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¿Qué es el Castillo Olite?Si me lo permitís, os voy a hacer una pregunta. Una de esas típicas preguntas de cultura general que me “servirá” para saber si el escritor del libro que estoy leyendo desde hace dos o tres días tiene o no tiene razón en lo que escribe.
Allá va la pregunta,
¿Alguien me sabría decir, sin consultar en Internet o en libros que tenga a mano -aunque hay que reconocer que no hay mucha información al respecto por ahí-, qué fue el Castillo Olite y, sobre todo, qué importante hecho histórico protagonizó hace casi 70 años?
El autor del libro en cuestión dice que muy poca gente conoce lo que le ocurrió al Castillo Olite y, en mi opinión, me parece que eso es cierto.
Hay grandes episodios, grandes desgracias, masacres, batallas, etc., que todos los españoles que tienen una mínima base cultural, más o menos, sitúan o, al menos, les suenan. Pero nada de eso ocurre con el Castillo Olite, sobre el cual hay un general desconocimiento, pues nadie sabe lo que es, ni qué hecho horripilante protagonizó. A pesar de ese episodio importantísimo y espantoso de nuestra historia reciente, muy pocos sabrían decir a día de hoy por qué es conocido el Castillo Olite, es decir, a qué debe su fama entre los estudiosos de la historia reciente de España.
Si no lo sabéis no pasa nada, pues no pretendo diferenciaros entre “culturulos/as” e “inculturulos/as”. Solo que, si no supiérais lo que es, yo os lo podría explicar gentilmente en mi próxima entrada para que, así, aprendamos juntos sobre una de las páginas más desgraciadas de nuestra historia reciente.
¿Habrá premio para el que acierte? No lo sé, pues verdaderamente no lo he pensado.
Saludos a todos. ... y a la semana y media, ¡¡resucitó!!Sí, así es. Como lo leen. Al parecer, “El Trapecista” no ha muerto. Eso o que ha resucitado en cuerpo y alma antes que el resto de los mortales, claro…
Sí, sí. No hace falta, querido lector, querida lectora, que te des puñetazos en los ojos para cerciorarte de que no estás alucinando o de que estás leyendo algo que presuntamente no es mentira. Que esté vivo no es algo que se me haya antojado a mí, pues yo no lo he dicho. Ni se me ocurriría en la vida darme por muerto a mí mismo, así como dudar de la muerte de alguien, pues eso son palabras mayores y a mí me enseñaron a respetar profundamente a los muertos. También me enseñaron a no reírme de los sentimientos y del dolor que los demás puedan sentir cuando una persona querida y/o apreciada para ellos desaparece para siempre.
Me lo ha dicho Doris, que no sé quién es, pero que al parecer conoce al Trapecista. Y lo debe conocer muy bien, pues incluso habla y mantiene contacto con él.
¿Recordáis la entrada-homenaje que escribí a propósito de la teórica y/o supuesta muerte de “El Trapecista”, el pasado 15 de mayo? Pues ayer, a las 19:29 horas de la tarde, Doris me dejó un comentario en dicha entrada. Os lo pongo aquí para que todos lo podáis leer, pues no es un mensaje privado, y porque considero que es justo que todos aquellos que mostramos públicamente nuestro luto y pesar por esta teórica pérdida, sepan que, al parecer, no fue cierta.
Doris 26/05/2008 19:29 No se qué decir. He encontrado homenajes póstumos para Roberto por todos lados pero él no ha muerto. Es imposible. Ayer chateé con él por yahoo. Lo vi a través de la webcam y lo lei. Debe de haber una confusión. Roberto Ra* está vivo. Me dijo que lo transfirieron a otra ciudad. No entiendo nada. ¿Están seguros de que hablan del mismo Roberto Ra* de República Dominicana? El autor del blog http://coalmadepapel.spaces.live.com/ ??? Si se refieren a él están equivocados. Él está vivo.
Doris
Pero lo mejor es que ayer mismo, horas antes, recibí un mensaje privado, enviado por otra persona, que me insistía en la misma idea y en otros detalles igual de fuertes. Pero, como era un mensaje privado, no puedo decir nada más al respecto.
No voy a dar mi opinión sobre este espectáculo. Solo os dejo esta información porque sé que hay sentimientos de por medio y sé que hay personas que se mostraron sinceramente afectadas al conocer la noticia que, ahora, parece ser un simple engaño. También están los sentimientos de aquellas personas que, hace tan poco tiempo, hemos vivido la experiencia terrible de perder a un familiar querido y los de aquellos otros que tienen en sus propias familias a personas que padecen cáncer de verdad y que se están muriendo de verdad a consecuencia de esa salvaje enfermedad.
Saludos a todos. El que tenga ojos y sepa leer, que entienda.
PD: Corred a por un Transilium. Creo que lo vamos a necesitar después de este “shock”. Vaya bochorno.
Actualización del día 28 de Mayo de 2008 a las 09:57 horas de la mañana. Como podéis ver en la lista de comentarios de esta entrada, el resucitado se ha manifestado con otra identidad, claro. Nos ha querido dar una divertida sorpresa. Visitemos, pues, su espacio y preguntémosle cómo ha hecho para resucitar tan rápido y no se nos olvide preocuparnos por su cáncer. Un cáncer de cara. De cara muy dura. No doy crédito a lo que están viendo mis ojos. Se nos toma el pelo y encima se nos deja la dirección URL de su espacio por si todavía nos quedan ganas de entrar en él y seguir riéndole las gracietas con las que poder seguir burlándose del personal. Inaudito. Un poco de todo y los caballeros de antesPor aquí, por Madrid, anda diluviando hoy. Hace unas dos horas ha caído en Nueva Bucarest una buena tormenta. Me gusta que así sea, pues luego abro la ventana de mi habitación y disfruto oliendo a lluvia y a limpio.
La verdad es que, últimamente, ando muy sensible. “El contencioso” o, mejor dicho, la pelea de sabuesos, me está afectando no sé si poco o demasiado. Lo cierto es que me está afectando más de la cuenta, me hace sentir mucha vergüenza cada vez que me acuerdo de ella y me hace tener los nervios a flor de piel. Esta mañana, cuando estaba en Misa, al escuchar la letra de una canción que a ella le gustaba mucho, he roto a llorar. No lo he podido evitar. Era como si necesitara desahogarme y me ha dado por ahí.
Por eso digo que, desde luego, no sabe nadie por lo que estoy pasando y lo que estoy sufriendo. Por supuesto, siempre sufren más los que más dieron en vida a pesar de que sabían que iban a ser los que nada se iban a llevar cuando se produjera la muerte. Lo curioso es que yo sabía de sobra que esto iba a ser así, pues no soy heredero directo ni nada que se le parezca, pero jamás me moví por el interés en la estrecha y modélica relación que siempre tuve con mi abuela, de la que me siento tan orgulloso. Somos pues los que solo tenemos derecho, en el mejor de los casos, a quedarnos con objetos y demás recuerdos que, dotados por nosotros mismos de un especial cariño, nos sirven para sentir cerca a la persona que se nos ha ido para siempre.
Pero bueno, tengo que aprender a mirar las cosas y experiencias que viva por su lado positivo, pues no hay mal que por bien no venga. En efecto, esto también me tiene que servir de experiencia pues, más tarde o más temprano, me tocará a mí repartirme con mi hermana lo que mis padres consiguieron en vida. Pero será diferente, pues seguro que los dos sabremos apreciar que eso es legítimamente de los dos, no más de uno que de otro, porque sencillamente fue de nuestros padres y tendremos que entendernos dividiéndolo en dos partes exactamente iguales. Lo último que tendremos que hacer, y para eso nos debe servir esta experiencia, es intentar no dividirnos a nosotros mismos, no pelearnos, no amenazarnos, no insultarnos, no despreciarnos, no reírnos y no querer aprovecharnos bochornosamente el uno del otro.
Cambiando de tema, os voy a dejar un artículo de mi paisano, Arturo Pérez-Reverte, con el que me he sentido muy identificado cuando lo he leído esta mañana. No trata de los hombres, sino solamente de aquellos hombres que merecen tal consideración. Es decir, de los que merecen ser calificados como caballeros. Es una opinión con la que yo estoy muy de acuerdo, pues noto que la figura del caballero, actualmente, está muy de capa caída por no decir que está en crisis total.
A mí, por supuesto, me gustaría mucho poder recibir dicho calificativo, es decir, que me consideraran un caballero. Para ello, no solo hay que saber vestir o, al menos, hacerlo con elegancia. Es decir, preferir un buen pantalón y una camisa -ya no hablemos de traje y corbata- a un chándal o una camisa de tirantes que nos permita ir enseñando los rodales de sudor que asoman de nuestras axilas.
Un caballero debe ser sensible, debe saber escuchar a todo aquel que se le acerque, sea de sexo masculino o femenino, porque tiene necesidad de contarle algo. Debe condenar la violencia que se ejerce actualmente contra las mujeres y saber apreciarlas por lo que valen, tanto en su integridad física como moral.
Debe dar más importancia a los sentimientos que a la dictadura del músculo y la camiseta apretada para conseguir que los pectorales se marquen hasta romperla.
Porque no nos engañemos. Hemos ganado en musculitos y en metrosexualidad y los hay que se llevan de calle a las mozas, hambrientas como las hay hoy de músculos híper-anabolizados. Pero hemos perdido lo peor, la caballerosidad, la educación, los valores, la elegancia, el detallismo y la hermosura de los sentimientos expresados con ayuda de un bello poema o una bonita canción.
Por eso yo admiro a los hombres que, sin caer en esa dictadura de la imagen y del gimnasio, siguen conservando sus valores y su sensibilidad, quieren ser valorados por lo que son y no por sus músculos, pues son auténticos caballeros como los de antes.
Os dejo con el artículo. Espero que os guste y os haga opinar.
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Hombres como los de antes Feliz tarde de Domingo a todos. Me gustaríaMe gustaría vivir tocándome las narices todo el día, es decir, sin doblar el espinazo hasta que me muera. ¡Qué vida más placentera esa!
Me gustaría vivir tomándome la justicia por mi mano, insultando por doquier y a quien me diera la gana, ya fuera conocido o desconocido, vecino o amigo, familiar o alguien que casualmente pasara por allí en ese momento.
Me gustaría vivir imponiendo mi ley, sometiendo o intentando someter a los que me rodean, maltratándolos por supuesto, y poniéndolos a caer de un burro en el caso de que pretendieran escapar de mis maltratos, obsesiones enfermizas y manías persecutorias.
Me gustaría vivir apropiándome de las cosas que no son mías en virtud del artículo 44, imponiendo a los demás lo que tienen que hacer y, en su caso, prohibiéndoles que hagan lo que no me guste o lo que no convenga a mis intereses.
Me gustaría vivir poniendo verde a quien contradijera mi santísima voluntad que, por supuesto, sería la única admisible y digna de respetar.
Me gustaría vivir en el vicio permanente, disfrutando la vida a una intrépida velocidad, tener coches y demás “placeres” por obra y gracia de la bondad y paciencia de mis padres.
Me gustaría vivir sin obligaciones, sin trabajar, gastar dinero a placer, vivir a gastos pagados -por mis padres, se entiende- y no perderme una juerga por nada del mundo.
Me gustaría vivir haciendo el mal a los demás como filosofía de vida y, especialmente, a mis padres, a los que me encantaría cargármelos poco a poco haciendo de su vida un suplicio, un auténtico martirio, un calvario diario.
Y, después de todo, lo mejor sería encontrarme un dinerito y planear la mejor manera de seguir viviendo la vida y haciendo la vida imposible a los demás.
Eso es lo que me gustaría pero yo, la verdad, no puedo concebir cómo tienes el estómago de seguir dirigiéndote a mí sin ruborizarte lo más mínimo.
Pero bueno, tampoco es para ponerse así pues, como dice el refrán, no hay nada nuevo bajo el Sol. Es decir, esto vendrá a consolidar la mecánica a la que estamos acostumbrados desde hace ya tantos años.
Pero no sabes la rabia que me da. Se me antoja que no es justo. Pero, vamos, a ti te voy a hablar yo de Justicia… ¿Sabes acaso lo que es eso? Ella no quería esto.Ella no quería esto.
Ya lo creo que no. Nada más lejos de lo que ella quería. Lo que ella quería yo lo conozco muy bien, pues pocos son los que pueden decir que la conocieron tan íntimamente como yo. Yo sé lo que pensaba y sé que era consciente de que las cosas iban a darse tal y como se están dando ahora. O sea, mal. Porque, ella podía ser cualquier otra cosa menos idiota. Nos conocía a la perfección y sabía de qué pie cojeaba cada cual. Sabía que habría quien no querría entenderse con nadie o atender a razones y sabía quién se iba a llevar los disgustos, quién iba a tener que sufrir situaciones incómodas, quién iba a ser quien sufriera por lo que hicieran y/o dijeran los demás sin tener siquiera derecho al pataleo y sabía también quién iba a ser de los únicos que se acordaran de ella con un gran sentimiento de recuerdo abochornado por el espectáculo que se está ofreciendo diariamente.
Y es que, ahora, después de casi treinta años de padecimientos y sufrimientos, me vienen con la historieta de que esta situación no es la que ella quería. ¡Ella no quería tantas cosas! Y lo que es peor, ¿alguien tuvo en cuenta alguna vez lo que ella quería o pensaba, cuando era dañada, o maltratada, o insultada, o ultrajada, etc.? ¿Alguien? Precisamente los que ahora se acuerdan de ella más que cuando estaba viva, son los que nunca la tuvieron en cuenta, los que la trataron como un trasto que solo da problemas pero que, ojo, está para servir al personal, ser obediente y callar. Suele ocurrir desgraciadamente.
En esta tesitura, y para ser coherentes, deberíamos seguir en la misma línea: sin hacer ni puñetero caso de lo que ella pudo querer alguna vez. Y punto. Vamos, es que no entiendo a qué viene tanto acordarse de ella y de lo que ella supuestamente quería…, como si su opinión o su persona hubieran sido alguna vez respetadas por las personas que ahora y solo ahora, cuando está muerta, se acuerdan de ella y la ponen en los altares.
Pero, claro, eso de andarse con tantos miramientos morales no interesa ahora. Y no interesa porque hay de donde rascar. Y eso es lo peor: que alguien se vaya dejando cosas sustanciosas. Bueno, eso y que haya caraduras que, haciendo más daño que otra cosa, se dediquen a faltar al respeto, a tratarnos como idiotas y a tratar de vendernos la moto, a ver si cuela de mala manera.
Que si hace poco que se fue. A mí me lo van a contar.
Que si hace poco que se fue y ya estamos a la gresca. Claro, es lo que pasa cuando algunos se pasan de listos, se creen que todo es suyo, que tienen todos los derechos del mundo sobre bienes, objetos y capitales en virtud del artículo 44 y, sobre todo, se creen que pueden seguir haciendo lo que le hacían a ella: pasar por encima de su voluntad, pisotearla si es posible, e imponer lo que únicamente a ellos les venía bien.
Y cuando alguien dice la tontería de que de eso nada, monada, que aquí hay que dejar las cosas muy claras y que lo normal es que cada uno luche por lo que es legítimamente suyo, tratando de conseguir la máxima igualdad posible, entonces es cuando se monta la de Dios es Cristo.
Que si tú eres tal, que si tú eres cual y que si tú eres pascual. Que si yo llevo aquí desde tiempos inmemoriales, que si tú te fuiste, que si tú tienes mucho dinero, que para qué quieres más, etc. Todo eso, a grito pelado, como es natural.
Me avergüenza este circo hipócrita e indigno. ¿Por qué? Porque yo sí la quise de verdad, sí me acuerdo de ella todos los días y a todas horas, me entregué como pude a ella y a intentar mejorar su bienestar y, por supuesto, no la respeté, sino que la veneré. Sí soy el que sabía que ella abominaba estos espectáculos pero pienso que, en su fuero interno, sabía de sobra que iba a terminar ocurriendo.
Todo eso -su recuerdo, el amor y cariño que nos dimos- es lo que me llevo. La mejor herencia: la inmensa tranquilidad de que, por mi parte, hice todo lo que pude, de que no la abandoné, de que no me olvidé de ella, de que intenté estar siempre que pude ahí y de que eso es lo que ella se ha llevado de mi parte. De otros se ha llevado otras cosas y de ellas tendrán que dar cumplida cuenta. Pero yo puedo y debo estar tranquilo pues, aunque suene mal, he cumplido.
Y es que, como yo suelo decir, de nada sirve ahora que nos acordemos interesadamente tanto de ella, de su bondad, etc., si no fuimos capaces de apreciar -y agradecerle- esas cosas cuando ella estaba con nosotros o si, directamente, solo supimos amargarle la existencia.
En definitiva, ¿de qué sirve ahora, a estas alturas de la película, ir al cementerio no sé cuántas veces y dejarle flores y más flores? ¿Acaso las va a poder disfrutar?
Claro que no las va a disfrutar. Al menos, mis flores, en forma de cariño y adoración sin límites, las disfrutó en vida. No necesito aplacar mi conciencia con ramos de flores. Y eso, por supuesto, me honra.
Saludos a todos. Dos meses
AL CUMPLIRSE EL SEGUNDO MES DE SU PARTIDA HACIA LA CASA DEL PADRE,
ROGAD A DIOS EN CARIDAD POR EL ALMA DE
DÑA. FABIANA BARCELONA PADILLA
QUE FALLECIÓ EN LA CIUDAD DE CARTAGENA EL PASADO 20 DE MARZO DE 2008, JUEVES SANTO, A LOS 76 AÑOS DE EDAD,
HABIENDO RECIBIDO LOS SANTOS SACRAMENTOS, Y DESPUÉS DE UNA VIDA SACRIFICADA Y ENTREGADA CON PASIÓN A LOS SUYOS Y A LOS DEMÁS, SIEMPRE CONFORTADA EN LA GRAN ESPERANZA DE LA RESURECCIÓN Y DE LA VIDA PERDURABLE.
D. E. P.
SU NIETO, QUE NO LA OLVIDA, AL PARTICIPAR A SUS AMISTADES TAN SENSIBLE PÉRDIDA, RUEGA UNA ORACIÓN POR EL ETERNO DESCANSO DE SU ALMA.
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En este caso, he elegido una imagen de la Virgen de la Caridad, Patrona y Alcaldesa Perpetua de Cartagena, para encabezar esta nueva entrada que dedico a la memoria de mi abuela al cumplirse hoy, 20 de mayo, el segundo mes de su fallecimiento.
Ya sabéis de su especial devoción por La Milagrosa, pero en su orgulloso corazón cartagenero, ese corazón que me enseñó desde bien pequeño a amar a mi tierra, siempre hubo un hueco destacado para la Patrona a cuya Iglesia ella solía ir de joven, de soltera, de casada e, incluso, conmigo -cuando yo iba a verla-. Siempre me llevaba a la Caridad, consciente de que a mí también me gustaba, aprovechando de paso para presumir de nieto por las calles de nuestra ciudad por las que siempre aparecían amigas y vecinas suyas a las que les contaba las buenas notas que yo había sacado, lo mucho que la cuidaba en casa, lo bueno que era con ella, etc.
Ella fue quien me contó la historia de la llegada de esta preciosa imagen del Barroco italiano -de Nápoles concretamente- a Cartagena y cómo los cartageneros construyeron para ella una hermosa iglesia circular (inspirada en el Panteón de Agripa romano) y la hicieron su Patrona.
El cariño de los cartageneros por su Patrona es muy evidente aun hoy -fervoroso en unos casos, simplemente respetuoso en otros-, aunque la imagen ha salido pocas veces a la calle. Después de la Guerra Civil, salió con ocasión de la Restitución de su Corona en 1955, destruida durante la contienda. Y, luego, no volvió a salir hasta el 18 de Abril de 1993, Viernes de Dolores, para que, después, comenzaran los trabajos de restauración de la imagen y ésta no volviera a pasearse entre los cartageneros hasta el año 2005 -Cincuenta aniversario de la restitución de su Corona-.
En aquella jornada histórica del 18 de Abril de 1993, en la que se conmemoraba el Tricentenario del Hospital de Caridad y el Primer Centenario de la inauguración de la Iglesia de la Caridad, estuvo presente mi abuela. La procesión comenzó por la mañana temprano. Desde la Iglesia de la Caridad hasta el Puerto, donde el entonces Obispo Residencial de Cartagena, Monseñor Javier Azagra Labiano, ofició una Misa. Terminada la Misa, la Armada tronó con sus salvas desde los buques militares que se habían colocado justo detrás de la Patrona; y después comenzó el camino de vuelta a la Iglesia.
Aquel día fue muy largo, pues la procesión duró muchas horas: nueve horas recordaba mi abuela. Nueve horas que ella aguantó de pie como una campeona. Las calles estaban abarrotadas, pues era la primera vez que la Patrona salía desde hacía muchos años. Tantas horas porque, con tantísima gente, la imagen se paseó por la ciudad más lentamente de lo que se preveía en un principio.
Mi abuela participó en esta jornada, pues fue la acompañante de uno de los sacerdotes que participaron en la procesión y en la posterior Misa. No se separó del sacerdote ni un minuto, pues portaba un banderín -cada sacerdote llevaba su acompañante personal- que servía para que el gentío supiera por donde andaban los sacerdotes si, por ejemplo, querían confesar. O, también, a la hora de comulgar, la gente se podía guiar por los banderines.
No es que ella asistiera a la procesión como una más, sino que la vivió en primera persona como podéis deducir y, como siempre, haciendo un servicio a los demás. Y eso me enorgullece, pues siempre vivió igual.
De este día, ella guardaba con cariño una bonita foto en la que salía ella, agarrando su banderín, de pie, al lado del sacerdote al que le tocó acompañar y mirando fijamente hacia el altar y hacia la imagen de la Patrona.
No puedo poner la foto porque, sencillamente, no la tengo en Madrid. Es una bonita foto en la que ella aparece “joven” y guapa, tan elegante como siempre, vestida con un bonito traje de chaqueta gris, una blusa blanca -las blusas le sentaban muy bien-, peinado de peluquería para la ocasión y los pendientes de coral que le regaló mi abuelo (q. e. P. d.), asesorado por mi madre, en uno de sus últimos aniversarios de boda.
Era muy presumida, le gustaba vestir bien, peinarse y repasarse mil veces delante del espejo para ir siempre lo más perfecta posible. Ese día, como siempre, iba preciosa, toda una señora, resplandeciente y exultante por saberse testigo de un acontecimiento histórico.
Feliz por poder disfrutar de esa jornada histórica ante la Patrona, a la que le hizo llegar sus peticiones, plegarias, ruegos, súplicas, problemas, quebraderos de cabeza, pensamientos, reflexiones y alegrías. Quizá le pidió por ella misma, por su salud y su maltrecho corazón -aunque por aquel entonces ella estaba sana como un roble y nunca se le oyó pedir nada para sí misma-; por sus hijos, especialmente por uno de ellos; y, sobre todo, por sus nietos que son los que teníamos entonces que empezar a enfrentarnos con la cruda realidad de la vida y resolverla de la mejor manera posible. Seguro que le pidió por sus amigos, conocidos, por los que sufren, por los enfermos a los que tanto visitaba, por aquellas personas a las que llevaba la comunión a domicilio los domingos por la mañana y, sobre todo, por su difunto marido y por ese hijo que se fue mucho tiempo antes que ella.
Ahora soy yo, quien, tengo que pedir por ella aunque tengo la seguridad de que ella está muy bien, pues vivió santamente, dando testimonio, y ya le ha llegado su merecida recompensa. Aún así, pediré a la madre de todos los cartageneros, que la tenga en la Gloria, en ese lugar donde no se sufre, rodeada de los amigos que se fueron antes que ella y, por supuesto, de sus padres, primos, su marido y su hijo.
Le pido para que la cuiden tanto como lo hice yo siempre que pude y que, cuando me llegue mi hora, me permita volver a verla, resplandeciente como siempre, con su mejor traje de chaqueta, sus zapatos de tacón, su abanico, esa sonrisa bondadosa y ese rostro sencillo y simpático de mi inolvidable abuela.
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Os dejo con un vídeo de la Plegaria a la Virgen de la Caridad, interpretada por la Masa Coral Tomas Luís de Victoria de Cartagena. Y también os pongo la letra de esta preciosa plegaria para que la disfrutéis mejor si queréis. A mi abuela le encantaba y la cantaba muy bien. Se la sabía de memoria. Ha sido toda una gran alegría que descendimiento_ct, conocido del Foro del Poblado de Refinería del Valle de Escombreras, haya hecho este vídeo y me haya pasado la letra para, así, poder tenerla y recordar a mi abuela.
PLEGARIA A LA VIRGEN DE LA CARIDAD
Virgen de la Caridad, Madre, llena de aflicción. Reina de nuestra ciudad, oye mi humilde canción.
Recostado en tu regazo yace muerto el Redentor y tu pecho lacerado las espinas del dolor.
Azucena deshojada por los hielos del dolor que perdiste en el Calvario la más pura y bella flor.
Hoy tus hijos anhelamos consolarte en tu aflicción. Hoy te ofrece Cartagena el consuelo de su amor.
Virgen de la Caridad, Madre, llena de aflicción. Reina de nuestra ciudad, oye mi pobre canción.
A tus plantas hoy juramos profesarte amor filial y fervientes imploramos tu cariño maternal. ¡Madre!, ¡Madre!
NB: La primera foto es de La Verdad. La segunda de Wikipedia. Se vendeAtención.
Se vende apartamento en Torrevieja, en primera línea de playa. Tan en primera línea que está encima de un acantilado y no se ve otra cosa más que mar por delante y por detrás. Parece, de hecho, un barco. Ideal para los amantes del mar y los que odien pasar calor en verano.
Se trata de nuestro apartamento. Un quinto piso con unas vistas preciosas. Por la parte delantera se puede llegar a ver en el horizonte, La Manga del Mar Menor, el faro de Cabo de Palos o Cabo Roig. Por detrás, un acantilado que no ha padecido aun la llegada de la despiadada mano del hombre. No es que sea extremadamente urgente venderlo, pero reconozco que si se vendiera, las cosas podrían ir mucho mejor.
El precio es de 25 millones de las antiguas pesetas, aunque es negociable -susceptible de bajar-, pues tiene un pequeño problema: como está construido sobre suelo de la Marina Española, este edificio fue una concesión por 99 años. Se construyó en 1971, con lo que hasta 2070 no sabremos qué ocurrirá con él. Como decían mis abuelos:
-Como nosotros no vamos a llegar a 2070, no nos importa comprarlo y disfrutarlo.
Y eso es lo que hicieron. Comprarlo y disfrutarlo con sus hijos y sus nietos. En cualquier caso, serán mis hijos -en el caso de que los tenga- los que verán lo que ocurrirá con ese edificio. Podré verlo yo, pero me pillará con casi noventa años -si llego-.
Aunque, bueno, yo sí sé lo que ocurrirá con él: el edificio seguirá estando ahí, muerto de la risa y, dependiendo de si el Estado pueda o no indemnizar a los propietarios o no, ya veremos lo que ocurre con el edificio y con los propietarios. Pero estamos en España, no lo olvidemos, y todavía no se han demolido edificios que han sido ilegalmente construidos. Como para tirar éste. Pero, en fin, no podemos pedir más por él pues esa cláusula es un poco puñetera.
Y eso es lo que hicieron. Disfrutarlo mucho. Y yo también. Ahí dejo muchos recuerdos míos y de mi abuela. Allí fui muy feliz con mis padres y con mi abuela, pues entre todos me hicieron el chiquillo más feliz del mundo. Pero comprendo que lo quieran vender, pues es un engorro a la hora de repartir las cosas que ha dejado mi abuela y, sobre todo, ese dinero nos permitiría contemplar otras posibilidades que, hoy por hoy, no existen.
Aquí os dejo unas fotos del edificio y de las vistas. Espero que os gusten y, todo aquel que esté interesado, que deje un comentario, jaja. Fotos del edificio y de las vistas que se pueden disfrutar desde el mismo, las podéis ver en mi álbum de fotos titulado: Torrevieja, espejo del mar. Hay fotos para aburrir.
Saludos a todos.
N.B.: La primera foto es de mi autoría, pues la hice hace dos veranos. En concreto, a finales de agosto de 2006, cuando ella y yo estábamos a punto de irnos para Cartagena pues, ella, a principios de septiembre tenía que hacerse su prueba mensual del Sintrom y pedir citar a su hematóloga. Parece que fue ayer. Fue nuestro último verano en la playa.
Las otras dos fotos no sé de dónde han salido, pues las conservo desde hace muchos años. Siento que, si los autores se pasan por aquí, no se vean debidamente citados. Les pido disculpas. Descanse en Paz "El Trapecista"Hoy es un día triste para muchos de los incautos e inocentones bloggers de los Live Spaces que tuvimos la oportunidad de disfrutar de ¿una gran persona?, de ¿un gran hombre?, de ¿todo un caballero?
Ayer, 15 de Mayo de 2008, Darlene Loigar, supuesta hija (supuesta, porque no sabemos hasta donde llega la capacidad de inventiva de algunos personajes) de El Trapecista -también conocido por su nick de Rá-, nos comunicaba que su supuesto padre, Roberto Antonio Loigar, tenía todas las papeletas para protagonizar una bajada de pantalones ante sus "amigos" del espacio gracias a una curiosa mentirijilla. Supuestamente había fallecido de una forma muy extraña y, seguramente metafórica, sin haber podido vencer a esa terrible enfermedad que es el cáncer, enfermedad contra la cual él pretendió aplicar la mejor medicina, el humor y la risa floja, sin darse cuenta de que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo y de que reírse del personal no es precisamente la mejor medicina para vencer a su supuesto cáncer.
Él consiguió elaborar un espacio maravilloso, lleno de ternura y donde fue capaz de demostrar y poner por escrito el enorme y supuesto amor que sentía por su mujer y su familia. Escribía muy bien, siempre se lo dije, pues sus composiciones me fascinaban. Y, ahora, se dedicaba a escribirnos su lucha contra ese dragón particular que fue su cáncer y, de paso, a reírse del personal a carcajada limpia.
Mantengamos vivo el recuerdo de una persona tan ¿interesante?, pues así conseguiremos que El Trapecista nunca muera. Eso desde luego..., pues morir parece que no ha muerto del todo, si bien es posible considerar la opción de que haya resucitado en cuerpo y alma antes que el resto de los difuntos y que, así, haya vuelto a la vida.
Y dejadme que traslade mi más sentido pésame a su familia para que sepan que, aunque estemos muy lejos, hemos picado como imbéciles en su bromita.
Descansemos en paz de tanta farsa y, ahora sí, aprovechemos que nos ha llegado el turno de reír y mostrar que todo era una gran mentira. El Eco de La MilagrosaHoy he recibido en casa el nuevo número de El Eco de La Milagrosa, el correspondiente al mes de mayo de 2008.
Cuando volví a Madrid, después del fallecimiento de mi abuela, escribí un e-mail a la Asociación de Hijos de María de la Medalla Milagrosa de Cartagena, a la que mi abuela pertenecía desde hacía más de cincuenta años. Les comuniqué, emocionado, su fallecimiento para que ellos, si lo creían conveniente, le dedicaran una noticia necrológica en la revista y, así, todos los miembros de la Asociación pudieran enterarse de lo ocurrido.
Mis abuelos pertenecieron a la Asociación prácticamente toda la vida. Mi abuelo, desde que ingresó de chiquillo en el Colegio de La Milagrosa. Y mi abuela, desde que empezó a salir con él como novios. Mi abuelo estuvo vinculado a ella hasta que murió, labró en la Asociación muchísimos y muy buenos y estimados amigos y todos los directivos de la misma sintieron enormemente la pérdida de su querido amigo -mi abuelo- allá por marzo de 1980.
La Asociación, que está a punto de cumplir 90 años, organizaba retiros espirituales, excursiones, salidas, visitas, actos culturales, etc., a los que asistía mi abuelo en quien, poco a poco, la devoción por La Milagrosa fue creciendo y consolidándose. Cuando conoció a mi abuela y entablaron relaciones, ésta se vinculó también a la Asociación, los amigos de mi abuelo pasaron a ser amigos de mi abuela y también creció en ella una especial devoción mariana.
Conocer y casarse con mi abuelo, le permitió tener muchas amistades, repartidas por toda Cartagena, pertenecientes a esta Asociación. Amistades que, cuando se cruzaban por la calle, se paraban, se saludaban, hablaban largo rato y se despedían con mucho cariño hasta la próxima vez que se vieran. Y eso lo tuve que “sufrir” yo mismo en mis propias carnes, pues no era raro que saliésemos a comprar o al banco a sacar dinero o a donde fuera a las 10:00 de la mañana y no regresáramos a casa hasta las 13:00 horas. La cantidad de gente con la que se paraba a hablar era impresionante. Media Cartagena la conocía. Y supongo que media Cartagena no se habrá enterado aún de que ya no está entre nosotros…
El Eco de La Milagrosa es la revista de dicha Asociación que, en unos ocho números anuales, llegaba a casa de mis abuelos. Yo recuerdo que mi abuela le tenía un gran cariño al Eco, que lo leía de una tacada y que, a veces, recortaba algunas oraciones, poemas a la Virgen, plegarias, etc., que allí aparecían publicadas y las guardaba con mucho cuidado y cariño. Las releía, a veces. Y así con todos los números de El Eco que llegaban a casa. Hasta el punto de que, antes de repasar las cartas que llegaban del banco o los recibos, prefería leerse El Eco y disfrutar de tantos recuerdos como le veían a la memoria con la revista en la mano.
Hace semana y media, volví a contactar con los directivos de la Asociación para pedirles que no mandaran más El Eco a casa de mi abuela, pues no tiene mucho sentido. Entonces, decidí que yo quería seguir manteniendo este vínculo con dicha Asociación, pues mi abuela estimó mucho a sus amigos de la Asociación y tenía un cariño muy especial por esta revista. Para mantener vivo el recuerdo de mi abuela, pensé que yo podría hacerme cargo de recibir El Eco y de los donativos anuales que se pueden hacer para el sostenimiento de la misma, tal y como lo hacía gustosamente mi abuela. Y les dije que, si no tenían inconveniente, pues yo no soy miembro de la Asociación, me enviaran la revista a mi dirección de Madrid.
Y me contestaron que no había problema. Y me dijeron que, aunque el número de mayo de 2008, ya había sido repartido, me mandarían uno a mí para que así pudiera ver la dedicatoria que han escrito en recuerdo de mi abuela.
Y hoy ha llegado a casa. ¡Qué recuerdos! Cuando lo he cogido en mis manos por primera vez, me ha parecido estar en el salón de la casa de mi abuela, sentado en el sillón, leyéndolo después de que lo hubiera leído mi abuela. Su olor me ha recordado los días en que llegaba El Eco a su casa y ella se lo leía de cabo a rabo, a veces en alto. La revista y los anuncios de los patrocinadores de la misma me han hecho pensar, por un segundo, que no estaba en Madrid, sino en Cartagena, enfrente de la tienda de cortinas Cheysan, o de la joyería Dublín, o de la papelería Albaladejo, o de la librería Escarabajal, o de la óptica Andrés, o de la joyería Hemarall o de la óptica Oxford.
Pero, al poco, he despertado de mis alucinaciones mentales y he podido comprobar que estaba en mi casa de Madrid, que no estaba enfrente de ninguno de esos establecimientos y que estaba frente al primer número de El Eco que mi abuela no ha podido leer desgraciadamente. Os voy a dejar aquí la noticia necrológica que le han dedicado, porque me ha emocionado y me ha hecho sentir muy orgulloso de la cantidad de gente que quería bien a mi abuela y que recuerda con cariño a mi abuelo a pesar de los años que han pasado desde aquel lejano 12 de marzo de 1980 en que rindió su vida.
En este caso, son tres los difuntos de la Asociación que aparecen en este número. Os pondré a los tres para que veáis que el trato que dan a mi abuela es especial, un poco más cariñoso y sentido, porque así es el sentimiento de los directivos de la Asociación que, al enterarse de la noticia, recordaron a mis abuelos, sus años de juventud, y lo buena que era mi abuela con todos.
NOTAS NECROLÓGICAS
Un estimado suscriptor de nuestro “ECO”, muy identificado con la línea del mismo, VALENTÍN GARCÍA MARÍN, falleció el pasado 11 de marzo, en Elche. Nos unimos al dolor de su familia, a quienes reiteramos nuestro pésame.
También con el mismo sentimiento de dolor, recogemos hoy la omisión involuntaria en el número anterior del fallecimiento de JUSTO NAVARRO SÁEZ, hijo de nuestra estimada Hija de María, Asunción Sáez, viuda del veterano congregante Justo Navarro Caballero.
Y en la fecha tan señalada del pasado Jueves Santo, entregada su alma al Señor la que fue también Hija de María en su juventud, FABIANA BARCELONA PADILLA, viuda de un querido congregante, Juan Corbí Martínez, cuyo nieto Juan, nos transmitió el recuerdo emocionado de sus abuelos. A toda la familia le reiteramos estos sentimientos de afecto, junto con la oración extensiva por el eterno descanso de los difuntos que hoy traemos a estas páginas.
Y yo no puedo más que agradecer públicamente a los directivos de la Asociación y de la revista estas especiales y sentidas palabras de cariño, de calor y de consuelo. Muchas gracias por este trato “destacado” que le habéis ofrecido también en su despedida, por mantener vivo su recuerdo, por haberle hecho tanto bien y por recordarla con tantísimo afecto.
Muchas gracias especialmente a Don Antonio Sánchez, secretario de la Asociación que es quien, paciente y cortésmente, me ha atendido a todos los mensajes que le he enviado y me ha hecho conocedor del muy sentido pésame de toda la Junta Directiva. Gracias por el cálido trato que me has brindado.
Saludos a todos. No hay maneraNada. Que no hay manera.
Esta mañana, como os comenté ayer, fui a la Calle García de Paredes en la que se encuentra la Basílica de La Milagrosa y, al lado, una librería y tienda de objetos religiosos.
Antes de entrar en la tienda, pasé a la Basílica pues no la conocía. Es la primera vez que he estado allí. Y, la verdad, no puedo engañar a nadie, me ha gustado mucho. No tiene muchos barroquismos, pues son tres naves sencillas, con sus arcadas y los nervios de éstas, pero pocas imágenes. Solo hay una capilla dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, nada más entrar. El resto son tres o cuatro imágenes pequeñas que están en las naves menores de la Basílica. El Altar y los ambones son muy bonitos. Una de las cosas que más me han gustado han sido las vidrieras y el órgano que está encima del portón de entrada. La Basílica está llena de vidrieras, tiene un bonito rosetón sobre el portón y el órgano es enorme. Debe ser un placer escucharlo.
Sin duda, me he quedado sin palabras cuando, a la altura del Altar, he alzado la vista y me he topado con esa imagen tan preciosa de La Milagrosa. Preciosa, esa es la palabra que mejor la define. Aunque está a una altura considerable, pude apreciar la belleza y delicadeza de sus detalles, su gesto apacible y sus preciosos rayos brillantes saliendo de las manos. Y me he quedado mirándola -y rezando- un rato largo.
Minutos después, he salido de la Basílica y, después de sortear a una rumana que andaba por ahí pidiendo y que me ha perseguido un buen rato -seguramente confundiéndome con Brad Pitt o con el polaco Darek-, he entrado en la tienda. Una maravilla. No me he fijado ni en los libros, ni en los cartelones, ni en las casullas, ni en las patenas, ni en los rosarios, ni en nada más que en las imágenes. Las había de todos los tamaños en madera: para poner en casa. Y muy bien pintadas. Una preciosidad. Me ha dado gana de enganchar alguna, pero en casa ya tengo la de la abuela que, aunque esté un poco vieja y maltratada (porque mi abuela la colocó en el cementerio y luego hubo que restaurarla como bien se pudo porque se quedó fatal), la quiero un montón.
Acto seguido, he preguntado a la dependienta si tenían imágenes de La Milagrosa para exterior. Me ha dicho que sí. Que tenían en fibra de vidrio y que eso era muy resistente porque es el mismo material del que están construidos los barcos. Me ha llevado al sitio donde las tenían. Otra maravilla. ¡Qué imágenes más bellas! Son blancas, pues la pintura en el cementerio se pierde y se quedan feas y es preferible venderlas sin pintar. Pero qué imágenes más bonitas y detallistas. Las había sin pintar o de fibra de vidrio bañada en bronce. Las que había eran de 60 centímetros. Y tenían muy buen precio, no como en otras tiendas…
Viendo que la tragedia se avecinaba, le pregunté a la educada dependienta si me podían hacer una igual de bonita, pero que fuera de 30 centímetros. Se extrañó y me dijo que no. Yo le insistí y pasó a consultarlo a la trastienda. Entre tanto, yo recé y volví a rezar porque volviera al mostrador con una respuesta afirmativa. Volvió al cabo del rato diciendo que lo sentía, pero que no. Que no porque a ese tamaño (30 centímetros) poca gente trabaja pues los gastos de fabricación son muy grandes y no sé qué más historias.
Que la de menor tamaño era de 60 centímetros. Y, a partir de ahí, podía comprar una imagen tan grande como yo la quisiera.
Pero, claro, nuestra hornacina es de 30 centímetros, no puedo hacerla más grande, ni puedo cargarme la lápida, ni cosas de esas. ¿Es que nadie hace imágenes bonitas de La Milagrosa de 30 centímetros de alto, en marmolina, fibra de vidrio o con baño de bronce?
Pues parece ser que nadie las hace. La semana pasada ya estuve por las Calles Mayor, Arenal, Coloreros, Bordadores, Marqués Viudo de Pontejos, Plaza de Jacinto Benavente, La Paz y toda esa zona de la Puerta del Sol. Pero nada. Las había de 30 centímetros en marmolina o en bronce, pero eran feas hasta decir basta, escuchimizadas y flacuchas.
Muchas gracias a tod@s los que, en la entrada anterior, me habéis dejado comentarios sugiriendo posibilidades. No conozco ya más sitios en Madrid y quizá en las provincias de Toledo y Guadalajara haya artesanos que hagan imágenes de estas. Pero, claro, no tengo medios para ir para allá, ni voy a ir a ver si hay para que luego me digan que solo las hacen a partir de 60 centímetros. Y, desde luego, tampoco es necesario que os molestéis vosotr@s en remover Roma con Santiago, pues imagino que en vuestras ciudades ocurrirá exactamente lo mismo. Aunque ese detalle que habéis tenido conmigo, os lo agradezco mucho. Sois geniales.
Así que, nos resignaremos. Confiaremos en que, como dice Pepe Rey, mi abuela está con la Virgen de verdad, la original, y que no necesita para nada una imagen, ni demás cachivaches materiales a los que los vivos nos apegamos con tanto absurdo ahínco.
Por cierto. Aprovechando que estaba en Madrid, me dirigí a la Comisaría de la Calle Doce de Octubre para renovarme el DNI. Resulta que lo tengo caducado desde marzo, maldito mes. Y, con todo el ajetreo en que me he visto envuelto, no he podido renovarlo o se me ha olvidado.
Pues allá que me he ido tan contento. Pensando, inocente de mí, que lo iba a renovar e iba a regularizar mi situación en mi país. ¡Y una porra! Llego a la Comisaría y un señor me pregunta por mi cita.
-¿Qué cita?, le pregunto. -Pues la cita que hay que pedir para hacerse el DNI, me contesta.
A lo que yo pregunto: -¿Desde cuándo hay que pedir cita para hacerse el DNI?, pregunto. -Desde ayer, me contesta.
Hay que fastidiarse. Qué casualidad. No podía haber sido de otra manera. Justo el día antes al día elegido por mí para hacer este trámite. No podía haber sido un día después. No. Tenía que ser un día antes y fastidiarme el plan y, de paso, hacerme perder el tiempo. Como siempre. Así que ahora tengo que pedir cita o entrar en la página www.dnielectronico.es para pedir la cita.
Por esta razón, aún sigo siendo un sin papeles, sigo sin tener regularizada mi situación en mi país y me llamo Juan y nací en Cartagena porque lo dicen mis padres, no porque lo ponga en mi DNI caducado. Soy un ilegal desde hace dos meses. Ahora voy a ver qué me dicen en esa página, cuya existencia desconocía hasta el día de hoy.
Pero bueno, mirémoslo por el lado positivo. Aunque yo siga siendo un sin papeles y haya perdido el tiempo, esto ha servido para conocer esta página, para que yo os la ponga aquí y, así, vosotros no perdáis el tiempo cuando se os caduque vuestro DNI. Que ya sabéis lo que hay que hacer…, pedir cita como en el médico.
Saludos a todos. AsqueadoAsqueado de la vida. Sí, señoras y señores. Así me siento hoy. Asqueado de la vida por todo y por nada. Ni más más, ni más menos. Revuelto, incómodo. Un asco.
Me gustaría escribir más aquí, pero no me salen las palabras, ni tengo el mismo interés que tenía antes de que pasara lo que pasó. Pasan los días y apenas escribo, escribo menos. Y, sin embargo, antes escribía más a menudo y “quería” a mi blog. Ahora, hay muchas cosas que si no me desagradan, sí me resultan difíciles de continuar o engorrosas.
Mañana por la mañana quiero ir a Madrid, a una tienda de objetos religiosos que hay junto a la Iglesia de La Milagrosa. Evitaré decir la calle de la que se trata, no vaya a ser que, con mi físico fibrado, mi cara de Brad Pitt y mi tez morena, las fans y admiradoras no me dejen en paz.
La semana pasada estuve buscando por tiendas del centro de Madrid. Quería encontrar imágenes de La Milagrosa para exterior, para cementerio, de unos 30 centímetros, bien en bronce, bien en marmolina.
Encontré algunas, pero eran unas imágenes feísimas. Una dependienta de una de esas tiendas, que no debía apreciar mucho su negocio por lo que se ve, me dijo que consultara en otra tienda, en la tienda a la que voy a ir mañana precisamente. Tienda que está especializada al parecer en imágenes de La Milagrosa.
A ver si tengo suerte porque me estoy cansando. ¿No conoceréis vosotr@s alguna tienda o artesano que trabajen haciendo imágenes religiosas, aunque sea en provincias limítrofes con Madrid, verdad? Si las conocéis, decídmelo o dejadme la página Web para que pueda contactar con ellos.
Espero encontrar la imagen que busco. En cualquier caso, luego me iré a comprar el Episodio Nacional de Galdós que me falta. El de Bailén.
Y poco más. Espero volver a casa con la promesa de que, en el tiempo que tarden en hacerla, tendré una imagen de La Milagrosa para ponérsela a mi abuela en el cementerio. La imagen que se merece, una imagen guapa y elegante, como era ella. Un regalo a título póstumo si se pudiera decir así, para que mi abuela descanse en paz en compañía de los suyos y de la Virgen a la que, que bajo la advocación de la Milagrosa, ella quiso y rogó tantísimo. Saludos a todos. 20.000 entradas yaHoy, a eso de las 00:30 horas de la madrugada, este espacio superaba las 20.000 visitas. Y, ahora, ya son las 20:46 y se han alcanzado las 20.100 visitas.
Eso os lo debo, en efecto, a vosotros que me honráis con vuestras visitas y comentarios. Sois el alma y la razón de ser de este blog y me enorgullece haber alcanzado esta cifra simbólica. No sé si serán muchas o pocas entradas, pero lo cierto es que a mí me parecen una barbaridad pues solo ha pasado año y medio desde que abrí este espacio.
Pero también se lo debo a todos aquellos visitantes anónimos que no me dejan comentarios alguno pero que sé que entran y que vienen buscando cosas como éstas:
1º.- Vida privada de Vicente Fernández al enterarse de que su hijo Alejandro Fernández es homosexual.
2º.- Cazar jabalines.
3º.- Los mejores tenistas de Arganda.
4º.- Lecciones del día de la madre.
5º.- Concierto Radiolé. Torrijos 2008.
6º.- Reina de Arganda.
7º.- Tradición rumana de ofrenda floral a los difuntos.
8º.- Cuatro veces campeón del mundo de Fórmula 1.
9º.- Fotos no censuradas de zoofilia.
10º.- Cátedra de Bioquímica Space Live.com
11º.- Escuchar la música de Paquito el Chocolatero.
12º.- El Risitas y el Cuñao corriendo en una carrera.
13º.- Burradas y paletadas.
14º.- Sergio Rivero homosexual.
15º.- San Fernando de Henares (Adrián).
16º.- Dibujos de vacas asturianas.
17º.- Sofares de calidad.
18º.- Vídeos de pesca de pardillas.
19º.- Camión cisterna CAMPSA.
20º.- ¿Quién canta la canción de mi prima Celia?
21º.- Culos pelúos.
22º.- Amigo, RENFE, Boda, Arturo Pérez-Reverte.
23º.- Algo más sobre Miguel Gila y su teléfono.
24º.- Un, dos, los microfonos, olé, los microfonos, proba proba, los microfonos, sin amor, los microfonos, cuatro cinco, los microfonos.
25º.- Yegua rocina.
26º.- Bioquímica del colibrí.
27º.- Vestidos femeninos del Califato. Fotos.
28º.- Iosu. San Juan nacional.
29º.- Micrófonos ole proba sexo lindas mercados calados tetas culos mundos micrófonos ole proba sexo lindas mercados calados tetas culos mundos micrófonos ole proba sexo lindas mercados calados tetas culos mundos.
30º.- Enrique es un chico que vive en Zaragoza y tiene 14 años.
31º.- Raza que mataba a los negros.
32º.- Gemelas Oviedo Yoli.
33º.- La increíble aventura de Pocholo y Borjamari.
34º.- Letra de la canción de Los Morancos, Omaíta.
35º.- Buscar fotos de gente de Cartagena poniendo su nombre.
36º.- Guarrilla de la UAX [Universidad Alfonso X el Sabio].
37º.- La "locura" de Níjar por Carlos III.
38º.- Candidatos elecciones 2007 en Paterna del Río, Almería.
39º.- Investigar sobre el estadio Félix Sánchez.
40º.- Culo de Susana Zabaleta.
41º.- Colombiana de un Caballero Legionario.
42º.- José Ortega Cano, foto familiar.
43º.- Barrenderos mosqueados.
44º.- Compañero de piso, Adrián, Cartagena.
45º.- Encarna Sánchez, Torrelodones, cojones.
46º.- Sadam Hussein chaqueta marrón.
47º.- Fotos de las esclavas en El Sardinero.
48º.- Putas de Arganda.
49º.- Usa la lavadora y el lavavajillas a plena carga.
50º.- Alfredo Martínez Almécija Sergio Helena.
51º.- Notas musicales canciones de despedida de preescolar.
52º.- www.youtube monerri.
53º.- Primica, Carlos Blanco.
54º.- Los madrileños no ven a una chica fea.
55º.- Coches molones.
56º.- Discotecas de ambiente, Italia.
57º.- You Tube vídeo qué borrachera Miguel Poveda.
58º.- Toas las centrales térmicas.
59º.- Cómo se llaman las plantas ornamentales.
60º.- Ver muchas fotos de negros gays en acción.
61º.- UEMC, gentuza.
62º.- Vídeos de San Juan Bautista en Alonso Huelva.
63º.- Carlos y Camilla.
64º.- Las mejores canciones de Dyango, una canción sobre borrachos.
65º.- Guarras cartageneras.
66º.- Dibujo Ana Belén en élfico.
67º.- Teléfono de Francisca Viveros Barradas.
68º.- Jorge Morales García profesor de Secundaria en Cartagena España.
69º.- Modelos VIP cartageneras.
70º.- Arreglar un grifo monomando.
71º.- George Mohama.
72º.- Principios de economía judía.
73º.- Vídeo del cateto y Tata Golosa.
74º.- Vídeo elecciones Trabajadores Públicos Rebotados.
75º.- Huerta heráldica en Arganda.
76º.- Tengo camiones y quiero publicitar.
77º.- Letra de canciones de Los Galos.
78º.- Sexo con burros.
79º.- Fotos verdaderas de zoofilia.
80º.- Futbolistas naturistas.
Muy fuerte. Aún no he salido de mi asombro. En fin, saludos a todos y feliz fin de semana. Tu cumpleañosAyer, Jueves 8 de Mayo, llegábamos a la séptima semana de tu partida. ¡Qué lentos están pasando los días! Los hay que se me hacen eternos. Este puente del 1 y 2 de Mayo ha sido horrible. Acostumbrado como estaba a irme contigo, lo he echado mucho en falta. Parece que me faltaba algo, pues he pasado los cuatro días sin apenas salir de casa y de mal humor continuamente. Claro que ya me puedo ir preparando para el verano que se nos acerca, pues bien sabes que solía irme contigo mes y medio. Entre esa falta, tu ausencia y que los días se me hacen eternos y las horas parecen semanas y las semanas meses, va a ser muy duro.
Y hoy, Viernes 9 de Mayo, habrías cumplido 77 años, de no ser porque Dios se sirvió llevarte consigo el pasado Jueves Santo, día en que los creyentes celebramos que murió su propio hijo. ¡Qué día más grande y especial! No podía ser de otra manera tratándose de ti precisamente.
El mundo, sus agobios, mis compromisos de todo tipo a los que intento atender -a trancas y barrancas desde que te fuiste- y demás circunstancias, me impiden hablar contigo todo lo que yo quisiera. Por mí, estaría todo el día de charleta contigo. Pero no me dejan y apenas encuentro huecos para reunirme contigo, contarte y que tú me cuentes.
Eso sí, cuando encuentro esos huecos y me pongo a hablar contigo en un sitio concreto -ese sitio en el que tú encontraste tanta ayuda, tanto consuelo y tantos buenos amigos-, siento una inmensa alegría. Ojalá pudiera hacerlo todos los días a todas horas. Siento algo muy fuerte a la altura del corazón y de los pulmones. Un algo que parece que se me va a salir por la boca cada vez que hablo contigo. Soy muy feliz entonces aunque, como bien sabes tú, nada ha vuelto a ser lo de antes. Es evidente que una parte de mi se ha ido contigo y que mi corazón está transido de dolor desde entonces. Un dolor muy fuerte, permanente, que no se va y que presiento que se va a quedar conmigo hasta el final de mis días.
Pero cuando me reúno contigo en esos raticos, ese dolor parece que se me hace menor. Siento algo a la altura de los pulmones que me turba y, al mismo tiempo, me llena de alegría. Quizá sea el alma, pues tú y yo no hablamos, sino que nos susurramos cosas de alma a alma. Y cuando salgo de ese lugar y vuelvo a la calle, parezco otro, aunque esa alegría parece que se diluye poco a poco a lo largo de la semana.
Deseando estoy de que llegue el verano y el final del curso, pues será entonces cuando pueda dedicarme a reflexionar, a pensar y a dedicarte el tiempo que te mereces. Pues eso me hace mucho bien, me tranquiliza y me emociona.
Por esa falta de atención te pido disculpas, mi querida abuela, yo que tantas atenciones tuve siempre contigo, atenciones y cuidados de los que me siento tremendamente orgulloso y también feliz de que los pudieras disfrutar. Unos cuidados que no me costaba darte pues tú tenías algo que, desde que te conocí, me cautivó. Quizá esa dulzura y esa bondad que rebosaban de tu interior y, por supuesto, ese cariño especial con el que siempre distinguiste a tu nieto más querido. Unos cuidados que me parecían de justicia pues los merecías, después de haberte desvivido por los tuyos cuando eras joven. Y yo que te los dí, aun a sabiendas de que de poco te servían pues ya había quien, por su parte, se encargaba de que esos cuidados y atenciones quedaran en nada y tú vivieras de disgusto en disgusto y siempre con el corazón a punto de salir por la boca.
Pero quizá esa falta de atención nazca de la seguridad que tengo de que estás en un buen sitio, de que estás donde mereces estar, entre los mejores, de que allí nada te duele y todo es felicidad. La seguridad de que mi querida abuela sigue ahí, pero en otro estado. De que, habiendo disfrutado de su nieto, partió el Jueves Santo pasado a volver a disfrutar de los que se habían ido de su lado hace ya tantísimos años. Y con ellos está, tan feliz, sin sufrimiento, sin dolores, sin hospitales, sin máquinas de oxígeno y, sobre todo, en paz. En esa paz que, aunque merecías, no fuiste capaz de encontrar plenamente en vida.
Hoy, como todos los días, me he acordado de ti. Pero como es tu cumpleaños, es un día especial. Un día que yo solía hablar contigo y felicitarte. Ahora no te puedo llamar, pero sí puedo felicitarte y recordar las veces que nos llamábamos y nos contábamos cosas el uno al otro casi todas las noches. Pero la noche del 9 de Mayo era especial, pues la conversación era más larga y todos te felicitábamos. Ahora lo hago también porque sé que estás al otro lado y que, como antes, me escuchas aunque de manera diferente.
Y lo dejo ya, que no quiero llorar de nuevo. Aunque, para qué te voy a engañar. Siendo el día tan señalado, no será nada raro que lo haga. De hecho, supongo que lo haré pues me sale solo y ya me está entrando la típica congoja -esa que te sube por la garganta y no te deja hablar- que suele aparecer en estos casos, antes de comenzar a llorar. Felicidades. Descansa en Paz. ¡¡Y más premios!!Ayer sucedió un fenómeno paranormal en este espacio. De repente, y sin comerlo ni beberlo, una de mis amigas me dejó más de veinte premios de golpe y porrazo en mi libro de visitas.
Yo, que apenas he recibido premios en mis casi dos años de vida bloggera, ahora me encuentro con que tengo el espacio más laureado de la Red
Y yo que le agradezco todos esos premios pero, hija mía, por favor, también me los podías haber dado poco a poco, dosificados, para que los hubiera podido disfrutar más y, así, presumir de ellos. Pero bueno, no importa. Ahí los tenéis, en mi nuevo álbum de fotos (álbum que he creado para almacenarlos todos ahí
Muchas gracias a todos y, en especial, a Cartulina por todos estos premios y distinciones. Visto lo visto, creo que estoy en disposición de pasarme otros dos años en sequía de premios, pues se puede afirmar que, hoy por hoy, yo tengo en mi vitrina todos los premios habidos y por haber de los Live Spaces.
Saludos a todos.
Como eran tantos premios a la vez, no sabía cuál de ellos seleccionar para poneros una imagen en esta entrada. Pero acabo de recibir un comentario de la propia autora de este aluvión de galardones donde me dice que éste es el que más le gusta.Pues nada, éste ha sido el elegido por Cartulina para lucirlo en esta entrada. Peticiones a la carta. Satisfaciendo los deseos y gustos de mis lectores. Otro premio...Está visto que todos los premios que no me han llegado en año y medio de existencia, se me van a conceder en apenas dos semanas
Y yo que os los agradezco muchísimo. En este caso, las responsables han sido Rosa y Estrella que me han concedido el
PREMIO AL SPACE MÁS ORIGINAL
Les quiero agradecer el gesto que han tenido otorgándome este curioso premio y que me hayan alegrado el día, pues se va acercando una fecha que me está poniendo bastante triste y de malhumor.
Muchas gracias por vuestras visitas, vuestro apoyo y por estar ahí. Saludos, abrazos y besos para todos. Día de la madrePara celebrar -con algo de retraso- el Día de la Madre me voy a autocitar. Hace un año escribí este texto en homenaje a mi madre. En la seguridad de que no lo habéis leído, pues apenas os conocía por aquel entonces, lo vuelvo a poner. Muchas felicidades a todas aquellas que sois madres y que hoy habéis tenido hijos que han tenido algún detalle -por pequeño que haya sido- con vosotras. Gracias por existir y por ser como sois. HOY -Y SIEMPRE- POR ELLA A esa mujer que, en un acto de generosidad sin límites, me concedió -¡me regaló!- la vida hace ya casi veinticuatro años -y tuvo el maravilloso detalle de no hacerlo en Nueva Bucarest y sí en Cartagena-, A esa mujer valiente que ha sabido sacar adelante a su familia con autoridad y grandes dosis de cariño, A esa mujer que me enseñó a leer mis primeros cuentos cuando los demás chiquillos de mi edad aun chapurreaban sus primeras palabras, A esa mujer que tuvo la suficiente paciencia para enseñarme a leer, para revisar mis deberes y preguntarme las lecciones del colegio día tras día, A esa mujer que de niño me hizo tan feliz a cada momento del día y en cualquier parte, A esa mujer que me colmó de todo lo necesario para que yo creciera sano, fuerte, recio y, sobre todo, feliz en compañía de un padre excelente y trabajador, A esa mujer exigente que me ha enseñado que nada me regalarán en la vida y que todo tengo que lucharlo por mí mismo, A esa mujer digna y decente que supo hacerse valer y escoger a un buen hombre para que fuera un brillante padre para su hijo, A esa mujer que siempre ha estado ahí cuando la he necesitado, incluso en los momentos más desagradables de mi vida, A esa mujer que es mi confesora, mi principal fuente de consejo y mi maestra personal de la vida, A esa mujer que me ha enseñado el valor de la disciplina, la seriedad, la formalidad, el amor, las buenas formas, la educación, el respeto y la admiración por el trabajo bien hecho, A esa mujer que me ha enseñado a valorar a la mujer por lo que es y por lo que vale, no como mera mercancía de placer, A esa mujer que me ha hecho cabezota, responsable, terco e incansable en el trabajo, A esa mujer que me ha enseñado que antes hubo otras mujeres con tantos méritos como ella y a las que, por ello mismo, adoro: mis abuelas, A esa mujer que me ha enseñado a respetar profundamente a los que desgraciadamente ya no están entre nosotros pero que siguen nuestros pasos atentamente desde no sabemos muy bien dónde, A esa mujer que me ha enseñado a hablar y a escuchar íntimamente a los que ya no están aquí, A esa mujer que me ha hecho ser fiel y respetuoso con mi pasado familiar, A esa mujer que me ha dado tantos cuidados desde que fui un bebé y que me los sigue dando hoy en día sin pedir o esperar nada a cambio y con total entrega, A esa mujer que me ha enseñado a valorar la virtud, la seriedad, la sabiduría y el buen hacer en el resto de las personas, A esa mujer que me ha enseñado a saber elegir a mis amigos que lo siguen siendo hoy, como lo son desde los tiempos del parvulario, A esa mujer que me anima todos los días a seguir adelante, A esa mujer que me despierta por las mañanas y me lo da todo hecho para que no tenga de qué preocuparme y puede dedicarme en cuerpo y alma a mis obligaciones, A esa mujer que se preocupa más que yo -que ya es decir- por lo que será de mí en el futuro y si conseguiré o no la meta que me gustaría alcanzar, A esa mujer, fuerte como un roble, que nunca revela sus sentimientos, dolores y preocupaciones -que los tiene, y muchos- porque no quiere que piense en ello y que me preocupe de cosas accesorias o en las que no debo, según ella, gastar demasiado tiempo y fuerzas, A esa mujer virtuosa y sabia que me ha hecho como soy, A esa mujer de quien he aprendido a darle vueltas mil veces a los problemas y a ser poco pasional y entregado con los demás, A esa mujer que me ha enseñado a tomar decisiones pausadamente e insistir en ellas hasta el final una vez que han sido tomadas y bien pensadas, A esa mujer que me ayuda en todo y siempre me aconseja, A esa mujer, la más guapa del mundo, A esa mujer, la más íntegra, A esa mujer que me ha enseñado a apreciar la música, A esa mujer que nunca se cansa, que nunca reniega, ni se queja quejo de dolores o de cansancio físico, A esa mujer a la que espero le quede mucho por vivir y a la que necesito tanto a mi lado todavía, A esa mujer para la que pido una larga vida en compañía de todos nosotros,
A esa mujer, mi madre, un TE QUIERO inmenso en este día de la madre.
Va por ella. TE QUIERO, MAMÁ Dos de MayoAunque no estoy precisamente para celebraciones, pues no logro salir del bajón que me dio el otro día y no soy capaz tampoco de quitarme este mal humor que se me pone a consecuencia de ello, vamos a “festejar” que hoy se cumplen 200 años, -dos siglos-, de ese levantamiento popular que Madrid vivió en contra de los invasores franceses.
Unos invasores que, en virtud de los tratados y acuerdos alcanzados entre el Rey de España -Carlos IV- y el Emperador de Francia -Napoleón I-, extendían su presencia y control cada vez más por toda la Península, especialmente por la capital del Reino.
Un levantamiento contra aquella incómoda presencia que fue el origen y comienzo de la Guerra de la Independencia que se extendió hasta 1813, año en que se devuelve la Corona a la dinastía anteriormente reinante, encarnada concretamente en la persona de Fernando VII. Una Guerra donde los españoles obtuvieron la victoria gracias a sus altas dosis de valentía y arrojo, no tanto por su superioridad militar -que no era tal, desde luego-.
Como la historia de aquella memorable jornada madrileña, así como la de la Guerra de la Independencia, la podéis encontrar en cualquier libro, enciclopedia o en Wikipedia, os dejo un fragmento de una proclama que la Corporación Municipal de Madrid -el Ayuntamiento- dirigió a los madrileños allá por el año 1837, para conmemorar el XXIX aniversario del levantamiento de 1808.
Y decía así:
Habitantes de Madrid: vuestro Ayuntamiento constitucional, al ver cercano el aniversario del día más glorioso para esta población y más memorable en los anales de la nación española, os dirige su voz para indicaros que ha llegado el momento de los más nobles y heroicos recuerdos, EL DÍA DOS DE MAYO. En él, apellidando independencia, hicisteis temblar el solio del guerrero más afortunado del siglo, y ofreciendo vuestras vidas en las aras de la Patria, dísteis a conocer al Universo que un pueblo decidido a ser libre desprecia las huestes numerosas de los tiranos.
Proclama del Ayuntamiento constitucional de Madrid, El Eco del Comercio, 1-V-1837, p. 4; en ÁLVAREZ JUNCO, J. (2001): Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, Taurus, Madrid.
Feliz día de la Independencia.
Monumento a los Héroes del Dos de Mayo, -Monumento a los Caídos por España desde 1985-, sito en la madrileña Plaza de la Lealtad, inaugurado en 1840 y levantado por Isidro González Velázquez (1765-1840) en el lugar en que el General Murat mandó fusilar a muchos madrileños después del Levantamiento del Dos de Mayo de 1808. Lo confiesoConfieso que esta noche he llorado. Fue al acostarme. Ocurrió que, cuando apagué la luz de la mesilla, comencé a recordar los veranos tan llenos de felicidad que yo pasaba junto a mi abuela en Torrevieja.
Los dos, tanto ella como yo, estábamos “enamorados” de aquella casa. Un pequeño apartamento sobre un gran acantilado desde el que, tanto por la terraza de delante como desde la terraza de atrás, se puede ver el mar, ese mar maravilloso que es el Mediterráneo.
Cuando ella era joven iba a la playa con alguno de sus hijos y se pasaba allí las temporadas estivales enteras: desde el día de San Juan (24 de Junio) hasta mediados de septiembre. Así, año tras año.
Cuando comenzó a ponerse enferma de los pulmones, tan solo iba cuando yo lo hacía. Entonces, cuando yo acababa mis estudios y sabía todas mis calificaciones de los exámenes finales de Junio, hacía la maleta, me iba a Cartagena y, una o dos semanas después, cuando nos cansábamos de aguantar tanto calor, nos íbamos a Torrevieja a pasar mes y medio, desde mediados de Julio hasta principios de Septiembre.
Allí se le curaban todas las enfermedades. Sorprendentemente, aunque se pasara todo el invierno anterior ingresando en el Hospital, llegábamos a Torrevieja y se olvidaba de los médicos. Nunca jamás fue necesario salir corriendo con ella por alguna urgencia médica. Jamás.
Y eso era, como sus amigas y vecinas decían, porque yo, su querido nieto, tenía algo especial. Algo especial que le hacía sanar, que le devolvía la vida, que la curaba. Ese algo especial no era otra cosa más que amor. Amor verdadero. Y amor de ese que nace de la más profunda admiración hacia una mujer, mi abuela, tan especial como ella lo era. Un amor de un nieto que la quería con locura y que la admiraba. Lo malo es que, cuando me tocaba volver a Madrid, ella se quedaba sola, sin ese amor, y volvía a recaer en su enfermedad.
Dicen que el amor no se puede olvidar, y es verdad. Pero también es verdad que el amor, cuando es sincero y entregado sin límites, mueve montañas, sana y cura todas las dolencias. Ese amor me llevaba a ser su lazarillo, a no tolerar que ella cogiera peso, que hiciera algún sobre-esfuerzo o que trabajara con las labores de la casa. Yo solo le dejaba hacer la comida, cualquier cosa para comer:
-Nada complicado, abuela. Le decía yo, a sabiendas de que ella sabía que yo siempre fui de buen comer y que con cualquier cosa me quedaba satisfecho.
Lo demás -comprar, fregar, ordenar la casa, etc.- lo hacía yo. Y no lo hacía para que sus amigas dijeran lo bueno que yo era, sino que me nacía de lo más profundo de mi corazón. Se lo hacía a ella. Siempre me pareció injusto verla trabajando, cuando yo soy más joven que ella y podía hacer lo mismo, evitándole esfuerzos innecesarios a ella. Es decir, es mi mano estaba darle dos meses de tranquilidad, descanso y auténticas vacaciones. Y nunca le negué ese descanso porque se lo merecía.
Por la mañana temprano, a eso de las 10:00 horas de la mañana, nos bajábamos a darnos un baño a la playa. A esas horas había poca gente y ningún peligro de que alguien pudiera darle algún golpe sin querer, algo que había que evitar pues ella tomaba Sintrom y, con cualquier golpe, sangraba sin parar.
Lo primero que hacíamos era andar un poquito por la orilla. Siempre me decía que ella tenía que andar por la orilla del mar, pues la doctora le decía que andar por donde rompen las olas es muy bueno para la circulación sanguínea de las varices. Ella tenía muchas y muy grandes varices.
Cuando la pobre se cansaba, dábamos media vuelta y nos íbamos a donde nos solíamos bañar, donde no había piedras. Poco a poco, nos íbamos metiendo en el agua. Ella agarrada a mí fuertemente para no caerse y yo mirando al fondo del agua, para comprobar que no hubiese piedras con las que se pudiese tropezar y lesionarse.
A esa misma hora, solían bañarse sus dos mejores amigas de los apartamentos: Matilde -de Murcia- y Mari -de Elda, Alicante-. Allí se quedaban en remojo, hablando de cualquier cosa, un buen rato. Había veces que se tiraban hablando una hora en el agua. Y yo, mientras tanto, me iba un poco más para adentro, para poder nadar mejor y sin que nadie me molestase. Pero siempre pendiente de ella, pues cuando me hacía una señal con la mano, eso significaba que quería salirse, quería que nos subiéramos a desayunar.
Y así hacíamos. Subíamos, nos cambiábamos, y yo enjuaga los bañadores y empezaba a hacer los cafés y las tostadas. Unas tostadas de tomate, aceite y sal que ella me enseñó a hacer, pero que nunca me salieron como a ella. Claro, es natural, ella me las hacía con tanto cariño que, solo por eso, ya hacía de ellas unas tostadas imposibles de imitar y riquísimas aunque fuesen fáciles de hacer. A los dos nos encantaban esas tostadas, nos poníamos morados.
Y, después, fregar los platos del desayuno, darle su ración de pastillas matinales y dejarla descansando en esa maravillosa terraza en la que ella prácticamente vivía. Una terraza con vistas al mar en la que ella era muy feliz, pues a ella le encantaba el mar. Y allí, con su batica fresca, se ponía a ver a la gente cómo se bañaba y a leer el Evangelio del día.
En ese momento, yo me dedicaba a hacer cosas de la casa. Y, de repente, oía su voz que me llamaba:
-Juanico, ¿qué haces?
Y, en ese momento, iba a la terraza a decirle lo que estaba haciendo y, de paso, a darle un beso. Ella sonreía y me decía:
-Ay, qué ver. Qué nieto más pamplinero tengo.
Y yo, dejaba lo que estuviese haciendo, para sentarme al lado suyo a hablar de lo que fuera o, simplemente, a estar a su lado.
Cuando se nos echaba la hora encima, nos poníamos con la comida. Bajábamos a la tienda a comprar lo que necesitáramos para hacer la comida de aquel día y para cenar después. Bajar a la tienda significaba estar más de una hora -a veces- en la tienda, hablando con unos vecinos o con otros y, finalmente, ir a casa de su amiga Matilde a ver qué estaba haciendo de comer y, de paso, hablar un ratico con ella.
Después de comer, se sentaba en su sillón a dormir una larga siesta. Hasta que llegaba la hora del Sintrom. A esa hora, las 17.30, la despertaba, le hacía tomar la pastilla en la dosis que le tocara y me decía que le sacara una silleta al pasillo. Y es que, en un rincón del pasillo, entre los ascensores y las escaleras, se ponían Mari y su marido Pedro, mi abuela, Matilde y, a veces, alguna vecina más a resolver los problemas del Gobierno y de España. Así pasaban sus tardes, hablando de todo y de nada.
Luego, a cenar y, finalmente, tocaba salir a la terraza, a sentarse de nuevo en su gran mecedora a mirar el mar de noche, el cielo y sus estrellas. Contaba las estrellas, me decía las que habían aparecido nuevas. También miraba al horizonte, a ver si se veía el faro de Cabo de Palos, donde ella pasó tantos veranos cuando era una chiquilla. Y, cuando menos te lo esperabas, se ponía a dormir. Dormía tan plácidamente, tan a gusto, que daba pena despertarla.
A las 00.30, la despertaba para que nos fuésemos a la cama, aunque debo decir que, en algunas ocasiones, cuando era más joven, llegó a quedarse dormida en su mecedora, al son del vaivén del mar, hasta las cinco de la madrugada.
Y así transcurrían nuestros días, los dos solos. Los demás iban y venían o bien pasaban temporadas más limitadas. Pero los que más tiempo pasamos allí, los que más disfrutamos de esa casa, fuimos mi abuela y yo, sin duda.
Pero ayer no me acordé solo de eso. Me acordé de que, en efecto, mucha gente de Torrevieja no sabrá aún que su amiga y vecina Fabiana, a la que tanto querían, ya murió. No sabrán que no la van a volver a ver. Y yo sé que, para algunas de esas personas, la noticia les va a suponer un buen disgusto pues, como en Cartagena, mi abuela era muy querida en Torrevieja.
Y cuando se enteren pensarán en ella, se acordarán de ella. Pero automáticamente, se acordarán de lo mal que lo ha debido pasar su nieto preferido, su lazarillo, el que siempre estaba con ella, el que la traía a Torrevieja, el que le daba tantos besos y el que era tan cariñoso con ella.
Por eso, he decidido que este verano, voy a ir a la playa. Sé que lo voy a pasar mal, pues esa casa me trae tantísimos recuerdos buenos -y alguno también nefasto- que creo que no voy a poder entrar en la casa de la emoción. Pero sé también que habrá mucha gente que querrá decirme muchas cosas, como en Cartagena, donde hubo gente que a mí me dijo muchas cosas antes que a su hijo o a sus hijas, porque son conscientes de que yo tenía con mi abuela una relación muy especial, que era quien mejor la entendía y quien mejor la conocía.
Pero es que, además, a principios de Agosto, se suele celebrar allí una Misa en memoria de los difuntos de aquella comunidad de propietarios. Yo no puedo faltar a esa cita e intentaré que esa Misa se la apliquen a ella, pues cada año hay que aplicársela a alguien en especial -los vecinos son cada vez más mayores y van muriendo poco a poco…-.
Eso me llevó a recordar que esa Misa se celebra en el marco de una pequeña fiesta que, año tras año, organizan los propietarios de esos apartamentos para conmemorar la inauguración del edificio allá por agosto de 1971. Traen un pequeño grupo de música y una noche organizan una chocolatada y, otra noche, una cena donde cada vecino baja lo que quiere y lo comparte con los demás. Después del chocolate o de la cena, baile amenizado con la música que cantan los músicos contratados.
Recordé que a mi abuela le gustaba mucho vivir esas fiestas. A ella le gustaba mucho compartir y siempre bajaba sus exploradores (empanadillas de pollo, huevo y azúcar glass) para compartirlos con los demás vecinos, al tiempo que me hacía un plato para mí solo pues sabía que me encantaban. Y le gustaba ver cantar a los músicos, ver bailar a los vecinos, e incluso hubo veces que se arrancó a bailar. Recuerdo una vez que bailó un pasodoble con el padre de un inquilino, qué bien lo bailaron. Y otra vez, recuerdo que me sacó a bailar a mí otro pasodoble, aunque este salió mucho peor. Le encantaban los pasodobles. Pero lo que más le gustaba era ver a toda la gente allí reunida, alegre y acercándose a ella para preguntarle cómo se encontraba y cómo estaba pasando el verano en compañía de su nieto.
Últimamente, en esas fiestas, se organizaban también campeonatos de Parchís, cinquillo y mus. A ella le encantaba el parchís y, un poco menos, el cinquillo. Era la campeona del parchís: ganó tres o cuatro veces el campeonato de parchís en Torrevieja. No en balde, en Cartagena, muchas noches de invierno las pasaba jugando con sus vecinas Fina y Clara, en casa de Fina. Es decir, estaba entrenada.
Al cinquillo ganó una vez también, si no mal recuerdo. Durante el último día del baile, se entregaban los premios a los ganadores. Eran premios simbólicos, pero muy cariñosos. Recuerdo, como si fuera ayer, cuando ella subía a recoger su premio simbólico. ¡Qué expresión más feliz! Y yo, orgulloso como estaba de ella, la esperaba abajo del escenario para darle muchos besos y algún que otro achuchón.
En definitiva, de lo que me acordé es de que ella ya no jugará más al parchís, no ganará más veces y nunca más podrá proclamarse campeona del parchís. Nunca más volverá a la playa, a bañarse con su nieto. Ni a pasar sus mañanas con Matilde. Sencillamente, nunca más volverá a su querido apartamento, en el que ella conservaba también tantos recuerdos.
Pero este año va a estar presente, porque yo me voy a encargar de que así sea.
He acabado de escribir esto a las 17:00 horas de la tarde. Es Jueves. Hace media hora, se han cumplido seis semanas de su partida que han pasado como seis siglos. ¡Qué duro está siendo! Descansa en Paz, abuelita, y recoge mis lágrimas como homenaje a tu memoria de tu nieto preferido.
Aquí os dejo dos fotos de los apartamentos de Torrevieja.
Allí, en un quinto, mi abuela y mis padres hicieron que yo pasara mis primeros veintiún veranos. Los veintiún veranos más felices que he vivido y que quedarán en el recuerdo para siempre. Mucho me temo que los recordaré como los veintiún veranos en los que más feliz he sido, veintiún veranos irrepetibles.
Gracias, abuelita, por haber puesto todo de tu parte para hacerme tan inmensamente feliz. Te quiero. Ya sabes que este verano, tú y yo, volveremos a Torrevieja. Y serás el centro de la noticia, la protagonista del año. Ya queda menos para ir a disfrutar de nuestra casita tú y yo. |
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