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    A mi padre.

    Hoy es el cumpleaños de mi padre. Cumple 54 años. Desde aquí le quiero felicitar, pues es seguidor número uno de este blog, y desear que siga por muchos años acompañándonos, haciéndonos felices y haciéndonos reír con sus cosas.

     

    Pero me tenéis que ayudar. Entre todos le tenemos que enviar fuerzas para que no desista de la dieta que le han obligado a seguir. Es una dieta muy severa, tanto como su mujer -mi madre- que con la dieta le lleva derecho como una vela, y sé que pasa más hambre que el perro de un ciego. Está muy obeso y empezando a tener problemas de huesos y artrosis. Debe cuidarse. A ver si me echáis una manita y le damos ánimos para que no deje la dieta y, así, evite darnos disgustos y hacernos pasar por situaciones desagradables en un futuro no muy lejano.

     

    Voy a contar una anécdota. En Semana Santa fui a la Biblioteca de la Facultad de Educación de mi Universidad. Iba buscando la famosa Enciclopedia Álvarez, aquella con la que han estudiado tantas generaciones de niños y niñas en la España de Franco. Era la primera vez que tenía la Enciclopedia en mis manos y, como tenía tiempo de sobra, le eché un vistazo por encima.

     

    Fijé mi atención en el capítulo de matemáticas, todo lo contrario de lo que yo iba buscando. Concretamente presté atención a los problemas propuestos para que los estudiantes los resolvieran. Eso me permitió recordar la difícil, por no decir imposible, relación que yo mantuve durante mi infancia y juventud con aquella asignatura del demonio.

     

    Leí tres problemas y no pude evitar sonreír. Me acordé de mi padre y de la paciencia que tuvo durante tantos años. Y es que, al llegar de trabajar o nada más levantarse después de toda la noche de trabajo, se ponía conmigo a explicarme lo que había dado ese día en clase de matemáticas. Me lo explicaba mil veces, de la mejor forma que sabía. Me ponía ejemplos y parecía que los atendía. Pero…, cuando me dejaba frente a frente con algún problema de comprar-vender, con alguna ecuación de 2º grado o con alguna raíz cuadrada, parecía que todo se me había olvidado. Vuelta a explicar. Vuelta a equivocarme. Vuelta a explicar. Y vuelta a equivocarme. Y así pacientemente hasta que estallaba comprobando mi falta de comprensión y se desahogaba soltando algún grito de impotencia. Acto seguido se escuchaba a mi madre llegar por el pasillo para calmar los ánimos, intentando que no me frustrase.

     

    Recordé, pues, aquellas tardes enteras en las que mi padre me freía a base de problemas de matemáticas. Acababa yo con la cabeza loca y él desesperado. Así un día tras otro, incluidos los veranos y las fiestas de guardar. Una tortura.

     

    Muchas veces he pensado a quién he salido yo en este aspecto pues mi padre hizo una ingeniería y las cuentas las saca muy rápido. Mi hermana es como él, recuerdo que de pequeña no había cuenta sencilla que no resolviese en un pispas, utilizando incluso técnicas para hacerlas más fáciles y dejándome alucinado. Mi madre, por su parte, llevaba de soltera una tienda en Cartagena y ha hecho más números que un Ministro de Economía. Cada vez que va a comprar, no sale del Mercadona hasta que no ha hecho toda la suma de lo que ha comprado y ha comprobado que el cambio está correcto.

     

    Llegué a copiar los problemas matemáticos que me estaban trayendo tantos recuerdos. Dicen así:

     

    -Compré en Jijona 2 kilos de turrón a 12 pesetas el kilo. Y en Denia 3 kilos de uvas pasas. Todo me costó 66 pesetas. ¿A cómo pagué el kilo de pasas?

     

    -Un cajón de naranjas valencianas vale 56 duros. Si tiene 48 docenas, ¿a cuántas pesetas sale la docena?

     

    -Compré en Extremadura 150 kilos de corcho a 8,50 pesetas el kilo. Si lo vendí después por 1575 pesetas todo, ¿cuánto gané?

     

    ÁLVAREZ PEREZ, A. (1960): Enciclopedia intuitiva, sintética y práctica. Segundo grado, Miñón, Valladolid, págs. 310 y 314.

     

    De este tipo eran los problemas con los que mi padre me traía por la calle de la amargura cuando estaba en el colegio. La penitencia continuó cuando pasé al instituto, con todo tipo de problemas mucho más complicados por supuesto, raíces cuadradas, ecuaciones. Con decir que acabé viendo X e Y por todas partes. Pero debo reconocer que si no hubiese sido por mi padre, no habría aprobado las matemáticas.

     

    Muchas felicidades y un beso fuerte, papá.


       


    Una chorrada: recurso para cuando no hay tiempo para escribir.

    Semana caliente. Tranquilos, que no me he pervertido.

     

    Solo ocurre que estoy muy ocupado. Ahora mismo estoy que no tengo tiempo para nada. Ando peleándome a brazo partido con un póster que tengo que preparar para un congreso y, después, tendré que hacer lo propio con la intervención sobre un tema diferente que tengo apalabrada también para dicho encuentro de investigación. Y, a finales de mayo, otro congreso más, donde solo presento una comunicación.

     

    Os dejo con esta chorrada que me encontré en el correo el otro día. Tiene su gracia. Al menos, me sirve para reaparecer, decir que estoy bien -siempre y cuando la alergia me lo permite- y que no me ha atropellado ningún camión, ni tampoco una vecina asesina me ha tirado una maceta desde su terraza.

     

    ¿Por qué el pollo cruzó la carretera?

    PLATÓN

      Por su bien. Al otro lado de la carretera se encuentra la verdad.

    ARISTÓTELES

    Está en la naturaleza del pollo el cruzar las carreteras.

    KARL MARX

    Era históricamente inevitable.

    CAPITAN JAMES T. KIRK

    Para llegar adonde ningún otro pollo había llegado antes.

    HIPÓCRATES

    Ha cruzado la carretera por culpa de un exceso de secreciones en el páncreas.

    MARTIN LUTHER KING JR

    He tenido un sueño donde todos los pollos eran libres de cruzar una carretera sin tener que justificar sus actos.

    MOISÉS

    Y Dios descendió del paraíso y le dijo al pollo: 'cruza la carretera'.Y el pollo cruzó y Él vio que esto era bueno.

    RICHARD M. NIXON

    El pollo no cruzó la carretera, repito, el pollo no cruzó nunca la carretera.

    NICOLÁS MAQUIAVELO

    Lo importante es que el pollo cruzó la carretera. ¿A quién importa el porqué? Solamente el fin de atravesar la carretera ya justifica cualquier motivo que hubiera tenido.

    SIGMUND FREUD

    El hecho de que te preocupe por qué el pollo cruzó la carretera ya revela tu fuerte sentimiento de inseguridad sexual latente.

    BILL GATES

    Precisamente acabamos de terminar el nuevo programa 'OfficePollo2008' que, además de cruzar las carreteras, será capaz de incubar huevos, archivar los documentos importantes, etc.

    BUDA

    Preguntarse tal cosa (por qué el pollo cruzó la carretera) es renegar de tu propia naturaleza de pollo.

    GALILEO

    Y sin embargo, cruza.

    FEDERICO TRILLO Y ANA DE PALACIO

    Puede que cruzara o puede que no cruzara.

    ACEBES Y ZAPLANA

    El pollo cruzó la carretera para reunirse con los de ETA.

    JOSEMARI AZNAR

    Mire usted, el pollo iba en misión humanitaria.

    MARIANO RAJOY

    El pollo cruzó la carretera manipulado por el PSOE, para ir a manifestarse en contra del PP.

    ZAPATERO

    ¿Los pollos votan? El Estado destinará una ayuda de 4000 EUR para aquellos pollos que crucen carreteras. Esa cantidad se irá suministrando sólo a los pollos que paguen IRPF a razón de 2 granos de maíz al trimestre.

    SOLBES

    Nosotros nunca hemos negado que existan pollos en las carreteras. En los próximos años subirá un 10% el número de ellos.

    GARZÓN

    Me considero competente para investigar todos los pollos que han sido atropellados en la carretera por conductores franquistas y averiguar dónde fueron enterrados.

    LA MINISTRA BIBIANA

    ¿Y por qué no se habla de las pollas que cruzan por carreteros y caminas?

    PEPIÑO BLANCO

    Eso es esatamente el efeto que han efetuado los del PP: La movilidad pollera fascista.

    JESÚS CARDENAL

    Hay que procesar a todos los pollos que cruzaron la carretera ese día pues era ilegal.

    LA IGLESIA DE LA CIENCIOLOGIA

    La razón está en vosotros, pero no la conocéis todavía. Mediante un   módico pago de 1.500$, más el alquiler de un detector de mentiras, le haremos un análisis psicológico que nos permitirá descubrir la razón.

    BILL CLINTON

    Juro sobre la constitución que no ha pasado nada entre el pollo y yo.

    NEO

    'El pollo no existe'.

    EINSTEIN

    El hecho de que sea el pollo el que cruce la carretera o que sea la carretera la que se mueva bajo el pollo, depende. Es relativo al referencial.

    ZEN

    El pollo puede cruzar la carretera en vano, solo el Maestro conoce el ruido de su sombra detrás de la pared.

    STALIN

    Hay que fusilar al pollo inmediatamente, y también a los testigos de la escena y a 10 personas más escogidas al azar por no haber impedido este acto subversivo.

    GEORGE W. BUSH

    El hecho de que el pollo haya cruzado la carretera a pesar de las resoluciones de la ONU representa un grave ataque a la democracia, la justicia y la libertad. Esto prueba sin ninguna duda que teníamos que haber bombardeado esta carretera hace tiempo.

    En este nuevo país de justicia, paz y libertad, podemos asegurarles que nunca más un pollo intentará cruzar una carretera, por la simple razón que no habrá más carreteras y que los pollos no tendrán patas.

    Que Dios bendiga a América.

    MAESTRO DE PRIMARIA:

    Porque quería llegar al otro lado.

    PROFESOR DE SECUNDARIA:

    Aunque se los explique, queridas bestias, no podrán entenderlo.

    PROFESOR DE FACULTAD

    Para saber por qué el pollo cruzó la carretera (tema que se incluirá en el parcial de mañana) lean los apuntes desde la página 2 a la 3050.

    JUAN CARLOS I

    ¿Por qué no te callas?Saludos a todos. Os llevo en el corazón. Risa

    Día del libro.

     

    23 DE ABRIL,

    DÍA DEL LIBRO

    Un libro especial.

    Si yo le dijese a mi abuela que voy a publicar algo se volvería loca de la alegría. Y, al día siguiente, se habría enterado todo el vecindario.

     

    Pero si le dijese que lo que he escrito tiene que ver con un lugar que ha formado parte de su propia vida, ya sería la caraba en bicicleta. Decir que se pondría contentísima es decir poco.

     

    Confieso que una de mis ilusiones, tratando siempre de hacerle la vida un poco más llevadera e ilusionante, era la de que algún día ella pudiera tener en sus manos algo escrito por su nieto. Me importaba poco que lo leyese o que no lo leyese, daba por seguro que no lo leería, ni me importaba siquiera. Pero el simple hecho de ver de nuevo lo contenta que se iba a poner y el orgullo que habría de sentir, ya me haría sentir el hombre más feliz del planeta. Pero, para variar, basta que yo quiera una cosa para que esa cosa no se cumpla. En efecto, no llegué a tiempo. Lo primero que escribí lo hice en septiembre de 2008, fecha en la que desgraciadamente ella ya no estaba aquí.

     

    Aunque sienta mitad alegría por lo que voy a contar y mitad pena por lo que acabo de decir, lo cierto es que esa fue mi intención. Y, por ello, no puedo tener la conciencia intranquila. Otra cosa es que no la haya podido llevar a cabo.

     

    El caso es que hace algunas semanas escribí un breve texto. Pretendía ser una historia del Poblado de Refinería del Valle de Escombreras, a modo de 4 ó 5 páginas de introducción y ambientación histórica general. Aunque no he vivido en él, he leído algunos textos y artículos sobre la historia de REPESA (la Refinería), el Poblado y el Valle y, además, soy miembro del foro del Poblado en el que, todos los días, aprendo un montón sobre la historia del lugar donde nació mi madre. Conozco, además, a algunas personas que vivieron allí y que me han contado de todo. Este vídeo, gentileza de Zacarías Conesa, está muy bien, por si alguien tiene curiosidad.

     

    Poblado de Repesa

     

    Como ya he dicho mil veces, después de casarse en la Iglesia del barrio de San Antón, su barrio, en cuyo cementerio ahora descansan, mis abuelos se fueron a vivir al Poblado. Éste se componía de no muchas calles, un economato, una iglesia, peluquería, casino, cine, escuela e instituto, líneas regulares de autobús hacia Cartagena y viceversa y un largo etcétera. Allí pudieron llegar a vivir, en sus mejores tiempos -finales de los años ‘60- unas 3.000 personas. Mi abuela siempre me hablaba de aquella casa como algo realmente fuera de lo común entonces. Eran de dos tipos: plantas bajas o chalets. La de mis abuelos, en la Calle Sol Nº 28, era tipo chalet, de dos plantas, tres habitaciones, salón comedor, trastero, cocina, dos cuartos de baño, dos patios delantero y trasero. Aquellas casas las construyeron los americanos que vinieron a supervisar las obras de la Refinería y, cuando éstos se fueron, quedaron para los empleados de la factoría. En ese Nº 28 de la Calle Sol nacieron mi tío y mi madre, los dos primeros hijos de mis abuelos maternos.

     

     

    A los dos o tres años, se fueron a Cartagena ciudad. Se fueron a la Calle 13 del Ensanche, que entonces iba a pasar a llamarse Calle Castillo Olite. Compraron el tercero sin ascensor que hace esquina en esta foto. Aquí nacieron sus otros dos hijos.

     

     

    A finales de los ’60, Refinería construyó cuatro imponentes bloques de ladrillo justo enfrente de esta casa. Por valor de 320.000 pesetas y con unas condiciones de pago realmente excepcionales, los compradores podían acceder a pisos de más de cien metros cuadrados, cinco habitaciones, salón comedor, dos cuartos de baño, cocina y dos terrazas. Y con ascensor. Mi abuelo se animó a comprar uno de estos pisos, teniendo en cuenta que mi abuela ya empezaba a tener problemas de corazón y que se fatigaba mucho subiendo las escaleras o haciendo cualquier esfuerzo. En 1970 se mudaron.

     

     

    Hoy el Poblado no existe, se destruyó y, sobre él, se está levantando una imponente ampliación de la Refinería de Escombreras, que hará de ella la más importante de Europa. Los que vivieron allí lo hacen repartidos por nuestra calle y aledañas, así como en barrios como el de José María Lapuerta, Tentegorra o Alumbres, en los que Refinería también construyó viviendas.

     

    El libro, editado por REPSOL y escrito por algunos de sus habitantes, será una obra entrañable. Recogerá todos los recuerdos que se tienen sobre el Poblado con el fin de que, aunque haya desaparecido físicamente, no lo haga de la memoria de los cartageneros. Además, se acompañará de muchas fotos. Precisamente, en una de esas instantáneas aparecerán mis abuelos maternos, inmortalizados junto a sus vecinos de la calle Sol, durante un baile de disfraces que celebraron en 1956. Ello, en su día, también me emocionó.

     

    Pues bien, en este libro se darán cita a la vez los abuelos y el nieto. Los abuelos no han podido leer al nieto y el nieto solo ha conocido a uno de ellos. Yo, cuando pienso que mis abuelos van a aparecer en un libro, me alegro porque el hecho de que ello sea así significará que Juan y Fabiana no van a morir nunca. Ni siquiera morirán cuando lo hagamos quienes los conocimos. En efecto, gracias al libro siempre serán personas de carne y hueso, personas con un rostro determinado, con un nombre y dos apellidos, personas reconocibles, no simples, fríos y desconocidos nombres escritos en una placa de un cementerio.

     

    Desde luego, no se puede pedir más.

     

    Saludos a todos.

     

    NB: La foto del Poblado y la de las casas de Refinería han sido extraídas del Foro antes citado y son gentileza de sus participantes.

    Mi viaje (II)

    EL BANCO HUÉRFANO

     

    Tres bancos en plena calle, de lo más normales. Se encuentran en el Paseo Alfonso XIII de Cartagena, a no más de 20 metros de la Farmacia de Miguel Cano -que queda a nuestra espalda desde esta posición- y justo enfrente de los hoy desaparecidos Cines Alfonso XIII.

     

     

    El Paseo está lleno de bancos como estos, pero solo me impresionó el del centro. ¿Qué tiene de especial?, me dirán ustedes.

     

    Lo que tiene de especial es que ese ha sido “nuestro” banco o, mejor dicho, “su” banco. Os puedo decir que, desde 1994 hasta 2008, han sido muchas las tardes de verano en que, a partir de la caída del sol, acompañaba a mi abuela a que se sentara allí con sus amigas. Al principio, yo me limitaba a acompañarla por aquello de pasar cuantas más horas con ella mejor. Entonces no le costaba animarse a salir pero, conforme fue debilitándose, era yo quien tiraba de ella pues no salía si no iba del brazo de alguien. Cuando yo estaba allí se aprovechaba de lo lindo sirviéndose de su lazarillo, como me llamaba, para salir y entrar de casa. Y, de paso, presumía de nieto a diestro y siniestro hasta hacerme a veces sonrojar.

     

    A partir de las 19:00 horas de la tarde, hacía una ronda de llamadas telefónicas a sus amigas, se calzaba su bata de verano, sus zapatillas, su abanico y su botella de agua y salíamos cortando para el Paseo. Llamábamos a Fina, la vecina del 6º que, quejándose siempre de supuestos y terribles dolores en sus piernas, se venía con nosotros. Y digo supuestos porque es la que más caminatas se pega a sus casi 85 años de edad, lo cual hacía que nadie se creyese sus quejas. ¡Menudas discusiones montaban! Se sentaban en el banco y, al rato, aparecían otras dos o tres amigas para pasar la tarde hasta que diese la hora de cenar.

     

    Allí se iban a “estar frescas”. El Paseo es una avenida abierta y muy amplia y, cuando el viento sopla del Norte, la brisa llega al Paseo y corre deliciosamente por él. Entonces se está divinamente. Sin embargo, las tardes de calma chicha eran insoportables, así como aquellas en que el único viento que corría era el ardiente que soplaba desde el Sur. Pero daba igual, el caso era salir, distraerse, hablar de cualquier cosa y, al recogerse, darle una vuelta a la manzana por el camino más largo.

     

     

    Yo sé que cuando mi abuela estaba fuerte y sana, salía muchas noches, especialmente de primavera y verano. Y se pasaba las tardes enteras en este banco en compañía de su gran amiga Pepita Lozano, cuya casa tiene la entrada enfrente del banco, a menos de 10 metros de separación. En este banco, mi abuela está inmortalizada en muchas fotografías que tiene en compañía de sus amigas, incluso en blanco y negro, para que os hagáis una idea de que fue larga la historia de la relación entre mi abuela y su banco favorito del Paseo.

     

    El domingo, el día antes de volver a Madrid, paseé por el Paseo y, de repente, me encontré delante del banco. Y, también, sin hacerlo a propósito, le di una vuelta a la manzana. Fue algo así como un movimiento que tenía ya automatizado -después del banco, vuelta a la manzana-. La casualidad quiso que me encontrara allí con una de sus amigas del banco, la más joven y sana de todas. No pude evitar pararme y quedarme embobado frente al banco, ni tampoco sentir un nudo en la garganta conforme iba dando la primera vuelta a la manzana sin llevar del brazo a mi abuela, que siempre me iba contando alguna anécdota. Me di cuenta de que el banco parecía estar huérfano y triste, quizá así me puse yo cuando lo vi. Comencé a dar la vuelta y a pasar ante los escaparates de la Joyería Bernal, el restaurante italiano Piamonte, un estudio fotográfico, la tienda de ropa de fiesta y trajes Javier, la de los chinos, la panadería La Campana donde me compraba los saladitos de sobrasada o atún, la tienda de ropa del hogar Cheysan, las oficinas del INEM. Así hasta que llegué a la esquina donde está la frutería que aparece en la entrada anterior. Aquí era el punto donde se despedía de sus amigas que no vivían en nuestro bloque, a excepción de Fina. Entonces, al comprobar que nadie me había acompañado, ví que no había amigas a quien despedir, ni abuelas renqueantes colgadas de mi brazo.

     

    Fue toda una impresión. Era un banco que formaba parte de su vida y, de alguna forma, de mis veraneos. Y pensé que, si pudiera, el banco también la echaría de menos porque ya no se sienta su amiga. Ni siquiera se sientan ya las amigas de su amiga que, según me comentaron, no salen a tomar el fresco como antes porque ya no es lo mismo sin “nuestra Fabiana”.

     

    Así pues, cuando me di cuenta yo también de que ya no es lo mismo, abandoné la esquina de la frutería y me dispuse a entrar de nuevo en nuestro portal para hacer las visitas que me faltaban y, especialmente, pasar la tarde con el bondadoso Paco y la cariñosa Mari Carmen, nuestros vecinos.

     

    PD: Más ediciones de mi viaje y sus fotos en próximas entradas.

    Mi viaje (I).

    Cuando fui a Cartagena, hace dos semanas, me llevé la cámara de fotos. Intuía que iba a ser un viaje nostálgico y de muchos recuerdos y quería ir cámara en mano para inmortalizar todos los recuerdos que, mientras paseara, me fueran surgiendo.

     

    Por eso, estas fotos pueden resultar absurdas y solo las entiendo yo.

     

    Aunque no pude pasear tanto como me habría gustado, pues era mucha la gente a la que me apetecía saludar y ver, al menos pude volver a pasar por las calles que más frecuentaba yo en compañía de mi abuela.

     

    Conforme iba andando y encontrándome con determinados “hitos” en dichas calles, parecía como si ella se me estuviese apareciendo delante de mí. Me quedaba parado, mirando durante unos instantes esos lugares, y se me antojaba que todavía conservaban algo de ella.

     

    Me faltaron por hacer mil fotos pero en dos cortos días, sin hospedarme en el centro de Cartagena y dependiendo de un raquítico servicio de autobuses urbanos, tampoco se pueden hacer maravillas. La próxima vez que vaya, que no sé cuándo será, intentaré ir para más días y entonces será cuando fotografiaré todo lo que crea necesario y lo que los recuerdos me pidan.

     

    Lo primero que quise hacer fue pasear por nuestra calle, donde tenemos la casa. Al ser sábado por la mañana, me topé con las chicas de la Farmacia de Miguel Cano. Es la Farmacia a la que mi abuela iba mientras vivió en El Ensanche, o sea durante 50 años. Hace chaflán entre el Paseo de Alfonso XIII, la arteria principal de Cartagena, y la Calle de Tierno Galván, antes Castillo Olite. Está pasada la Asamblea Regional, a la altura del Hotel Alfonso XIII. Allí compraba sus medicamentos, se los fiaban, le tomaban la tensión, le recomendaban lo que necesitaba en caso de urgencia y un largo etcétera.

    Hablé largo rato con Pilar y otra chica, no estaba Miguel en ese momento. Se acordaban de ella como si todavía viviese y me contaron muchas cosas, a pesar de que muchas de ellas yo las he vivido acompañando a mi abuela o yendo a comprarle sus medicinas. Me narraron alguna anécdota ocurrida a lo largo de este primer año de ausencia y, al acabar, me instaron a que hiciese visitas más a menudo y a que no me olvidase de saludarles cada vez que pasara por Cartagena.

     

     

    Andando por nuestra calle, llegué a la altura de la frutería, también abierta. Allí estaban Pedrito y la chica que trabaja para él. Nos alegramos mucho de vernos de nuevo, nos preguntamos por muchas cosas de la vida, recordamos las broncas que Pedro se llevaba cada vez que nos intentaba vender los plátanos verdes. Cuando se puso mala y no salía a la calle, las broncas eran telefónicas, después de que la muchacha hubiese dejado el pedido de mi abuela en casa. Después seguí mi camino.

     

     

    Casi a la altura de la frutería, la calle Tierno Galván es cortada por la de Jiménez de la Espada. Hay que introducirse en esa calle para poder llegar a nuestro edificio. Al torcer, allí pude ver el bloque de pisos que se levanta recio, con unas casas arregladas y otras sin arreglar, viejo y lleno de mugre como siempre. Desde la acera, me quedé parado mirando. Todo seguía igual. Quizá lo más cambiado fuese nuestro balcón precisamente, pues ya no estaban su mecedora, ni las plantas. Todo seguía aparentemente igual, en orden, aunque desde que enfilé la calle me abordó una sensación muy rara, como si a ésta le faltase algo. Claro que algo faltaba: era la primera vez que andaba por allí sin poder decir que iba a ver a mi abuela o a pasar la Semana Santa con ella.

     

     

    No obstante, como digo, pasé el portón del aparcamiento y, 20 metros más allá, llegué al portal. En esas estaba cuando apareció Cayetano y sus dos chihuahuas. Quién me iba a decir a mí que, una semana justa después, Cayetano iba a morir también… Hablé otro rato con él, me dijo que se encontraba muy bien, me preguntó por todos nosotros y nos alegramos de volver a vernos. Entré al portal, olía como siempre, miré los buzones. Subí las primeras escaleras, vi los dos ascensores y seguí subiendo hasta que llegué al rellano. Y me la imaginé abriéndome la puerta como siempre, con su bata de invierno o de verano, diciéndome lo mayor y lo guapo que, según ella, estaba su nieto. Pero no salió nadie, aunque no se me pasó que había alguna que otra cosa cambiada. Rápidamente volví a bajar, por si alguien salía de casa y se asustaba, y me fui camino de San Pedro, a pasar el día con mis tíos y mis primas.

     

     

    Por la tarde volví al mismo sitio. Pero entonces no me quedé solo en el rellano. Pude atravesar la puerta de la casa e introducirme en ella. Si fuera todo me recordaba a ella, dentro no os quiero ni hablar a pesar de que todo está muy cambiado.

     

     

    Y el domingo volvería por allí de nuevo a pasar la tarde con Paco y Maricarmen, nuestros vecinos a los que tanto quiero. Pero también pude ver a Pepe, Carmen Maestre, Fina, un matrimonio que nunca he sabido como se llaman pero que son de toda la vida, Juan Ballesta y Pepi Subiela y Loli Fenol. Entre todos recordamos los bizcochos que Loli le hacía a mi abuela; los panecillos de leche que Paco le compraba cada lunes; las innumerables veces que Pepe bajaba a tomarle la tensión; la compañía que, hasta después de cenar, le hacían Carmen, Clara y Fina todos los días; las cenas que Carmen o Clara le preparaban para que ella comiese algo; las muchas noches que subió a dormir a casa de Pepi; las otras tantas veces que Paco, Pepe o Juan la llevaron en sus coches al Hospital a altas horas de la madrugada. Les volví a dar las gracias por todo aquello. Ellos no dejaban de alabarme tampoco y me agradecieron el detalle de la visita, emplazándonos para la próxima.

     

     

    El lunes volví a Madrid, no sin antes pasar por la carnicería para saludar a Benito y comprar morcillas de cebolla y salchichas cartageneras rojas y blancas. La pena es que no había longaniza seca. Antes de marcharme a la Estación de Autobuses volví a pasar por delante de la casa y fui a ver a una persona que está gravemente enferma. Nos despedimos como si no nos volviésemos a ver nunca más y, de hecho, no me dio buena espina.

     

    El caso es que a las 16:00 horas de la tarde cogí mi autobús con destino a Madrid después de haber hecho un viaje que me pedían mi cuerpo y mi conciencia. Se me hizo muy corto, pero tampoco tenía mucho sentido estar más tiempo allí. Otro os pongo las fotos del domingo.

     PD: Algunas de las fotos son del domingo, por eso aparecen los establecimientos cerrados.


    Mírame.

    Mueres. A todos nos espera e iguala el mismo fin. El caso es que toda tu persona, tus vivencias y experiencias, los propios recuerdos de tu vida, de tus amistades y de tus familiares, se quedan contigo bajo la pesada losa que te oculta y en la que solo te acompaña un letrero con tu nombre, único indicador de que allí estás tú. Bueno, y los restos de los familiares que te hayan precedido en ese trance que supone marcharte de este mundo.

     

    Las fotos, tus fotos, pierden sentido, pues nadie reconoce a las personas con las que te fotografiaste hace años, ni sabe dónde se hizo la fotografía. Tus libros, tus cosas de casa, tus útiles diarios y/o de uso frecuente y personal, etc., parece que también pierden utilidad al desaparecer la persona que les daba vida. Los recuerdos de tu vida se han ido contigo, en ningún sitio, más allá de los que te conocen, ha quedado constancia de que tú viviste y de que tu vida fue de esta o de otra manera. Al final, desaparecerán también los que te conocen y recuerdan y será entonces cuando nadie sabrá de ti, cuando nadie sabrá quién fuiste y qué fue de la vida de ese nombre que reza una fría placa colocada sobre una recóndita losa de mármol o granito de un lejano cementerio. Solo serás un nombre, uno de tantos nombres. Y toda una vida y toda una persona, con su forma de ser, sus vivencias, sus recuerdos, etc., habrán quedado reducidas a polvo. Nada más.

     

    El Sábado de Gloria pasado, un día soleado como hoy, recibió sepultura. Fue uno de los peores tragos por los que pasé. Hasta entonces no me había separado un momento de ella. Aunque estaba sin vida, la veía conmigo, como si estuviese dormida. Hasta en esa situación, transmitía paz. Y a mi eso me consolaba. A estas horas, a mediodía, ya iba siendo consciente de que la separación se iba acercando: ella tenía que quedarse allí y yo seguir viviendo 500 kilómetros más allá. En concreto, estábamos de camino al cementerio, después de haberla llevado al barrio para que sus amigos/as nos despidiésemos de ella solemnemente. A las 13:30 horas, los dos sepultureros cerraban la losa. Ella y su vida se quedaban allí. Los demás, yo mismo, nos quedábamos fuera. "Ahora sí que nos hemos quedado solos", pensé. No quería irme. Pero comprendí que a ella le debió pasar lo mismo cuando enterró a sus padres, a su marido o a su propio hijo. Y, reconociendo que la vida es dura y nos pone pruebas difíciles, comprendí que mi lugar no estaba allí. Que tanto ella como yo estábamos entre los vivos y que yo tendría que buscarla a ella no entre los muertos, sino entre los vivos. Y, efectivamente, el fin de semana pasado la encontré entre ellos, tan viva como siempre.

     

    Esta canción de Mari Trini se ajusta muy bien a lo que sentía entonces y, de alguna manera, en todos estos meses posteriores.

     

    Mírame, de repente deseo tenerte un momento.

    Mírame, lentamente apago mi cielo si tú no estás.

    Mírame, mírame, en cada gesto llevo tu amor.

    Mi vida bebo y brindo en tu honor.

    No sé si es de locos hablar así.

     

    Sin ti con el buen Dios me enfadaría.

    Sin ti no existe un sol, ni una flor, ni una luz, mi vida.

    Sin ti, no existe un sol, ni una flor, ni una luz, mi vida.

    Estás en mi, clavada en mi.

     

    Mírame, suavemente quiero romperme al vencerte.

    Mírame, al suicidio llevo mis versos en ti sin dolor.

    Mírame, mírame, en cada gesto llevo tu amor.

    Mi vida bebo y brindo en tu honor.

    No sé si es de locos hablar así.

     

    Sin ti con el buen Dios me enfadaría.

    Sin ti no existe un sol, ni una flor, ni una luz, mi vida.

    Sin ti no existe un sol, ni una flor, ni una luz, mi vida.

    Sin ti. Sin ti.


      

    Repartiendo estopa (II)

    Después de su estelar “me masturbo porque me han quitao la merienda”, la profesora de la UCAM sigue dando que hablar en una entrevista concedida hoy, 7 de abril, al diario La Verdad de Murcia.

    En concreto, hoy estrenamos el segundo capítulo titulado: “he comido muy bien y dices, pues ahora me como un ajo”.

    Transcribo la entrevista completa, para después destacar sus frases más convincentes y científicamente mejor apoyadas.

    «Hay homosexuales que se han 'curado', aunque no sé cómo»

    La profesora asegura que «la masturbación es un desorden» y defiende «la ley natural» 07.04.09 - J. P. P. | MURCIA.

     

    Aunque asegura que sus declaraciones en Alicante se han «sacado de contexto», Gloria María Tomás insiste en las líneas básicas de su discurso. Admite que sus ideas no pueden considerarse una teoría científica, pero pese a ello no dudó en difundirlas en un ámbito universitario.

     

    - Usted dice que la homosexualidad es una enfermedad y que «se puede arreglar». ¿Podría explicarnos en qué teoría científica se ha inspirado para llegar a esta conclusión?

     

    - Lo primero que quiero aclarar, en pro de mi honor, es que yo di una conferencia y el tema era sobre la sexualidad, no sobre la homosexualidad... El vídeo recoge una pregunta a la que contesto de una manera coloquial. Y, con respecto a su pregunta, desde el punto de vista histórico, hasta el año 1970 la homosexualidad se consideraba una enfermedad. A partir de ese momento, dicen que por los lobbys, yo no lo sé, dejó de ser enfermedad. Yo, si la comunidad científica actual no lo considera enfermedad, yo tampoco. Por otra parte, y hablo desde el punto de vista de Biología Molecular, que es mi carrera, hasta hoy no se ha descubierto un gen determinante de la homosexualidad. Lo que sí se ha visto es que hay personas que nacen con esa tendencia, otras personas que las generan y otras que las fomentan. Al no haber un gen determinante significa que a la naturaleza humana se añade la libertad. De hecho conozco a gente que se ha curado. Hay libros serios de homosexuales que se han curado.

     

    - ¿Podría explicarnos cómo se han «curado»?

     

    - Pues no lo sé. Yo no me dedico a esto. Supongo que habrá recibido un tratamiento hormonal o de psicoterapia. No lo sé. Si lo supiera se lo diría. Lo que sí puedo decir es que conozco a personas que están en tratamiento. Yo no las trato para curarlas. Yo les he hablado de psiquiatras a los que pueden ir, y están en tratamiento.

     

    - En la conferencia habló usted de un par de teorías suyas...

     

    - Un par de teorías tontas, sí.

     

    - ... en las que habla de cómo una persona se puede «convertir» en homosexual.

     

    - Me ha fastidiado porque eso fue una respuesta coloquial. Cuando hablas coloquialmente puedes decirle a alguien que hace un siglo que no le ves. Y no significa que hace cien años que no le ves. Lo han tomado por lo que no es. De todas maneras, si hablo de esas dos cosas es porque conozco a personas que han pasado por eso. No son teorías, sino casos de personas concretas. Son ejemplos dichos en un contexto más serio. Porque dichas así suenan a tontería. Nadie se cree que por la merienda uno se convierte en homosexual.

     

    - En concreto usted habló de niños que pasan mucho tiempo solos y hacen «tonterías de masturbaciones».

     

    - La adolescencia es un despertar a todo. Es un momento precioso en el que se pasa bastante mal y es delicado. En ese momento, en que se descubre la intimidad, se necesita muchas veces ayuda. Conozco casos de chiquitos, pequeños fracasos, que han ido a su casa y han estado solos (que el hombre y la mujer trabajan ahora es real y normal, no me refiero a eso, sino a que han estado solos en la merienda, y en la cena, y un día, y otro). Pues al final pueden descubrir el sexo propio. El ejercicio de la sexualidad exige un ambiente, y si es un ambiente juvenil, borracheril y medio tonto, puedes tener dificultades. No es una teoría, sino una cosa que le puede pasar a 1 persona o a 20.

     

    - Ya. Perdone, su explicación es difícil de seguir. Usted conoce a unos niños que estaban solos y entonces se masturbaban y se convirtieron en gays. ¿Los heterosexuales no se masturban?

     

    - Pues yo, como comprenderá... Igual que le digo que no me dedico a la homosexualidad, no me dedico a la masturbación. Personalmente, y por católica, y por respeto a la ley natural, opino que la masturbación es un desorden, y que el placer sexual es muy bueno cuando se ejercita donde tiene que ejercitarse.

     

    - Pero, por aclararnos, ¿la masturbación lleva a la homosexualidad?

     

    - Hombre, eso es un salto muy grande. Yo lo que he dicho es que en algún caso, alguna persona que se dedique a masturbarse puede descubrir el placer sexual en sí mismo, y en otro compañero. No tengo ni idea. No me atrevería ni a afirmarlo ni a contradecirlo. Es un tema muy escabroso y muy delicado. No estoy preparada para contestar eso.

     

    - Dice que no está preparada, pero habló de eso en una conferencia, con 50 o 70 alumnos delante.

     

    No, no. Había mil alumnos. Y no lo comenté así. Lo dije después de una conferencia muy seria sobre la sexualidad. Es muy distinto cuando tú has comido muy bien un día y dices, pues ahora me como un ajo. No sé como explicarle. Parece gratuito decir que porque se masturba, uno se convierte en gay.

     

    - ¿Defiende que hay más posibilidad de que un niño sea gay si está más tiempo sólo porque su padre y su madre trabajan?

     

    - Mire, yo voy a decirle una cosa que a lo mejor le va a impresionar. Unos padres jóvenes tenían un chiquito pequeñito que no hablaba. Pensaron que era mudo y lo llevaron al médico, y les dijo que no era mudo, sino que no les entendía porque hablaba sólo ucraniano. Se pasaba el día con la ucraniana que le cuidaba. Es un hecho real. La soledad de los niños es una realidad. Y los padres normales andan luchando para poder llevarlos al colegio, etc. Usted habrá visto lo del típico padre que iba a la guardería con su niñito en su coche, y que se le ahogó el niño porque se le olvidó dejarlo en la guardería. ¿Es problema del padre? No. Es que lo tenemos muy mal para salir adelante, y eso repercute en los hijos.

     

    - Entiendo... ¿Todas estas cosas las dice como científica o sólo como católica, o como ambas cosas a la vez?

     

    - Como católica... Lo que yo defiendo es la ley natural. Esa ley, que está grabada en el corazón de todo hombre, se me ilumina con el catolicismo.

     

    http://www.laverdad.es/murcia/20090407/region/homosexuales-curado-aunque-como-20090407.html

     

    Confieso que hago verdaderos esfuerzos por entender a esta mujer. Me sorprende que hable de homosexualidad cuando reconoce, una y otra vez, que no solo no está preparada para ello sino que no sabe nada. Ni siquiera sabe por qué, ni por quién, la homosexualidad dejó de considerarse una enfermedad en 1970:

     

    dicen que por los lobbys, yo no lo sé…

     

    Sostiene que los homosexuales se pueden curar de lo suyo y que hay libros sobre ello. No se los ha debido leer cuando, a la pregunta de cómo se han conseguido curar, responde de nuevo con un solemne:

     

    Pues no lo sé. Yo no me dedico a esto… No lo sé. Si lo supiera se lo diría…

     

    Ha debido leer mi blog, lo cual me congratula, pues reconoce que

     

    Nadie se cree que por la merienda uno se convierte en homosexual.

     

    Cuando se le preguntan por sus teorías sobre la homosexualidad, las que vimos ayer si recordáis, las define como:

     

    Un par de teorías tontas, sí.

     

    Menos mal que son sus teorías, que si llegan a ser las del vecino no quiero ni pensar en el calificativo con el que las habría definido. Tantos años de dedicación para acabar produciendo teorías tontas.

     

    Se le pregunta, de nuevo, sobre si los que se masturban pueden convertirse en homosexuales, cosa que parecía desprenderse de su conferencia -los famosos niños de la llave-. Y dice que:

     

    Yo lo que he dicho es que en algún caso, alguna persona que se dedique a masturbarse puede descubrir el placer sexual en sí mismo, y en otro compañero…

     

    Pero ¿a que no adivinan ustedes qué frase sigue a la anterior? En efecto…

     

    … No tengo ni idea. No me atrevería ni a afirmarlo ni a contradecirlo… No estoy preparada para contestar eso.

     

    El entrevistador, alucinado por su insistencia en no tener ni idea de nada y en no estar preparada para responder a estas preguntas, le pregunta por qué dio la conferencia ante un público tan numeroso. Y supongo que el entrevistador se terminó de quedar patidifuso con esta respuesta de la docente:

     

    Había mil alumnos. Y no lo comenté así. Lo dije después de una conferencia muy seria sobre la sexualidad. Es muy distinto cuando tú has comido muy bien un día y dices, pues ahora me como un ajo.

     

     

    Pues bien, yo hoy he comido muy bien. En concreto, zarangollo murciano, una ensalada de tomate y atún y un poco de magro con tomate. Todo riquísimo. Voy a ver si me como un ajo y veo las cosas más claras…

    Lo mismo hasta compruebo que el vecino me gusta y todo. Lo malo será cuando vaya a quitarle la merienda, pues a lo peor lo mato con el aliento.

     

     

    En otro orden de cosas, y aprovechando la entrada, hoy es un día triste para la música española. Ha muerto la murciana Mari Trini, cantante, cantautora, compositora, poetisa. Sus canciones y su estilo “afrancesado” marcaron una época. Hoy nos ha dejado con 61 años de edad, tras padecer una larga enfermedad.

    Sus canciones, en mi familia, han gustado siempre mucho.

    Descanse en paz. 


      

    Repartiendo estopa.

    Morrocotuda la que tenemos liada desde hace unos días -desde el 31 de Marzo- a causa de unos polémicos comentarios vertidos en el V Curso de Ciencia y Sociedad, celebrado en la Universidad de Alicante (UA).

     

    Resulta que una investigadora, Gloria María Tomás y Garrido, profesora de Bioética de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), de Murcia tenía que ser, dejó caer varias y jugosas perlas relativas a las causas de la homosexualidad humana. La buena mujer estaba invitada a dar una conferencia. Y la dio. Y en qué hora la dio, pensaría ella después.

     

    En cualquier caso, Doña Gloria María venía a concluir tres cosas:

     

    1ª: Hay muchos homosexuales que lo son porque, cuando se enamoraron en su juventud por primera vez de una chica o simplemente cuando intentaron tener relaciones sexuales una noche con la primera que se les puso delante, la tipa que les gustaba pasó de ellos como Trillo de hacer declaraciones sobre el Yak-42.

     

    Es decir, un fracaso. Un fracaso que no se cuenta a nadie porque da vergüenza. Ese fracaso les hizo, por no sabemos muy bien qué misteriosas circunstancias, pasarse al mando de los mariquitas. Como si lo de ser homosexuales fuera igual que ponerse un vestido: ahora me lo quito, ahora me lo pongo. Ahora me homosexualizo, ahora me deshomosexualizo. Ahora pruebo a ver si tengo suerte con esta muchacha, ahora pruebo a ver si me va mejor con este chico que acabo de conocer.

     

    Vendría a ser algo así como la “homosexualidad veleta”: según hacia donde sople el viento, así me acuesto con una o con uno.

     

    2ª: Luego están también “los niños de la llave”. Descuiden, no son japoneses haciendo kárate, ni el Colegio Oficial de Hijos de Serenos de España. Se trata de aquellos adolescentes que, quedándose solos en casa y habiendo tenido un fracaso en sus vidas (una asignatura suspensa, una discusión con su amigo favorito, la muerte del canario o que le han quitao la merienda), empezaron con sus tonterías de masturbaciones, de no sé cuánto, de no sé qué. La masturbación les llevó a amarse a sí mismos y, obviamente, a no saber amar más que a personas de su mismo sexo. Según esta señora, si los niños estuviesen más acompañados por sus padres, no se masturbarían.

     

    Yo no entiendo de estos temas, ni he hecho una investigación al respecto, pero me parece delirante. Si todas las personas que se han masturbado en este mundo, acabaran siendo homosexuales, me da en la nariz que yo no estaría escribiendo ahora mismo esta entrada en mi blog, pues la especie humana se habría extinguido hace siglos, por no decir milenios.

     

    3ª: También reparte estopa para los bisexuales. Según ella los bisexuales, que siempre anteponen su libertad a la dignidad, deberían primar su dignidad antes que su libertad. Porque la dignidad es lo más importante en una persona, supongo que sea homosexual, bisexual, trisexual o lo que quiera ser. Parecen ser, pues, enfermos indignos.

     

    4ª: La mujer, que es lo que peor ha sentado, define la homosexualidad como una enfermedad que tiene tratamiento y, por tanto, cura. Algo que no es genético y que, por tanto, se puede arreglar.

    A su juicio, los homosexuales sufren mucho y, menos mal, no nos desea a nadie tanto mal como ellos padecen.

     

    Por lo que a mí respecta debo decir que conozco a varios chicos homosexuales. Son personas bastante normales, ante los cuales posiblemente el más raro sea yo, que no soy homosexual como ellos. Sufren, padecen, disfrutan, se alegran, ríen, beben, cantan, lloran, y hacen todas las demás cosas como las podemos hacer nosotros. No parecen estar enfermos, ni vivir infelices o insatisfechos, o ser especialmente viciosos. O, al menos, no más de lo que lo podamos estar o ser el resto de los mortales heterosexuales.

     

    Me cuesta creer que una persona se haga homosexual de la noche a la mañana, porque se ha puesto de moda salir del armario o porque le han quitao la merienda. Cosa distinta es que ahora sea una realidad mucho más visible que nunca, aprovechándose de que ahora todo sale por televisión, incluido el mal gusto y lo soez.

     

    Supongo, algo he leído por ahí, que lo de ser homosexuales o heterosexuales es algo con lo que nacemos y dependerá de cómo se configure nuestra información genética.

     

    Al final, como puede verse en el vídeo, el público acaba riéndose de las cosas que decía la pobre mujer. No la aplauden cuando acaba la conferencia, cosa que, en este mundo, significa que la conferencia no ha gustado. Sin embargo, la jaleada moderadora se muestra en total desacuerdo y, ante la situación, nuestra querida Gloria María pide un aplauso para ella. Y la gente se lo da. Así somos los levantinos. Dando palmas por cualquier motivo. Y, entre tanto, las asociaciones de todo tipo poniéndola de homófoba para arriba.

     

    ¡Cómo está el país!

     

    PD: Os dejo el vídeo.


      

    Mi vecino Cayetano.

    Hace ahora una semana, como sabéis, yo estaba en Cartagena.

     

    Quería, después de un año, pasarme por el barrio y visitar a los vecinos que tanto bien nos han hecho. Reconozco que hay a quienes quiero como si fueran de mi propia familia, pues se han portado como si lo fueran o, incluso, mejor.

     

    El caso es que a quien primero me encontré, en el pequeño garaje que hay a la entrada de nuestro bloque de pisos, fue a Don Cayetano, el vecino del 10º, paseando a sus simpáticos y diminutos chihuahuas.

     

    Don Cayetano, a primera vista, parece un hombre malhumorado y antipático, pero no lo es. Se acordó de mí en cuanto me vio aparecer, me dio la mano y me preguntó por todos los míos. Recordó a mi abuela, su vecina, con mucho cariño, y me dijo que él seguía igual, con la única distracción de sacar constantemente a pasear a sus dos perrillos. Yo, para mis adentros, me acordé de aquel día en que coincidimos con él mi abuela y yo, en el portal del bloque. Vimos que alguien había dejado dos macetas en un rincón. Él dijo que eso era un peligro, pues cualquier chiquillo podría llegar, llevárselas, jugar con ellas o tirarlas por donde menos nos los esperásemos.

     

    Eran dos cactus. Uno de ellos no era de esos que son solo un tronco empinado lleno de pinchos. Éste era verde y abierto a modo de flor, de cuyo interior salían unas fuertes hojas con pinchos en sus cantos. A mi abuela le gustó y Don Cayetano, que seguía erre que erre, se empeñó en que nos subiésemos la maceta a casa. Dijo que donde mejor podía estar era en casa de mi abuela, que tenía fama de buena cuidadora de plantas, pues entonces su terraza lucía llena de macetas que parecían estar muy bien cuidadas: olorosos geranios, cactus de todo tipo, etc. Y, de hecho, lo estaban. Recuerdo que, incluso las famosas flores rojas de Pascua, le duraban a ella hasta el verano… Y, de hecho, hubo una que le duró más de un año, superando los calurosos y rigurosos veranos cartageneros.

     

    Pues bien, a Don Cayetano lo encontré en Cartagena hace justo, hoy sábado, una semana. Lo encontré como siempre, con su barba canosa, su pelo blanco y su extremada delgadez. Aparentaba estar muy bien. Y, de hecho, me dijo que él y los suyos se encontraban perfectamente. No era de los que más trato tenía con mi abuela pero, solo por el hecho de ser vecinos durante 40 años y haber sido buenas personas, se les coge mucha estima y cariño.

     

    Pues bien, me acaba de llegar la noticia de su fallecimiento, ocurrido ayer por la mañana, a causa de una hipoglucemia provocada por la diabetes que padecía y que llevaba con resignación a sus ochenta y tantos años. Esta tarde tendrá lugar su entierro.

     

    ¡Quién me iba a decir a mí que el sábado pasado iba a ser la última vez que Don Cayetano y yo nos íbamos a encontrar!

     

    Descansa en Paz, vecino. Y si te topas por ahí con tu vecina del 3º, dale un beso de mi parte.

    De vuelta.

    Ya he vuelto del viaje fugaz por mi tierra que he hecho este fin de semana. Era un viaje que necesitaba hacer, mi cuerpo me lo pedía. Y seguramente también mi conciencia, que querría quedarse tranquila, tal y como la tengo ahora, sin golpearme tan fuerte como solo la conciencia sabe hacer.

     

    Ahora estoy un poco tristón. No porque haya sido un viaje de impresiones, que lo ha sido, sino porque siempre me ha ocurrido que la vuelta a los Madriles se ha convertido en un trauma para mí. Es curioso que no me haya costado nunca hacer viajes hacia allá, pero que, al volver, la melancolía o qué sé yo me hayan tenido algunos días con el carácter agriado y el gesto triste.

     

    Es lo de siempre, nada nuevo. En unos días volveré a estar como antes. Y no por ello voy a dejar de ir.

     

    El viaje me ha permitido pasear por nuestro barrio y quedarme embobado mirando a la terraza de la casa. He podido ver y saludar a mucha gente, desde las chicas de la Farmacia al carnicero, pasando por el frutero, y todo tipo de vecinos/as. Ellos, con sus comentarios, me han demostrado que el recuerdo de su amiga, vecina, clienta, etc., sigue muy vivo. Gracias a este viaje he estado en casa de mi tía paterna y pude escaparme un día a ver a mi tía materna. Mi breve estancia me ha dejado saludar a los vecinos más allegados que, además de cosas banales, me han puesto al día de otras cuestiones. Además, pude comprar unos encargos que me hizo mi madre, morcillas de cebolla y longanizas blancas y rojas, típicas del lugar, sin haber podido conseguir la longaniza seca que tanto le gusta a mi hermana.

     

    El momento clave y, por otro lado, inesperado, fue mi visita a la casa de la abuela. Me llevé una fuerte impresión, acostumbrado como estaba a verla, olerla y sentirla como ella la tenía. Han desaparecido algunas cosas, otras están en sitios diferentes y hay cosas y seres nuevos. Aun así, muchos recuerdos se me agolpaban en la cabeza, conforme pasaba de habitación en habitación, al mismo tiempo que una parte de mi parecía querer revolverse contra lo que no es posible o lo que no se supo o pudo hacer mejor.

     

    Y el domingo pude comprobar, de nuevo, lo mucho que la gente la añora, recuerda y quiere. Mucha gente, algunos incluso teniendo cosas urgentes a las que atender, se acercaron para recordarla. En ese momento emocionante y emotivo, ella se me volvió a manifestar, demostrándome que sigue viva, que está aquí y en todas las partes por las que ella pasó y donde haya alguien que la conoció.

     

    Las muestras de cariño hacia ella y hacía mi han sido constantes. Invitaciones a comer, meriendas, cafés, etc., con las que los vecinos me han agasajado continuamente.

     

    Y, como consecuencia de todo ello, una sensación agridulce. Feliz por haber hecho el ansiado viaje y por haber vuelto a ver a tantas personas que me quieren y a las que quiero. Pero triste de saber que no puedo ir a Cartagena tanto como antes, que no puedo disfrutar de ciertas cosas tanto como lo hacía antes y que quizá haya sido esta la última vez que haya podido ver con vida a alguna que otra persona gravemente enferma.

     

    Pero es lo que hay. Hay que aceptar las cosas como vienen, como decía la homenajeada. Así se intentará hacer, no sin antes pedirle a ella que nos eche un cable porque lo llevamos claro, Genaro.