistas proponía una idea de España articulada en 17 estados, Cuba y Puerto Rico incluidos. Mientras en las Cortes se discute el proyecto, el 12 de julio de 1873 estalla la insurrección en Cartagena. Federales intransigentes toman el Ayuntamiento y nombran una "Junta de Salud Pública Reformista", apoderándose del Arsenal y del puerto, donde estaba estacionada la mayoría de la flota española, la cual se une a la sublevación. Esta Junta "reclama que se lleve a efecto la formación del Cantón de Cartagena, con la autonomía municipal y Cantonal". En medio del levantamiento cantonal, el proyecto de constitución es rechazado por las Cortes y el presidente Pi y Margall tiene que dimitir, acusado de complicidad. El Cantón de Cartagena, bien pertrechado gracias a las armas del Arsenal y a la posesión de la flota, acuñará moneda propia (como el "duro cantonal", que en el anverso llevaba la leyenda Cartagena sitiada por los centralistas, septiembre 1873 y en el reverso Revolución Cantonal, cinco pesetas) y resistirá los ataques de las tropas del Gobierno, llegando incluso a diseñar planes educativos que nunca se llevarían a cabo. El líder del Cantón de Cartagena sería el murciano natural de Torreagüera, Antonete Gálvez, militar progresista de origen humilde que entonces era diputado a Cortes por la provincia de Murcia. Después de seis meses de asedio de Cartagena, y cuando la Primera República ha sido sustituida por un Gobierno provisional al mando del general Serrano [después del Golpe de Estado del General Manuel Pavía en las Cortes], el general López Domínguez consigue la rendición de la plaza (12 de enero de 1874), lo que supuso la condena a muerte de los rebeldes o su exilio, generalmente a Argelia. La historia del asedio y del final del cantón fue reflejada por Ramón J. Sender en su novela Mr. Witt en el cantón y por Benito Pérez Galdós en el episodio nacional De Cartago a Sagunto. Se acuñó moneda propia para sufragar y sostener los gastos derivados de la revolución. Se decretó una amnistía para todos los falsarios que cumplían condena en el Penal de Cartagena, si cooperaban en la elaboración de los cuños y la acuñación de las piezas. Toda la plata que se conseguía, procedente de las minas de Mazarrón y de objetos de plata que se pudieron incautar, era fundida, laminada y preparada para la acuñación. La ley se elevó a 925 milésimas, 25 más que las oficiales y los cospeles se prepararon con una mayor dimensión que los normales del mismo valor facial. Las monedas tuvieron un peso superior, entre 26 y 28 gramos, por encima de los 25 gramos, que era el peso oficial para los duros. El peso de las monedas de 10 reales estaba entre 13 y 14 gramos. Las monedas se acuñaron en el Arsenal de Cartagena y se utilizaron las máquinas de estampación para útiles de barcos.
Las monedas de plata de cinco pesetas (el duro) y de diez reales (medio duro) no llevan figura alguna, sino sólo las inscripciones:
Los cantonales organizaron expediciones por tierra y mar para extender la revolución cantonal pero, finalmente, la ciudad fue ocupada por el general López Domínguez, tras un intenso asedio. La ciudad fue devastada. Se calcula que, tras el bombardeo, más del 70% de los edificios de la ciudad habían sido destruidos o presentaban graves daños. Este hecho histórico ha provocado que, incluso en la actualidad, ciertos partidos políticos cantonalistas exijan la necesidad de crear la Provincia de Cartagena. http://es.wikipedia.org/wiki/Cant%C3%B3n_de_Cartagena Que paséis un buen domingo. Saludos a todos. El Cantón de Cartagena (I)Como ya dije ayer, hoy día 12 de julio de 2008, se celebra el 135 Aniversario del comienzo de la Insurrección Cantonal en Cartagena, la primera y más duradera de todas las que tuvieron lugar en diferentes puntos de la geografía española como podéis ver en el mapa que adjunto a esta entrada.
Vamos a empezar por algo “suave”, presentándoos un breve resumen del movimiento cantonal en España, extraído de Wikipedia. Mañana os presentaré una breve reseña histórica del Cantón de Cartagena propiamente dicho. Así, iremos de lo general a lo concreto.
Espero que os resulte de interés esta entrada, que os ayude a contextualizar uno de los fenómenos políticos más desconocidos de la historia reciente de nuestra Nación -el del federalismo y el cantonalismo de finales del siglo XIX- aunque, en próximos días, os dejaré otro texto mejor para que leamos sobre el mismo tema. Y que también os haga comprobar que, cuando la situación lo requiere, los cartageneros tenemos nuestros consejeros delegados muy bien puestos.
Pero sirva este breve texto introductorio para ir abriendo boca. Quién sabe pero, quizá, descubráis que nacísteis o vivís en ciudades que también se declararon países independientes, es decir, cantones libre y voluntariamente federados a la República Federal Española que quiso construir el entonces Presidente Francisco Pi y Margall, aunque le fue imposible pues ello mismo le costó la caída del Gobierno.
LA REVOLUCIÓN CANTONAL La Revolución Cantonal fue un movimiento político que tuvo lugar durante la Primera República Española, coincidiendo casi en el tiempo con una huelga revolucionaria acaecida en Alcoy (la llamada Revolución del Petróleo) días antes del 12 de julio de 1873, cuando estalla la insurrección en Cartagena bajo el nombre de Revolución Cantonal. Se extendió en los días siguientes por muchas zonas de las entonces regiones de Valencia, Murcia y Andalucía y en las provincias de Salamanca y Toledo, lugares todos ellos en los que se llegaron a articular cantones (estados independientes voluntariamente federados en la Federación Española), destacando también, en Extremadura, el intento de constituir cantones en Coria, Hervás y Plasencia, así como la publicación del periódico El Cantón Extremeño (fundado por Hernández González y continuado por Evaristo Pinto Sánchez), en cuyas páginas se animaba a la creación de un cantón extremeño ligado a Lusitania y se instaba a los lectores a tomar las armas de ser necesario, para defender los ideales promulgados. También en la provincia de Ávila tendrá la Revolución Cantonal una cierta incidencia. Este movimiento era partidario de un federalismo de carácter radical y trataba de establecer una serie de ciudades o confederaciones de ciudades (cantones) independientes que se federarían libremente. Recuerda en ciertos aspectos a las polis griegas. El cantonalismo tuvo una gran influencia del naciente movimiento obrero, sobre todo anarquista. Una lista total de los cantones que se proclamaron durante aquellos sucesos sería la siguiente: Cantón de Alcoy: 09/07/1873 - 13/07/1873 Cantón de Algeciras: 22/07/1873 - 08/08/1873 Cantón de Alicante: 20/07/1873 - 23/07/1873 Cantón de Almansa: 19/07/1873 - 21/07/1873 Cantón de Andújar: 22/07/1873 - ¿? Cantón de Bailén: 22/07/1873 - ¿? Cantón de Béjar: 22/07/1873 - ¿? Cantón de Cádiz: 19/07/1873 - 04/08/1873 Cantón de Camuñas: ¿? - ¿? Cantón de Cartagena: 12/07/1873 - 13/01/1874 Cantón de Castellón: 19/07/1873 - 26/07/1873 Cantón de Córdoba: 23/07/1873 - 24/07/1873 Cantón de Granada: 20/07/1873 - ¿? Cantón de Jaén: ¿? - ¿? Cantón de Jumilla: ¿? - ¿? Cantón de Loja: ¿? - ¿? Cantón de Málaga: 22/07/1873 - 19/09/1873 Cantón de Murcia: 22/07/1873 - ¿? Cantón de Salamanca: ¿? - ¿? Cantón de Sevilla: 19/07/1873 - ¿? Cantón de Tarifa: 22/07/1873 - ¿? Cantón de Torrevieja: 19/07/1873 - ¿? Cantón de Valencia: 13/07/1873 - 07/08/1873
La mayoría de los cantones suprimieron monopolios, reconocieron el derecho al trabajo, la jornada de ocho horas y terminaron con los impuestos sobre consumo (derecho de puertas). Las tendencias socialistas y anarquistas no consiguieron imponerse y sólo en Cádiz, Sevilla y Granada tuvieron los internacionalistas más influencia. Destacaron por sus iniciativas y duración los cantones de Almansa, Loja, Sevilla, Málaga, Cádiz (en el que participó Fermín Salvochea), Tarifa y, sobre todo, Cartagena, que fue el que más fuerza tuvo resistiendo hasta el 13 de enero de 1874. http://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_Cantonal
Saludos a todos. Mañana seguimos dando la barrila sobre el cantonalismo. Que paséis un buen sábado.
Feliz día del Cantón a todos y, especialmente, a mis paisanos. Recuerdos al plancharHace dos tardes puse una lavadora de ropa blanca, siguiendo para ello los pasos que mi madre me había enseñado antes de irse de viaje a Castellón con el objetivo de que yo dominara a la máquina y no al revés.
Y ayer por la tarde, planché la ropa que lo requería. Alguna camisa de mi madre, algunas otras cosas de mi hermana, tres camisas mías y varios pañuelos de tela.
El caso es que, cuando empecé a planchar, de acordé de ti de nuevo. Recordé aquella maravillosa tarde de Navidad de hace siete años en que me enseñaste a planchar. Digo maravillosa porque fue una de las Navidades que pasé contigo en Cartagena, en esa casa que hoy es mi oscuro objeto de deseo. Ya estaba anocheciendo cuando me puse a recoger la ropa del tendedero que, como sabes, tardaba mucho en secarse por efecto de la humedad que hay allí siempre. Te animaste a poner la plancha pero, como te vi cansada, pensé que lo mejor sería que planchara yo y, así, que tu pudieras seguir descansando en tu mecedora del cuarto de estar.
Y así lo hicimos. Menos la ropa delicada y la que requería mayor cuidado, lo demás lo planché yo siguiendo tus indicaciones. Y, así, aprendí a planchar gracias a ti.
Ayer por la tarde, cuando planchaba, me acordé de aquella maravillosa tarde de Navidad que, por supuesto, no volverá. Y, como lo uno lleva a lo otro, me acordé de tus terribles últimos días, tan terribles que yo no pude llegar a tiempo de que me vieras por última vez pues ya estabas sedada. Pensé que debía haber ido antes; que debía haber intuido, cuando te ingresaron el pasado Viernes de Dolores, que estabas demasiado mal como para salir en esa ocasión con vida del hospital. Y yo, tonto de mí, me creí que era un ingreso rutinario más y, por ello, me tomé la licencia de preparar mi viaje no para el Viernes de Dolores sino para el Martes Santo. Me da que esto va a pesar sobre mi conciencia como una losa maldita para toda mi vida.
Total, pensé, para estar todo el día en el hospital, más vale que ella pase los primeros días descansando y estabilizándose que, cuando esté mejor dentro de dos o tres días -el Martes Santo calculaba yo-, ya iría su nieto para animarla y llevármela a casa si pudiese ser.
El caso es que cuando hablábamos contigo por teléfono dos o tres veces al día desde el día del ingreso hospitalario, no fuimos capaces de ver más allá de un ingreso más. No percibimos que estabas peor hasta que llegó precisamente el Martes Santo y el médico te vio tan mal que consideró oportuno cambiar el tratamiento y la mascarilla del oxígeno por otra más potente.
Ahí fue cuando me di cuenta de que todo se iba a acabar. Salí disparado pero no pude llegar a tiempo. Ya estabas sedada y lo único que pude hacer fue acompañarte en tus últimas horas, darte miles de besos que no sé si sentiste, llorar como un tonto y ponerte en la mano la pequeña cruz de madera con la que el abuelo murió cuando iba camino del hospital aquel día de mediados de marzo de 1980 y que tu usabas cuando subían a darte la comunión en casa los Domingos a mediodía.
Por otro lado pensé que tú, en tu infinita bondad, sabrías disculpar este único desliz que he tenido contigo, el de no permitirte que me vieras por última vez. Y quise creer que te habrás ido tranquila y en paz, sabiendo que tuviste un nieto que te dio tantas horas de amor, compañía y felicidad aunque, por causa de la distancia que nos separa, no pudieron ser más tal y como a mí me hubiese gustado.
Y, de repente, me acordé de la costumbre que yo tenía de ir a darte el último beso del día antes de dormir. ¿Recuerdas? Una vez que habías cenado y te habías tomado las pastillas de la noche, te sentabas en la mecedora a descansar con el oxígeno puesto. Antes de que pasara la medianoche, te llamaba, pues solías quedarte dormida, y te empezaba a preparar la habitación. Te llevaba la máquina del oxígeno, la botella de agua o de zumo, te preparaba la cama, el camisón, etc. Y dejaba que te desvistieras y te pusieras el camisón y el oxígeno de nuevo. Cuando ya estabas acostada, me acercaba a ver si todo estaba en orden como excusa para poder darte el beso de buenas noches en tu mejilla.
Un beso que a ti te demostraba tanto amor y te hacía sentir querida -no como un trasto inservible que dependía de los cuidados ajenos- y que ayer, a mí, me hizo llorar de saber que ya no te tengo para darte más besos, para achucharte y para presumir de abuela.
Una abuela que, enseñándome a planchar, a cocinar, a poner la mesa, a comprar fruta madura y que no estuviera demasiado verde, etc., ha conseguido hacer de mí un hombre. Un hombre de los de verdad, de los que saben vivir solos, de los que están preparados para la vida moderna, de los que no dependen de nadie para sobrevivir, de los que saben ser independientes y apreciar las cosas importantes de la vida.
Y yo, sabiendo que soy quien se lleva la mejor herencia de ti, no puedo más que estar orgulloso de ello, pero también me emociono y me da por llorar cada vez que me doy cuenta de que soy lo que soy y soy como soy gracias, en gran parte, a esa abuela que Dios me dio y a la que ya no volveré a ver.
Saludos a todos y que tengáis un buen fin de semana.
PD: Mañana 12 de Julio, se celebra el 135 Aniversario del comienzo del Cantón de Cartagena. He pensado que podríamos celebrarlo a lo largo de toda una semana con varias entradas sobre el tema. Mañana empezaremos tratando el movimiento Cantonal en España en general y nos iremos limitando en sucesivas entradas al Cantón que más logró sobrevivir, el de Cartagena. Se trata de una de las páginas más deconocidas de nuestra historia nacional. Así que preparaos para una semana “durilla” de pesadez cantonal en general y cartagenera en particular Reflexiones y nuestra GloriaRecuperado de los excesos del pasado viernes, esta mañana madrugué porque tenía varias cosas que hacer en Madrid. Entre ellas, pasarme por la Facultad, imprimir la solicitud de la Beca predoctoral Complutense y esperar a que llegara al Departamento mi Director de Tesis para que me firmara los papeles y, de paso, habláramos del por qué de la denegación de la beca FPU.
Francamente hemos llegado a unas conclusiones bastante curiosas que os contaré mañana o pasado mañana al respecto de la beca, porque no dejan de sorprenderme aunque los del Mierdesterio no me han enviado el desglose con la calificación que me han puesto en cada uno de los apartados que había que evaluar a los candidatos. Pero vamos, la cosa pinta a que nos la han querido meter doblada porque había más becarios con buena nota que becas a repartir y a que tendremos que reclamar con toda la razón del mundo.
Después dirigí mis pasos hacia el Rectorado, para entregar los papeles y olvidarme de ellos. Ahora, a pensar en preparar los papeles para la Beca de la Comunidad de Madrid. Estoy de papeles, de becas y de la madre que les alumbró a todos hasta el gorro.
Teniendo en cuenta lo cerca que queda el Rectorado de mi Universidad de la Plaza de Moncloa y del Hospital Clínico Universitario San Carlos, me fui para allá, pues es allí donde fue operada hace tres días nuestra amiga Gloria Om de una intervención bastante fuerte y que nos tuvo, durante todo el viernes, con el alma en vilo y rezando para que los médicos tuvieran la pericia suficiente para hacerle bien las reformas internas y que ella quedara en perfecto estado. Y ha habido suerte.
Yo no tengo su teléfono, ni el de sus hijos e hijas, ni el de la habitación en que está ingresada como para poder hablar personalmente con ella y que, de esa forma, me sintiera cerca, sintiera mi cariño, uno más de todos los que sus amigos del blog le hacen sentir.
A eso de las 12:45 horas de la mañana ya estaba entrando por la Puerta I de dicho hospital. A los pocos minutos, bajó Isabel -arena- y, juntos, nos fuimos a la habitación de Gloria.
Y allí estaba nuestra querida amiga. No voy a repetir lo que ha escrito ya Isabel en su Parte Oficial de Guerra, solo decir que para lo operación que le han hecho, ella está muy bien, con sus dolores y soportando lo mejor que puede la aburrida y lenta estancia en un hospital y los dolores propios del momento. Pero está muy bien y hemos hablado animadamente de lo divino y de lo humano, aunque nos hemos ido relativamente pronto, pues queríamos que descansara y durmiera un poco si le apetecía. Ella es muy fuerte y lo va a superar de sobra.
Al llegar, me ha dicho que no le gustaba que nos conociésemos en la habitación de un Hospital y que, seguramente, la situación me traía recuerdos de la reciente partida de mi abuela. Es evidente que no es el mejor sitio para conocerse, pero le he dicho que en esta vida hay que afrontar los buenos y los malos momentos, pues éstos también forman parte de la vida. El dolor, los hospitales, la muerte, etc., son cosas que la vida lleva consigo y que no podemos eludir, ni los jóvenes, ni los mayores. En cualquier caso, es curioso que las primeras amigas del blog a las que conozco en persona, Gloria e Isabel, haya sido en el marco incomparable y envidiable de un hospital madrileño. ¿La próxima dónde va a ser?
Yo le he dicho que soy consciente de lo que supone afrontar una operación quirúrgica y, después, un más o menos largo ingreso hospitalario, pues mi abuela vivió estos cuatro últimos años yendo y viniendo del hospital a casa y de casa al hospital prácticamente. Pero ella tenía muchas amigas, amigos y conocidos que, sin dudarlo, se pasaban las tardes enteras en su habitación, haciéndole compañía. No exagero si digo que no era raro que en su habitación, a media tarde, se concentraran alrededor de diez personas, aunque siempre los médicos y ATS acababan llamándoles la atención y disolviendo el tumulto. Pero, aparte de las llamadas de atención, mi abuela era conocida en todo el hospital por ser la enferma más querida y muchas enfermeras se lo comentaban absolutamente sorprendidas.
Y para eso estamos los amigos, para hacer más llevadero el dolor a los amigos que están sufriendo. No solo estamos para pasárnoslo bien y divertirnos, sino para acompañar a los demás en sus dolores, penas, tristezas y problemas. En eso consiste la amistad y el cariño hacia los demás. Hay que saber escuchar, tener la suficiente sensibilidad para ello y, así, abrir nuestros corazones.
El caso es que he afrontado la visita con total tranquilidad, sin recordar demasiado las estancias hospitalarias de mi abuela, especialmente la última de la que no salió con vida por desgracia.
Eso sí, cuando hemos salido a la calle y me he despedido de Isabel, he sentido una inmensa alegría en mi interior. Algo pasaba. Algo sentía. Era algo que me hacía como flotar mientras iba andando, hasta el punto de que he sentido un leve mareo y he tenido que pararme. Y no sabía lo que era, hasta que me he dado cuenta de que era precisamente ella. Ella me estaba hablando y, concretamente, me decía lo orgullosa que se sentía de mí, pues había sabido ser su más perfecto y querido imitador. Y es que ella, como miembro de la Pastoral de Salud y Enfermos de la Parroquia de Santa Florentina de Cartagena, hizo cientos o miles de visitas a conocidos o amigos de la Parroquia que estaban ingresados o que estaban ya muy enfermos. Los visitaba, les daba cariño, consuelo, ayuda y lo que más necesitaban: compañía en esos duros momentos. De esa forma, ella les llevaba paz, sosiego y la ternura del ejemplo cristiano hecho obra. En Navidad y en verano les llevaba algún regalo y se lo ponía en la mesilla de la habitación del hospital, para que el/la enfermo/a no se olvidara de que siempre tendría a su disposición la mano amiga de sus amigos de la Pastoral de Enfermos de la Parroquia.
Así vivió ella, desviviéndose por los demás, de ahí que fuera tan conocida en el Hospital Santa María del Rosell de Cartagena. Esos gestos, al correr de los años, los amigos y los familiares de éstos los devuelven con creces y se traducen en habitaciones hospitalarias a rebosar de gente cuando mi abuela, causalmente, pasó a ser la enferma y no la visitadora de enfermos; llamadas telefónicas sin parar a todas horas estuviese en casa o ingresada en el hospital; continuas visitas a su casa cuando le daban el alta hospitalaria; y, por supuesto, un tanatorio y un funeral a rebosar de amigos, amigas, familiares de éstos y descendientes de los amigos que se fueron antes que ella pero que quedarán por siempre muy agradecidos a la bondad de mi abuela. Bonitos rasgos humanos que emocionan a cualquiera y que evidencian que todavía queda algún resquicio para confiar en el ser humano.
Y por eso me he sentido tan feliz. Ojalá supiera o pudiera imitarla. Sé que no va a ser posible, pues ella era inigualable, inimitable, especial, única, y yo no puedo ser más que un mal imitador. Pero, al menos, se intentará y, así, no solo la imitaré, sino que llevaré su recuerdo y su ejemplo allá donde se necesite. Y ella, como hoy, se sentirá muy orgullosa de ver que su ejemplo ha calado en su nieto preferido y que éste intenta llevar la misma paz, la misma tranquilidad, el mismo sosiego, la misma calma, el mismo cariño, el mismo amor, el mismo consuelo y el mismo apoyo del que ella fue portadora. Será el mejor y más completo homenaje a su obra y a su memoria.
Espero, querida Gloria, que mi visita te haya servido para olvidar, al menos durante algunos minutos, tus dolores y, así, sentir la paz, el calor y el cariño de una mano amiga que quiere que te recuperes y vuelvas pronto a la normalidad. Nada me haría más feliz.
Muchos besos para ti y mil gracias porque has hecho posible, a pesar de que has pensado con razón que esta visita me iba a sentar mal, este re-encuentro con mi abuela y con su ejemplo, re-encuentro que me ha servido para darme cuenta de que me queda mucho trecho aún por recorrer para llegar a ser una persona verdaderamente bondadosa, servicial y ejemplar como ella lo fue.
Volveré a verte, quizá a finales de esta semana. Espero encontrarte dándole patadas a un balón y correteando por los pasillos del hospital como una loca.
Muchos besos, mil abrazos y ten paciencia. Muchas gracias de todo corazón.
Saludos a todos. El Orgullo de ser...El viernes pasado me llevaron a la fuerza a dar una vuelta por Madrid. El plan consistía en salir por la noche y, cuando nos apeteciera, volver a casa. Volver a Kosovo, teniendo en cuenta lo lejos que queda Nueva Bucarest (Arganda) de Madrid, máxime con la reducción de la frecuencia de todos los transportes los sábados y los domingos.
Me animó una amiga, la cual quiere verme contento y quiere que deje atrás de una vez por todas el semblante triste que me acompaña desde hace tres meses y que, con la reciente noticia de la denegación de la beca predoctoral, había empeorado pues me encontraba apesadumbrado y pensando en mi futuro inmediato y en mil cosas más.
Ella quería conocer el ambiente que se suele vivir en Madrid la víspera de la celebración de la manifestación del Día del Orgullo Homosexual (evito conscientemente la palabra “gay”). A mí el ambiente me importaba un pimiento, la verdad, pero accedí pues suelo contestarle con negativas a los planes que me propone una y otra vez y no está mal darle el gusto a la chiquilla de vez en cuando. Total, para lo que iba a hacer en casa esa noche…
Y allá que nos fuimos a la Plaza del Callao, donde ella había quedado a su vez con una amiga suya. De allí, después de esperar a otros amigos que no aparecieron finalmente, nos fuimos por Gran Vía hasta la Calle de Fuencarral.
En ese corto trayecto, ya pude apreciar el panorama “alternativo”, libre y divino de la muerte que me iba a encontrar cuando nos adentráramos Fuencarral abajo. Mucha gente, unos para arriba y otros para abajo, pero homosexualmente inconfundibles. Tanto ellos como ellas.
Una vez en Fuencarral aumentó el espectáculo. Balcones decorados con las banderas de los colores del Arco Iris y, por las aceras, todo tipo de homosexuales. Pude encontrar tres tipologías generales:
1º.- El homosexual enclenque, delgaducho, vestido con pantalones caídos, enseñando por supuesto unos eróticos calzoncillos a cuadros, camisetas a rayas de presidiario y cara más triste y apenada que la mía, que ya es decir. Éstos parecían padecer una enfermedad o estar transidos de dolor por alguna causa que yo desconocía.
2º.- El homosexual musculoso, que parecía venir de algún Congreso Internacional de Esteroides y Hormonas; con sus camisetas petadas de carne muscular; con unos brazos de esos que, si te rozan, te hacen un moratón; con su gomina y sus pantalones vaqueros. Éstos eran, sin duda, los mejor vestidos.
3º.- El homosexual malote, con sus botas de caza, sus cadenas por todas partes, pantalones de cuero ajustadísimos; gorros de cueros y chupa de cuero, con o sin camiseta interior. Éstos daban auténtico pánico y solían ir en grupos de no menos de cuatro o cinco al mismo tiempo.
4º.- Las lesbianas solían ser mujeres corpulentas, vestidas con camisetas a rayas de presidiario también y pantalones vaqueros, pelo corto y, a veces, engominado.
Y llegamos a la Calle de Hernán Cortés, engalanada para la ocasión con guirnaldas con las banderas del Arco Iris, al fondo un escenario y, en medio de la calle, una barra con unas copas sensiblemente caras. Y allá que nos metimos mi amiga, su amiga y el infeliz de un servidor.
De repente, nos vimos dentro de un tumulto enorme, donde solo se percibía mucho postín, mucho abanico y alguna que otra pluma que salía por ahí volando con tanto empujón. Decidí meterme las manos en los bolsillos, por si alguien me robaba algo pues llevaba ahí las llaves de casa, el dinero, el móvil, etc., aunque pronto comprendí que lo mejor sería ponerme una mano delante y la otra detrás, por lo que pudiera pasar. Y, a todo esto, cuando mi cerebro se colapsaba de oír tanto o sea y de ver a tanta loca como andan por ahí sueltas, de repente me topé con el Magistrado de la Audiencia Nacional Sr. Don Fernando Grande-Marlaska, que era el único normal que había en toda la puñetera calle, excepto un servidor y mis amigas que íbamos muy bien vestidos como siempre. Don Fernando llevaba un pantalón, una camisa y chaqueta, no recuerdo si llevaba corbata, pero iba muy bien, como Dios manda, noté que sabe vestir y que había un abismo entre él y el resto de los congéneres homosexuales que nos acompañaban en la estrecha calle.
Cuando llegamos al escenario, pude ver a la loca mayor del Reino cantando la famosa canción de Alaska, todo un himno para ellos y ellas: A quién le importa. Acabado el acto de reafirmación con dicha canción, pasó a deleitarnos con otra que no sé qué vinculación tendrá con la homosexualidad, más allá de la excentricidad: el Ilarié de Xuxa, ¿recordáis? Al acabar, se dirigió al público para preguntar quiénes de los presentes habían salido del armario durante este último año. Y les dio la enhorabuena y, al mismo tiempo, nos pidió a los demás que hiciéramos lo mismo, que siguiésemos el ejemplo. Lo lleva claro, al menos por mi parte.
Quizá por deformación profesional, me puse a “investigar” y comprobé que la tía o tío que cantaba, iba en tanga y lucía un curioso bulto en la parte delantera del mismo que imagino sería un miembro viril o unos testículos en proceso de convertirse en otra cosa, pues el bulto era demasiado pequeño. Pero él o ella lo enseñaba con orgullo, nunca mejor dicho, para que todos los pudiésemos ver. Bastante desagradable, ver a un petardo o petarda de esa guisa, enseñándonos sus vergüenzas, vestida o vestido con plumitas de color rosa y más pintada o pintado que un mono. Aunque eso de vestido es un decir, pues más cierto sería afirmar que iba desvestido o desvestida. Eso sí, la gente enloquecía con sus cánticos, sus bailes, su forma de hablar y su estilismo y más de uno lo pasó muy mal cuando le tocó dar fin a la función.
Y entonces, nos metimos como pudimos en la Calle Pelayo Campoamor, que también estaba de bote en bote y donde había que ir con mucho cuidado, pues todo estaba lleno de aceite y el riesgo de resbalarse era muy alto.
Allí encontramos más de lo mismo, barras en plena calle, gente bebiendo, homosexuales de todo tipo y condición, solo que el número de locazas aumentó exponencialmente. Tanto que, sin que yo hubiese hecho nada de especial, una se me acercó, me apuntó con una especie de fusta o flagelo y me pidió, con muy malos modales, que me quitara la chaqueta y la corbata. Supongo que la pobre o el pobre -que no sé- pensó que yo debía ser un pedazo de retrógrado y un ultra de mucho cuidado dadas mis tradicionales y elegantes formas de vestir e intentó ponerme más acorde con el estilismo que imperaba en ese momento en la referida calle.
Pero como uno tiene dos consejeros delegados muy bien puestos, le pedí que soltara mi corbata y mi chaqueta y que me dejara en paz. A lo que él o ella me dijo, con voz amanerada por supuesto, que iba muy guapo, que no me enfadara, pero que no podía llevar traje. Yo le contesté que yo llevaba traje por la misma razón que él o ella había salido esa noche a la calle para enseñarnos la chorra -también llamaba pene o miembro viril- a todos los viandantes, ataviada o ataviado como iba sin calzoncillos y con una especie de bikini de cuero lleno de clavos, la fusta o flagelo y unos taconazos que más parecían un andamio. Y me fui tan contento, deseando que su pobre madre no fuera conocedora de la profesión de su hijo.
Acto seguido, comenté con mi amiga y la amiga de mi amiga, que eso del Orgullo no me estaba gustando mucho y que, por favor, consideraran la posibilidad de irnos a un lugar más tranquilo y donde pudiésemos pasear tranquilamente, sin necesidad de sentirnos en la obligación de pedir perdón por no ir en pelotas o con un cartel que pusiera “Soy Gay” y mi teléfono de contacto. En definitiva, un sitio donde estuviésemos más cómodos y sin que nos miraran mal por el hecho de ir vestidos como nos diera la gana.
Y, comprobando que a ellas tampoco les había gustado mucho, salimos de aquella especie de ghetto plumífero y nos fuimos más allá de Sol, a la Calle Doctor Cortezo, a un local llamado El frontón. Ese fue todo el contacto que yo tuve con el Orgullo Homosexual y, la verdad, me desagradó muy mucho. No vi más que ganas de llamar la atención, excentricidad por un tubo y unas conductas en particular y un ambiente en general muy forzado. O eras del club o, sencillamente, podías irte porque no cabías muy bien dentro del ambiente. A eso me refiero. Y como no cupimos, nos fuimos. Y espero no volver muchas más veces, tal y como hacen mis amigos homosexuales, que no van porque no lo soportan y porque piensan, como yo, que tanto espectáculo no hace ningún favor al colectivo de homosexuales.
Pasadas las tres de la madrugada, nos fuimos de El frontón porque nos echaron. Y yo, contento porque pensaba que volveríamos a casa, me llevé una desilusión cuando comprobé que nuestros pasos se dirigían a otro local, esta vez en la Calle Barcelona. Allí estuvimos otro rato, con un sueño que me caía y, encima, con un tío dándome la matraca diciéndome que vivía en Nueva Bucarest y que me conocía. Me hizo mil preguntas, que si dónde había estudiado, que si qué había estudiado, etc., para concluir que él sabía quién era yo y que conocía a un vecino de mi urbanización, pero que yo no sabía quién era él. Le felicité, pues conocerme a mi es todo un placer, y me puse a rogar a San Vodka para que nos fuéramos pronto.
Total, que me metí en la cama casi a las ocho de la mañana, con un cabreo importante, pues durante el viaje de vuelta había ido discutiendo con mi amiga. Discutimos porque yo no entiendo por qué hay que salir hasta las ocho de la mañana y pasarse durmiendo y con un malestar general todo el día siguiente, pudiendo salir con moderación, recogerse pronto, dormir lo suficiente como para descansar bastante y, si se quiere, salir otro poco al día siguiente. Así, si se quiere, también se puede hacer algo más que dormir al día siguiente como, por ejemplo, trabajar un poco, leer o lo que a cada cual le apetezca.
Ella insistía en que salíamos para pasárnoslo bien y yo decía que nos lo podíamos pasar igual de bien, pero moderadamente y, sobre todo, siendo conscientes del tiempo que se tarda en llegar de Madrid a Nueva Bucarest o Kosovo.
Y, en efecto, todo el día de ayer muerto de cansancio, dando cabezadas a todas horas y, en los ratos en que estaba despierto, a pensar en la beca y en la que parió a los señores del Ministerio. En definitiva, otro día sin hacer nada.
PD: Os dejo la canción del Ilarié a ver si nos animamos todos un poquito. ¡¡Es la hora de bailar, brinca, brinca, palmas, palmas!!
Saludos a todos y que empecéis bien la semana. De huevos y relojes de cucoAyer, a eso de las 22:00 horas de la noche, freí mi primer huevo. Fue una experiencia curiosa, pues no lo había hecho nunca.
Mi hermana y yo estamos solos en casa ya que mis padres se fueron de vacaciones a Castellón de la Plana. Y yo, aquí estoy, de cocinillas. Y no se me da mal, pues lo cierto es que todo lo que aprendí de mi abuela, lo aplico ahora a mis necesidades de subsistir.
Tantas veces cuidando de ella y teniendo que hacer todas las cosas de la casa, me han servido ahora para poder quedarme solo y no morirme de inanición en el intento.
Lo malo es que, al caer en la sartén, la yema se rompió y ésta al final quedó de aquellas maneras. Parecía, si me permiten la comparación, un huevo atortillado. Huevo porque tenía la clara blanca y reluciente y atortillado porque la yema quedó con la misma apariencia que una tortilla a la francesa.
Ayer me hice para comer dos filetes de salmón a la plancha, muy ricos. Y hoy me toca dorada a la espalda. La dorada es un pescado que me encanta y me lo como con mucho gusto. Mi madre lo suele hacer al horno con perejil y ajo, que todavía me gusta más. Pero eso hay que hacerlo en el horno y yo no me atrevo a tanto. Por cierto, voy a sacarla del congelador (la dorada, digo)…
Ayer por la tarde fue un día intenso. Fuimos a una relojería, a recoger un reloj que dejamos hace ya tiempo para que lo repararan. El reloj en cuestión es el que siempre llevó mi abuela, aunque originalmente perteneció a mi abuelo. De hecho, ella se lo regaló en su primer aniversario de bodas, el 15 de octubre de 1958 y, desde entonces hasta el verano pasado, no se paró. El verano pasado se paró y, como mi abuela ya no salía a la calle, no lo pudo llevar a reparar. Es un OMEGA automático de oro, muy bonito y lleno de valor sentimental. Un gran reloj que merecía la pena arreglar, me dijo el de la relojería. Espero que me lo hayan arreglado bien y que no lo tenga que volver a llevar al taller pues, al ser un buen reloj, tengo tres meses de garantía de la reparación que le acaban de hacer.
Luego fuimos a otras relojerías a buscar un buen regalo para nuestros padres que, el 25 de julio, harán 25 años de casados. Pensamos en la típica placa conmemorativa de siempre, pero yo quería algo más.
Y, ¡oh, maravilla!, se me ocurrió que podría regalarles un bonito reloj de pared. Pero los que vi no me gustaron mucho, eran grandes y le iban mejor al Palacio de Oriente más que a nuestra casa. Pero cuando vi los relojes de cuco, me quedé extasiado. Hay auténticas maravillas, traídos directamente de Alemania. Los hay con forma de casas, de cervecerías, con motivos de caza (ciervos), etc., y personajes de todo tipo: herreros, aguadores, bebedores de cerveza, norias de agua, etc., etc. Todo eso, cuando da las horas enteras, se mueve y monta un jolgorio que pa` qué. Y los hay de pila o automáticos -de cuerda-, pero me dijeron que éstos últimos son más auténticos y de mejor calidad, aunque también más caros.
Hay para todos los gustos y colores y todos, más o menos, rondan los 1.000-1.300 euros -los de cuerda-. Me quedé prendado de uno que tiene forma de casa, que mide 80 centímetros de alto, 50 de ancho y 26 de profundidad. Tiene el techo a dos aguas, arriba una ventana que se abre y sale el cuco, gente que se asoma a un gran balcón, un serrador cortando un tronco de madera y hasta una noria de agua (se me olvidó preguntar si tenía agua de verdad). Espero que, al menos, pueda quitársele el ruido por la noche para así poder dormir sin jaleos.
Solo fuimos a mirar lo que había. La semana que viene volveremos con el mensaje que queremos escribir en la placa, a decidir el modelo de reloj de cuco que nos gusta más y a dejar las señales para que nos hagan la placa y nos traigan el reloj.
No sé, seguro que hay otros regalos. ¿Qué les regalasteis vosotros por sus Bodas de Plata a vuestros padres? A ver si me dais otras ideas, que aun estoy a tiempo de cambiar mi regalo.
Saludos a todos y que tengáis un buen fin de semana. La becaEstá claro que este 2008 no está siendo mi año.
Las esperadas becas ya se han resuelto o, mejor dicho, se ha publicado una nota informativa -no oficial- con los candidatos a los que se les concederá la beca casi con toda seguridad.
Mucho era que a mí, este año, me fuera a tocar alguna beca. Y, la verdad, no entiendo muy bien por qué no me han dado una de esas becas, pues hay solicitantes que no tienen publicaciones, que tienen un currículum peor que el mío, que sus directores de Tesis no tienen proyectos de investigación o que sus programas de Doctorado no tienen la Mención de Calidad de la ANECA, etc., y sí les han dado la beca.
En fin, que era mucho suponer que la suerte me sonriese por una sola vez en mi puñetera vida.
Tengo unas ganas de llorar inmensas. No porque no me hayan dado la beca, me alegro por los ganadores de hecho. Algunos son buenos amigos míos de la Facultad. Sino porque no puedo entender la mala suerte que tengo siempre, la mala estrella que me alumbra y me da rabia no poder disfrutar casi nunca de la satisfacción que supone haber recibido una gran alegría, una alegría que me permitiera hacer mi Doctorado sin preocupaciones durante los próximos cuatro años.
Pero, ya digo, iba a ser demasiada suerte como para que a un estrellado como a mí le fuera a tocar esa lotería.
Pues nada, a joderse y a aguantarse, que en eso un servidor es experto. El bautizo del rezongónComo era de esperar, hoy hemos comido visita de la Selección Nacional de Fúbol a SS. MM. Los Reyes en el Palacio de la Zarzuela y al Presidente del Gobierno en el Palacio de La Moncloa.
Me ha gustado el discurso que ha pronunciado nuestro Presidente ante los jugadores y el Seleccionador Nacional, que van a acabar siendo los Héroes de Cavite y Santiago de Cuba del siglo XXI como sigamos así.
Les ha felicitado, pues han hecho felices a todos los españoles y ha alabado su "talento, trabajo, esfuerzo y humildaz".
Después ha dicho:
"Pocas veces se gana con tanta claridaz y se convence con un juego espectacular y brillante; habéis hecho grande el fúbol de verdaz y habéis demostrado que, a veces, la realidaz es mejor que los sueños, porque para muchos españoles la Eurocopa era un sueño casi inalcanzable".
Mientras el fúbol nos da de comer, en el Mierdesterio de Ciencia e Innovación nos dijeron ayer que se han bloqueado los servidores de la Web y que no pueden actualizarla.
Grave problema, ciertamente. Pero a uno se le termina de hinchar la vena cuando visita la página Web del Mierdesterio y se da cuenta de que ésta ha sido cambiada, de que la han renovado con dos noticias del apartado “Actualidad”, de que han cambiado la portada que tenía desde que se creó el Ministerio después de las elecciones (hasta ayer solo aparecía una foto de la Ministra con la Vicepresidenta el día que aquélla tomó posesión de su cargo). Y que la han cambiado no solo una vez, sino dos, pues han colocado dos noticias de actualidad.
Vaya con los fenómenos paranormales que azotan a este Gobierno. Ni las mentirijillas piadosas le funcionan en tiempo de crisis.
Ahora dicen que las becas salen mañana. Las becas han salido ya cuarenta veces, tantas como veces han dicho que iban a salir al día siguiente. ¿A qué me suena la cantinela? ¡Ah, sí, a que la llevo escuchando desde abril!
Pero en fin, relajémonos que hoy estoy de celebración, pues hace veinticuatro años que fui bautizado tal día como hoy en la Parroquia de Santa Florentina de Cartagena, la misma en la que se casaron mis padres casi un año antes, la misma en la que mi abuela arregló durante muchos años el altar y cuidaba y regaba las plantas, la misma en la que mi abuela daba la comunión ayudando al Párroco, la misma en la que mi abuela formaba parte de la Pastoral de la Salud y Enfermos, la misma en la que mi abuela iba a los cursillos de Vida Ascendente, la misma en la que mi abuela cultivó tantas amistades, la misma en la que mi abuela fue tan querida, la misma en la que mi abuela ayudaba a arreglar la ropa que después se mandaba a Cáritas, la misma en la que mi abuela y sus amigas del Comité Óscar Romero montaban mercadillos solidarios donde vendían productos hechos por mujeres y hombres indígenas suramericanos, la misma en la que mi abuela acabó siendo toda una institución y la misma en la que hace casi cuatro meses la comunidad de Santa Florentina y el vecindario entero de las Casas de Refinería (REPESA) de la Calle Tierno Galván de Cartagena despidieron a mi abuela.
Y aquí estoy, más solo que la una, pues mis padres se fueron a Castellón esta mañana y mi hermana se fue a no sé dónde y no sé cuándo volverá (menuda novedad). Pero, bueno, es un día importante para mí, pues al ver aquellas fotos, veo a mi familia al completo y a los que ya se han ido, pero que tuvieron la oportunidad de conocerme. Además, muchas de las amigas de mi abuela fueron a mi bautizo y siguen viviendo, han sobrevivido a mi abuela. La mayoría son mucho más mayores de lo que lo era mi abuela, pues han superado los ochenta años.
No sé, miro las fotos y no me traen ni recuerdos buenos, ni malos (quizá porque era un crío de medio mes de vida), solo me hacen darme cuenta de este tipo de curiosidades, me cercioro de quiénes están y de quiénes ya no están y de lo bien que estaban los que ya no están, especialmente mi abuela, que iba bien guapa con un vestido especial que ella misma se hizo para lucirlo el día del bautizo de su primer nieto. Toda una señora… En fin…
Para la referencia al discurso de Zapatero, me he basado en esta noticia y en lo que he escuchado en el Telediario de TVE-1 esta tarde:
http://www.rtve.es/noticias/20080701/familia-real-zapatero-reciben-seleccion/109250.shtml
Saludos a todos.
PD: Y que viva España, que si ellos (los alemanes) tienen coles, nosotros tenemos Colón. ¿Qué fue de la señora?Me parte el alma saber que donde antes había una señora de los pies a la cabeza, una soberbia y digna mujer, ahora hay una golfa de vida alegre y sin escrúpulos cuyo acompañante tiene menos escrúpulos aún, y no hablemos de vergüenza, que ni la conoce, ni escuchó nunca hablar de ella.
No me salen las palabras, no puedo escribir, me duele el corazón. Y solo sé que hace algunas horas se me partió el alma y que me gustaría que se hiciese justicia de una puñetera vez. ¿Has cuándo voy a tener que esperar?
No me lo puedo creer.
PD: Se me olvidaba comentaros que las becas siguen sin resolverse. No sé a qué estarán esperando los y las miembros y miembras del Mierdesterio (que no Ministerio) de Ciencia e Innovación. Pero, eso sí, ayer pudimos escuchar por la radio o ver por televisión cómo llegaban los nuevos Héroes Nacionales -los de la Selección de Fútbol- a nuestro país. Vaya hartazón de fútbol, majetones. Ayer comimos Eurocopa y cenamos llegada de la Selección a España. Hoy imagino que comeremos renovación de Luís Aragonés -que ahora se ha convertido en buen entrenador y todo- y cenaremos comprobando que Luís Aragonés tenía razón cuando se negó a llevar a Raúl con la Selección.
Pero vamos, que viva España, que si ellos (los alemanes) tienen salchichas, nosotros tenemos salchichón.
Saludos a todos. |
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