Qart's profileDESDE MI PERISCOPIOPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
Saludos desde mi tierra.Os saludo a todos desde San Pedro del Pinatar, donde vive mi tía materna.
Ayer estuve a las afueras de Cartagena, en la casa de mi tía paterna. Al llegar a la estación de autobuses comprobé que iba a ser un viaje raro. Me sorprendió ver a tanta gente joven callejeando, seguramente muchos de ellos estudiantes de la Universidad Politécnica. Y también vi hasta siete Infantes de Marina, lo cual me alegró enormemente, porque mi ciudad ha sido precisamente eso: Ejército y Universidad. Me alegra ver que mi ciudad cambia socialmente.
Pero me sentí raro. Al enfilar la calle por la que solía bajar andando a casa de mi abuela, recordé muchas cosas. En esa calle cogí el autobús para llegar hasta donde vive mi tía y allí cené y pasé la noche.
Hoy, antes de salir para San Pedro, pasé por el barrio de mi abuela, entré al portal y hasta llegué a subir al rellano. Hice unas cuantas fotos desde la calle, saludé al frutero, a un vecino y a las chicas de la Farmacia. Todos/as se acuerdan mucho de ella y también de mí. Muchos recuerdos y, sobre todo, la sensación de un vacío horrible. No sé, es como si aquello estuviese diferente ahora. Y, realmente, todo es diferente.
Pero todo bien. Mañana volveré, saludaré a los vecinos y seguramente haré más fotos.
Saludos a todos. Uno que se va.El viernes me voy a Cartagena. Será la primera vez que pise suelo patrio después del fallecimiento de mi abuela y la novedad será precisamente esa, que voy a ver por primera vez a todo el mundo menos a ella. Lo que no ha cambiado es el motivo del viaje: si antes iba por ella, ahora sigo yendo por ella. Por ella y por mí y también por sus amigos/as y conocidos/as con los que me reuniré un día de este fin de semana para recordarla entre todos.
Voy, pero ¿de verdad que no la voy a ver? Si lo pienso, creo que no es cierto. Creo que la veré. Cuando me pare delante de la terraza de su casa, la veré. Y su fuerzo la vista veré su mecedora, la silla con la que atrancaba el portón y la mesita en que desayunaba. La veré también cuando entre al zaguán del bloque o me plante en el descansillo y mire a la puerta de casa. Entonces la veré abriendo la puerta, con su bata de invierno o de verano, con los brazos abiertos diciéndome: “Hooooooombre, ¡cuánto has tardado y qué guapo estás!”. La veré en los ojos de sus vecinos y vecinas. La veré en el hospital, en la estación de autobuses cuando venía a buscarnos, en la frutería de Pedrito, en la carnicería de Benito, en la panadería, en la sucursal de la caja de ahorros, en la calle hablando con cualquiera o en la mirada de su amigo el funcionario del cementerio. Y la veré, por fin, rodeada de sus amigos y su nieto cuando nos reunamos a recordarla, entonces estará en medio de todos.
Así comprobaré que sigue viva y que sorprendentemente no ha muerto. Y con ello me bastará y me sobrará para quedarme más feliz que una perdiz. Supongo que habrá de todo, momentos más bonitos y otros más duros o tristes, incluso no descarto que mis ojos vuelvan a humedecerse más de una vez pues, aunque parezca que no, yo soy un llorica.
Supongo que me iré en autobús, como suelo hacer, pues el tren está muy caro y mi maltrecha economía no se permite derrochar el dinero así como si tal cosa, máxime en los tiempos que corren. Bueno, más que autobús debería decir que voy a coger la diligencia Madrid-Cartagena porque el viaje se me hace eterno. Seis horas larguísimas y parece que cada vez va más despacio. Hay tramos que dan ganas de bajarse y empujar al autobús y, de paso, estirar las piernas. Porque pasarse seis horas con el cuerpo y las piernas en la misma postura es como para que te de una tromboflebitis aguda y te quedes en el sitio. Luego, cuando te bajas, lo haces con las piernas en posición “Seat 600 con las puertas abiertas” y esperas que haya algún alma caritativa que te ofrezca un tacatá, como los de los bebés, pues parece que se te olvidó eso de andar, habilidad que seis horas antes se te daba tan bien.
En tren, el viaje no es mucho más corto porque el hoy Altaria, antes TALGO -nombre que me gustaba más, será por deformación profesional y gusto por lo arcaico-, se pega un voltio por la Meseta Sur española de tres pares de narices. Sale de Madrid por Aranjuez, llega a Toledo y no sé qué pueblos -muy concurridos todos, por cierto- de dicha provincia pasando a la velocidad del rayo por estaciones en las que nunca jamás se ha subido -ni se subirá- nadie como, por ejemplo, Castillejo-Añover, Villasequilla, etc. Nombres por todos bien conocidos.
No contento con eso, se pasa a Ciudad Real hasta alcanzar Alcázar de San Juan, donde el Altaria tiene a bien pararse, ahora sí, para recoger gente. Una vez que ha hecho eso, sale cortando hacia Albacete capital, aunque según el tren que se coja, puede que pare en algunos pueblos que hay entre esa provincia y la de Murcia como Villarrobledo, La Roda, Hellín, Cieza, Calasparra, Archena o Alcantarilla. Si no, también los pasa de largo hasta llegar a Murcia capital. Y, después, inicia su camino hasta donde terminan las vías, es decir, hasta la ciudad de Cartagena. Total: cinco horas, una menos que en autobús (que para media para descansar en un área de descanso a la altura de Albacete).
La diferencia no es tanta como para la diferencia de precio (el doble en tren). Si éste fuese supersónico todavía lo podría comprender, pero no es el caso precisamente. Es un tren bastante normal, mal cuidado, con un aspecto exterior opinable cuanto menos y etcétera, etcétera.
El caso es que ayer llamé a una conocida de allí para decirle que iba. La pobre está muy mal de salud, cada vez peor, no sale apenas de su casa y se portó muy bien con mi abuela y conmigo. Le dije que me gustaría verla o, al menos, no volver a Madrid sin pasarme a saludarla ya que ahora tenemos la oportunidad que quizá al año que viene no tengamos, y se me echó a llorar. Vaya, no sabía yo que mi viaje hacía tanta ilusión al público…
Fuera de bromas, diré que todos se han interesado por mi viaje, me llaman y preguntan e, incluso, ya me han dado fecha y hora para que que nos veamos. Hay quienes me han invitado a comer en su casa. Otros a merendar. Y ya a cenar no creo que me invite nadie, más que nada porque voy a casa de mi tía y no es plan de largarme de allí a las 9 de la mañana y no aparecer hasta la noche.
Me gustaría llevarme la cámara de fotos y hacer instantáneas de algunos rincones de la ciudad que han sido importantes para mí. Si alguien se anima a hacerse alguna con un servidor, mejor para él, porque, a sabiendas de que seré un destacado investigador español a no tardar mucho, esa foto se revalorizará y tendrá buena salida en la sala Christie’s.
Y a eso es a lo que voy. A pasar tres días en mi tierra, a la que tanto iba antes. A pasear, si puede ser, en soledad por sus calles y aprovechar para fotografiar todas las cosas que quiero. La soledad me permitirá disfrutar mejor el paseo. A saludar a muchísima gente. A comprar las viandas que me han encargado mi hermana y mi madre. A ver a mis tías y primas. Y a pasar un rato, que presiento siempre se hará demasiado corto, con todos aquellos amigos que tanto bien nos han hecho y a los que, en algunos casos, quiero como si fueran de mi familia.
Creo que disfrutaré del viaje y, es más, aunque esté agobiado con el trabajo, creo que necesito hacerlo.
Saludos a todos.
PD: Espero poder escribiros desde allí.
A contrapelo.Uno de mis defectos, quizá el peor, es mi carácter, agriado y permanentemente insatisfecho y exigente como el que más. El otro es no pensar o, mejor dicho, no hacerlo dos veces antes de expresarme. El tercero es verlo todo de una determinada manera, mi manera, después de “muchos” años de experiencia personal, y que de ahí no me saque nadie.
No es que no me guste algo, sino que lo que no me gusta, no me gusta. Y lo que me parece de una determinada manera, es y será siempre de esa determinada manera porque mi experiencia me lo demuestra así. Es decir, me hago una idea de las cosas, del mundo, de mí mismo, etc., y no salgo de ahí repitiéndola hasta aburrir.
El caso es que luego me paro a pensar, que es lo que no me permite hacer ese carácter, y veo que hay cosas que no son así. Y entonces me doy cuenta de que más que tener 25 años parece que tengo 5, de rabieta en rabieta, como los niños pequeños. Y entonces me acuerdo de aquella persona callada y resignada, imposible de pillar en un renuncio, pues sabía encajar mejor que nadie las diversas situaciones a las que se enfrentaba.
La vida no es ni fea, ni bonita, dependerá en el 95% de las ocasiones de la forma en que nos predispongamos a vivirla. Y la vida tiene cosas bonitas y otras cosas que no lo son tanto. No siempre se puede salir ganando, no siempre te van a dar la razón. Habrás veces en que te llevarán la contraria o, incluso, verás que hay algo en lo que has puesto tus mayores deseos que no puede llegar a buen puerto. Eso es la vida. Cuando ésta nos da alguno de sus reveses, lo único que podemos hacer es tratar de digerirlo lo mejor posible, para lo cual se suele necesitar tiempo y ver las cosas en perspectiva, cosa que no se puede hacer con el tan socorrido por mí recurso al pataleo. Lo que varía es que algunos necesitan menos tiempo que otros para aceptar las cosas, pero lo que tampoco debe hacerse en regodearse en la desgracia permanentemente.
De igual manera, no hay ni barrios bonitos, ni barrios feos, ni ideas negras, ni grises, ni de colorines. Todo ello depende de nosotros, de los cristales con que nos pongamos a mirar el mundo. Hay quienes son capaces de pararse a mirarlo de forma objetiva y hay otros que nos dejamos llevar por la primera reacción que se nos pone en las narices. Y esos otros somos los que reaccionamos de manera primaria, casi sin pensar. Y tal cual se nos viene, lo soltamos. Sin pararnos a pensar en que, si reflexionamos dos veces y contamos hasta 10, las cosas se podrían ver desde otra perspectiva. Y sin darnos cuenta de lo injustos que podemos llegar a ser.
En efecto, mi forma de ser es esencialmente injusta sobre todo con los que me conocen y/o me quieren. No es de recibo que yo diga que el sitio donde vivo es una porquería, pues en él no solo vivo yo y mi familia, sino que viven personas que me aprecian y que me aportan una cantidad de cosas que serían imposibles de expresar certeramente con palabra humana en un sitio limitado como este. Personas que me quieren, que me agasajan, que me llevan, que me traen, que me dan, que me invitan…, gratis y porque sí, y a las que yo apenas devuelvo nada.
Solo por eso, yo debería adorar -como dice una canción- el suelo por donde pisan. Y no es que yo no lo sepa, claro que lo sé y me emociona comprobarlo cada vez que tengo ocasión, sino que las reacciones primarias e instintivas, precisamente por ser primarias e instintivas, son capaces de pasar como un rodillo por encima del resto de lo bueno que haya en tal o cual sitio o en tal o cual situación.
Pasadas las horas, a todas esas personas creo que debo un lo siento. No hacen falta nombres, ellos saben quiénes son, pues a estas alturas no hay ni trampa, ni cartón, ni ases en la manga, ni ocultamientos, ni mentiras. Y, por supuesto, les doy las gracias por todo el amor impagable que me dan y que espero me sigan dando porque sin él, como dice la canción de aquí abajo, desde luego yo no sería nada de lo que soy.
No, no es nada.Pues al final, a pesar de todo y en respuesta a las preguntas de ayer, no es nada.
Tengo la suerte de considerarme un chico de mi tiempo, al que no se le caen los anillos por fregar unos platos, pasar el aspirador o planchar unas camisas. Gracias a Dios sé hacer, o mejor dicho intento aprender a hacer, muchas cosas que en un futuro supongo me permitirían vivir solo, sin necesidad de depender de nadie y sin ver la soledad como algo de lo que huir. Todo eso, como siempre digo, tengo que agradecérselo a mi madre y a mi abuela, que no sé si consciente o inconscientemente me han ido preparando para la vida moderna en soledad, si se diera el caso en el futuro.
No me preocupa la soledad, al contrario, veo en ella muchas cosas buenas. Sobre todo la de vivir libremente haciendo lo que a cada momento se me antoje, sin tener que contar con la opinión o el parecer de otra persona. Pero también las tiene malas como, sin duda, convertirse en un cascarrabias al que le resulta imposible adaptarse a vivir siquiera un par de días con miembros de su propia familia, o sea, convertirse en un ser egoísta, celoso de sí mismo, inadaptado para la vida social, etc.
De hecho, yo ya tengo mis rarezas, que no son pocas y que, creo, dificultan en algo mi vida social. Soy bastante autosuficiente e independiente, no me gusta necesitar de alguien para resolver un problema, ni tampoco depender de alguien para hacer cualquier cosa. Salvo a mi padre y a mi madre, y hasta para las cosas más triviales, me cuesta dar explicaciones de lo que hago porque me apetezca en tal o cual caso. Y, además, soy una persona inexpresiva o, mejor dicho, que no suele exteriorizar sus sentimientos, por lo que resulta muy difícil llamar la atención de alguna chica.
Pero, bueno, es lo que hay. Cada uno es como es. Yo no creo que, a estas alturas de la película, tenga que ser necesariamente el hombre quien conquiste a la persona que más le gusta con un ramo de flores, una tuna bajo la ventana de la habitación o cartas de amor. Pero sí entiendo que, por muchos esfuerzos o por mucho que se haga por exteriorizar un sentimiento, si la otra persona no nos corresponde, el esfuerzo no se hace. También resulta complicado vencer nuestra timidez o nuestra dificultad para expresar ciertos sentimientos de una forma más visible y/o física. Estas cosas son de dos, no solo de una persona.
En cualquier caso, tal y como estoy ahora, estoy estupendamente. No me falta de nada, ni me quejo por nada. No me falta cariño, ni sentirme querido por mucha gente. Y, además, cada vez parece más seguro que mi sino es vivir en soledad, cosa que no me importa porque creo que estoy preparado para ello y para no verlo como un trauma.
Y, por cierto, el barrio sigue siendo la misma mierda de antes y lo que antes era negro, vuelve a ser de nuevo negro, y lo blanco igualmente. Seguramente sea -y seguirá siendo- lo mejor. ¿Qué es esto?¿Qué es esto que me llega a estas alturas, sin saber muy bien ni cómo, ni cuándo, ni por qué? ¿Qué es esto que me asalta ahora, sin haberlo previsto, y que me hace sentir lo que hasta ahora no he sentido con semejante intensidad y ardor? ¿Qué es esto que me tiene revuelto el cuerpo, que me da felicidad cuando la veo, aun haciéndome sentir poca cosa ante sus muchas virtudes, pero que me convierte en el ser más insatisfecho cuando toca separarse? ¿Qué es esto que se apodera de mi cuerpo, de mis horas de trabajo, de mis horas de descanso y de sueño y que no me da tregua para pensar en otra cosa? ¿Qué es esto que se apodera de mi estómago, de mi pecho, de todo mi ser y que quiere gritarlo fuera, dándome la sensación de inmensa felicidad aunque con un cierto toque de angustia o, mejor dicho, de ardor? ¿Qué es esto que ahora me hace dormir como un lirón, con lo mal que yo solía hacerlo, en paz y con la sensación de no necesitar más para estar feliz y contento? ¿Qué es esto que me hace hasta cambiar mi visión sobre las cosas, especialmente sobre aquellas que parecían imposibles de modificar hasta hace apenas unos días? ¿Qué es eso que convierte lo que hasta ayer era indudablemente negro en gris, y lo que hasta ayer era absolutamente gris en blanco? ¿Qué es esto que me hace ver de otra manera a quien hasta ahora tenía delante de mí, aun a pesar de que sustancialmente sigue siendo igual que años atrás? ¿Qué es esto que me hace sentir tan poca cosa ante ella y, desde luego, tan deslumbrado por sus muchas virtudes y su carácter? ¿Qué es esto que ahora hace que me fije en éstas como no lo había hecho antes y que me demuestra que tenemos más en común de lo que ayer me parecía? ¿Qué es esto que ahora me hace ver que el barrio donde vivo es bonito solo porque ella pasea por sus calles? ¿Qué es esto que incluso me hace dar gracias a Dios, cosa que no se me habría ocurrido antes, por haberme hecho dar con mis huesos en este lugar? ¿Qué es esto que me desarma, me abrasa y me supera por todos lados?
Un año.I ANIVERSARIO
-20 DE MARZO DE 2009-
Tengo la seguridad de que, si hubiese tenido la oportunidad de hablarme antes de partir, mi abuela me habría dicho algo parecido a lo que viene a decir el texto anónimo que, más abajo, acompaña a esta entrada. Lo sé porque la conocía bastante bien y cuando surgía el tema, si bien fue en ocasiones contadas, acostumbraba a ponerse muy seria y siempre, siempre, siempre, me decía que lo último que yo tenía que hacer era ponerme triste o llorar por ella. Si bien no me iba a alegrar porque son situaciones difíciles y tristes, al menos debía tener la tranquilidad de que ella pasaba a estar donde tenía que estar después de haber vivido su vida. Me decía que tenía que alegrarme por habernos topado en nuestro camino y haber aprendido tanto el uno de la otra y haber compartido tantas cosas. Me aconsejaba también que no dejase de vivir mi vida, que no me paralizase, ni me deprimiese, ni que enfermase, ni que dejase de hacer lo que tuviese que hacer en cada momento. Me pedía que no me preocupase por ella porque allá donde algún día se tendría que ir, no iba a estar sola, ni por supuesto me iba a dejar solo a mí. Siempre me acompañaría hasta el fin de mis días, agradecida por todo lo que he hecho por ella y, si guardaba silencio, podría escucharla y, así, hablar con ella cuando quisiera. Y yo, débil como soy y sin tener la fuerza y la capacidad que ella sí tenía para aceptar cada situación y cada prueba de la vida por dura que fuese, no la hice ni puñetero caso. Y se lo sigo sin hacer porque, habiendo pasado un año, me sigo emocionando como el primer día y no hay una entrada de estas que no se haya visto acompañada de alguna que otra lágrima, de esas que caen en la soledad del escritorio, entre los cuatro muros de la habitación, cuando los recuerdos, las palabras y los sentimientos vertidos sobre un documento Word hacen de las suyas y nos ponen un nudo en la garganta. No me deprimí, ni enfermé, ni nada de eso. Pero sentí un vacío enorme de ver a una mujer tan activa y tan viva como ella, tendida en una camilla del hospital o en una fría sala de un Tanatorio, sin vida. Sentía impotencia por todo lo que había sufrido ella, inmerecidamente en mi humilde opinión, y no poder hacer nada. Tampoco sabía si ella se había percatado de mi presencia en esa habitación del hospital aunque, desde luego, no sería por cuidados, besos y demás atenciones que tuve con ella hasta el mismísimo final. Y tampoco sé si pudo ver a tanta gente reunida en torno a ella, abarrotando una sala del Tanatorio o una Parroquia, como se merecía y como a ella le habría gustado: despedirse entre los suyos, sus amigos y amigas de la Parroquia. Y tampoco sé si verá a tanta gente como se acuerda de ella aun hoy. Espero, al menos, que tuviese razón en todo aquello que me decía y que donde esté, lo esté mejor de lo que lo estaba aquí. En cualquier caso, os dejo con el texto anónimo que seguro conocéis: Si me voy antes que tú, no llores por mi ausencia, alégrate por todo lo que hemos amado juntos. No me busques entre los muertos, en donde nunca estuvimos; encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido si tú y yo no nos hubiésemos conocido. Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hayamos creado juntos. En nuestros hijos, por supuesto, pero también en el sudor compartido, tanto en el trabajo como en el placer y en las lágrimas que intercambiamos. Y en todos aquellos que pasaron por nuestro lado y que irremediablemente recibieron algo de nosotros y que llevan incorporado -sin ellos ni nosotros notarlo- algo de ti y algo de mí. También nuestros fracasos, nuestra indolencia y nuestros pecados que serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles, sino humanos. No te ates a los recuerdos ni a los objetos, por que donde quiera que mires que hayamos estado, con quien quiera que hables que nos conociese, allá habrá algo mío. Aquello sería distinto, pero indudablemente distinto si no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante tantos años, el mundo estará ya salpicado de nosotros. No llores mi ausencia, por que solo te faltaría mi palabra nueva y mi calor de ese momento. Llora, si quieres, porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso porque cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya solo pueden hablar los ojos. Y vive. Vive creando cada día y más que antes. Por que yo no se cómo pero estoy seguro de que desde mi otra presencia, yo también estaré creando junto a ti, y será precisamente en este acto de traer algo que no estaba donde nos habremos encontrado. Sin entenderlo muy bien, pero así, como los granos de trigo que no entienden que su compañero muerto en el campo ha dado vida a muchos nuevos compañeros. Así con esta esperanza deberás continuar dejando tu huella, para que, cuando tu muerte nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore ya sin ruptura a la única creación, muchos puedan decir de nosotros, si no nos hubiésemos amado, el mundo estaría mas triste. Anónimo. Como tú misma dijiste cuando tuviste que plantar cara al golpe más duro que te dio la vida, la pérdida de tu hijo, yo no puedo más que seguir dándole gracias a Dios por lo que se llevó hace un año, por lo que me permitió vivir y aprender contigo y por lo que me ha dejado. Aunque a veces me cueste verlo, yo estoy en poder de la mejor de las herencias, por la que nadie se pelea, porque no se ve, ni se puede tocar, ni se cuenta por miles de euros, y que nadie me puede quitar o arrebatar jamás. Pero, ante todo, sigue descansando en Paz. No hagas mucho caso de lo que pasa por aquí abajo, aunque sea para echarse a llorar, pues ahora te toca descansar, cosa que no hiciste mientras estuviste aquí. Y ya sabes que en una semanita pretendo que nos veamos por allí y, sobre todo, no dejes que aminore esta sensación de saberte cerca de mí. Descanse en Paz. Me muero, me mueroComo dice la letra de esta magnífica canción de mi admirado Moncho, me muero por verte, por compartir un rato contigo, por escuchar esa voz y acariciar esa piel, por sentirte mía, por desabrochar tus ropas, por apaciguar mis ansias internas, por alborotar tu pelo negro, por beber lo dulce y lo amargo de tus labios, por entregarte todas mis cosas, por adorarte y por miles de cosas más. Y también me muero cuando me dices algo especial y, sobre todo, cuando me rozas, sin querer o queriendo, no sé, y todos mis sentidos se vuelven entonces como locos, buscando calmar la ansiedad momentánea que les provoca ese contacto. Es difícil intentar expresar algo que no se sabe muy bien cómo ha llegado, que lo ha hecho de repente y como un vendaval que sacude todo nuestro cuerpo y nuestros sentidos de una forma arrebatadora. Son muchos años conociéndonos, es verdad, ¡toda una vida!, pero algo debe ocurrir cuando, de un tiempo a esta parte, los sentimientos han ido a más, convirtiéndose en deseo, y hasta la vecina se da cuenta. Pero lo cierto es que el momento ha llegado, o eso me parece, y que lo ha hecho me temo para los dos al mismo tiempo. Pero, ¿cómo insinuártelo cuando servidor es tan poca cosa?
El pasado sábado.El sábado pasado pasé un buen día. No pisé mi casa en todo el día, pero fue un gran día. En efecto, iba a conocer en persona a dos amigos del espacio que nos llevamos comentando en nuestros espacios desde hace ni se sabe el tiempo…, por lo menos un año. Se trata de Luís y Merce. Podían haber sido tres, pero Cartu no pudo venir desgraciadamente porque tenía miedo de toparse con un hombre como yo y puso cualquier excusa.
Yo estaba nervioso pero no por conocer a dos desconocidos, sino porque pensaba que querían meterme entre pecho y espalda un bocata de calamares, con toda su grasa y pringocheo. Y bien es sabido que yo no mezclo proteínas con hidratos, ni me gusta bañar mi estómago con litros de aceite de freidora “guarri-guarri”, pues no quiero acabar con mi vida todavía. Considero que es demasiado pronto para hacerlo.
Así pues, el sábado me desperté, me duché, me acicalé, me vestí y salí cortando hacia Madrid. Antes de eso, le dejé un comentario a Luís para que viniese a buscarme a mi barrio, aprovechando que no vive muy lejos. Prometo que fue en plan broma. Desde luego, lo que no me podía esperar era que su mujer, que es muy buena persona, no como el marido, tuviese el detalle de avisar a Luís. Y él tuviese el otro detalle de llamarme a mí a su vez y decirme que no le importaba pasar a buscarme. Yo ya estaba en la parada del autobús y vi la oportunidad de no gastarme un viaje de mi abono de 10 viajes, que su dinero me cuesta, y le dije que, si no le importaba, que por mi perfecto. Y quedamos en el lugar convenido a la hora acordada.
Él, a manos del bólido de su mujer, debió meter la gamba un par de veces por la carretera y llegó tarde a su cita. Y, claro, lo hizo derrapando por la explanada del Metro, quedándosele todas las Jessys y los pokeros mirando, pensando que acababa de llegar el King de los Kings. Entonces, yo me acordé del autobús que había dejado pasar hacia un cuarto de hora y, después de los saludos de rigor, que uno es muy educado, le pregunté si él conducía así siempre. Me dijo que no y, pasado el primer kilómetro, comprendí que no era necesario llamar a mi confesor. Eso sí, no habíamos recorrido los primeros diez metros, y él ya me estaba diciendo que, si se me ocurría hacer no sé qué, me tiraría del coche en marcha. Y vosotros me diréis que para amigos como estos, no hacen falta enemigos.
Pues bien, hablando de lo divino y lo humano, lo mismo de Gandía que de no me acuerdo muy bien qué, llegamos a Madrid. Nos adentramos en la capital, vimos las vacas esas que han puesto por todas partes y llegamos a Sevilla (a la calle, no a la ciudad, que no conduce tan rápido). Allí él pretendía dejar el coche en un aparcamiento e ir andando hasta la Plaza Mayor, lugar en que habíamos quedado con Merce que, por otro lado, ya estaba haciendo de las suyas, estableciendo amistad y conversación con cualquier mujer que se dignara a pararse bajo el caballo de tan famosa plaza.
Lo que no cuenta Luís es que, en lugar de esperar la cola de los coches que se estaban metiendo en el garaje, él cogió y, dice que por un descuido, se coló como un señor delante de todos ellos. Claro, me llevaba a mí, con mi señorío, y debió creerse que llevaba al Duque de Alba a la Feria de San Isidro y me coló por si nos quedábamos sin aparcamiento. Él dice que fue un despiste, despiste que consistió en ver un coche blanco que se creyó que era un taxi parado en la misma entrada del garaje. Eso no fue así. Lo que ocurrió es que amenazó al supuesto taxista con obligarle a escuchar toda la discografía de Queen y el taxista comprendió que nosotros debíamos ser unos tipos duros. Y nos dejó pasar.
Total, que llegamos a la Plaza Mayor, después de certificar que en Madrid la gente no se acaba nunca. Sea el día que sea, todo está abarrotado. Y la Plaza, como decía el Dúo Sacapuntas, también lo estaba. Saludos de rigor entre Merce, que me llamó guapo -por algo será- y yo, porque Luís y ella se conocen de sobra… Después de contarnos su anécdota, Merce dijo que no le apetecía mucho un bocata de calamares, momento en el que yo vi el cielo abierto y pude comprobar que hay Dios y que todas mis oraciones habían surtido el efecto deseado. Luís puso cara de fastidio y nos fuimos a la Cava Baja, a comer a una taberna famosa. Bueno, no sé si famosa, el caso es que la conocían los dos.
Y seguimos hablando de todo, lo mismo de la limpieza en los cuartos de baño públicos o de los restaurantes -cosa con la que soy muy maniático- que de las iglesias de carretera que Merce se ha encontrado en su peregrinar por media Europa. Supongo que Pitita Ridruejo no se habrá enterado de la existencia de tales iglesias, si no seguro que emigraría para encontrar apoyo espiritual cuando, en plena carretera o en pleno repostaje, se le apareciesen los Ángeles Custodios.
Y, así, dirigimos nuestros pasos, después de comer, a la Calle Preciados o, lo que es lo mismo, la calle que huele a fritanga que echa para atrás y que me da un asco que no soporto. Merce intentó hacer una razzia en una tienda de ropa, creo que Bershka, pero salió igual que entró, sin ropa. Bueno, salió sin ropa nueva, pues la que llevaba de antes la seguía teniendo puesta.
Y, acto seguido, nos adentramos en FNAC, pues Luís quería comprar un CD de música, ya podéis suponer, algo de Beethoven, Mozart, Raphael o Antonio Molina, lo que a él le gusta. Y de paso yo compré otra cosita que espero nadie diga para que el afectado no se entere.
Seguimos andando hasta, más o menos, la Plaza de las Cortes y, allí, llegó el momento de los adioses. Lloros, chirriar de dientes, lágrimas rodando por nuestras mejillas, pañuelos, etc., hicieron muy difícil nuestra despedida. Ellos se quedaron haciendo fotos por Madrid y yo, sin embargo, enfilé el Paseo del Prado, llorando amargamente, dirigiendo mis pasos hacia la Plaza del Conde de Casal, o sea, mi segunda casa. Y, casualmente, enfrente del Palace, en la terraza de una especie de cafetería, me encontré con un famoso: Alberto, uno de los presentadores de Sé lo que hicisteis (La Sexta).
Conclusión: un placer o un día redondo. Espero que se repita no dentro de mucho tiempo, para que les pueda llevar otro de mis modelitos que sé que tanto les gustan. Y esperamos que a la próxima venga Cartulina y la conozcamos.
Saludos a todos. Usted
Por mucho que piense, que reflexione, que me encierre, que le de vueltas a la cabeza, que no me lo crea y quiera entender lo que me pasa, creo que lo que me ocurre es que usted está empezando a ser la culpable de todo eso, ¡o quizá ya lo fuese y no me di cuenta hasta hoy! No lo sé, pero sí me da la impresión de que usted es la culpable de que yo hoy esté así. Ya está restaurado.Ya está en casa, restaurado.
A pesar de que tiene más de 50 años, ha quedado como nuevo y espero que esté conmigo hasta que me muera yo. Luego, que hagan lo que quieran con él. Entiendo que no se podrá hacer mucho porque supongo que una figura como esta no podrá restaurarse ad infinitum. Volverá a resquebrajarse a consecuencia de los cambios de temperatura, aquí más fuertes que allá. No sé, pero supongo que llegará un momento en que sea imposible volverlo a arreglar y que el arreglo quede bien. Pero, bueno, espero no tener que verme obligado a desprenderme yo de él.
Siempre me ha gustado, pues está muy bien hecho, con muchos detalles y un cierto aire de rusticidad.
Lo miro. Y me acuerdo de las veces que habré hecho la cama del dormitorio de mi abuela delante de él. Así planchábamos y colocábamos la ropa en el armario o doblábamos las sábanas recién recogidas de la cuerda de tender. Ha conocido a mis dos abuelos maternos, que dormían, se levantaban, se vestían, etc., con él. Ha acompañado las noches y los días de una mujer viuda durante casi treinta años. También ha conocido a mi madre y a sus hermanos cuando eran chiquillos y les ha visto crecer e, incluso, ha conocido a los padres de mi abuela. Y también se topó un buen día con una máquina de oxigenoterapia y unos señores que traían una cama articulada. Lo ha visto todo. Desde la posición en que estaba podía incluso ver la calle, que ha cambiado tanto. Fue seguramente una de las primeras cosas que entraron por la puerta de aquella casa, allá por el año 1970, cuando les dieron las llaves, y allí estuvo hasta el año pasado. Si pudiese hablar…
En fin, toda una vida a su lado. Hacía ya un tiempo que estaba roto, con grietas por todas partes y trozos que le faltaban. Por ello, su vida habría terminado hace un año, pero su rescate le ha permitido alargar su vida, o eso espero, por unos cuantos años más. Espero que muchos.
Lo vuelvo a mirar. Ahora está conmigo y estoy contento por ello. Pero, por otro lado, quizá sea la falta de costumbre, veo que no está cómodo, como si este no fuese su sitio.
A partir de ahora verá lo que se cuece dentro de esta habitación que, por otro lado, no es nada emocionante. Verá pilas de libros y papeles, padecerá mis agobios y sudores causados por éstos de vez en cuando, verá que yo y mi amigo el ordenador portátil hemos hecho muy buenas migas, conocerá mejor al resto de la familia, escuchará a Moncho hasta el hastío y, desde su posición, conocerá las toallas, los manteles, las camisas, las blusas y la ropa interior que cuelgan los vecinos en el tendedero. O sea, que el cambio lo tiene que haber notado él más que nadie.
Pero, ya se lo he dicho, tómatelo como algo temporal. Y da gracias y estáte contento porque aquí es uno de los sitios donde mejor podías estar tan apañado como estás ahora. 45 años de nuestra calle.Con motivo de la última entrada que puse ayer, la anterior no se lució como a mi me hubiese gustado. No es que sea una entrada sin par, que merezca un premio, pero hablar de las cosas de mi tierra, mi familia, mi gente y mis calles cartageneras, me gusta y creo que voy a volverla a poner al principio del blog. Es más, 45 años no se cumplen todos los días. Ni tampoco se suele tener conciencia de cuántos años tienen nuestras calles o desde y por qué se llaman como rezan sus carteles. Pongo también los dos comentarios que se pusieron en ella porque no estaría bonito que desaparecieran, pues para algo me los pusieron quienes los escribieron. Señalaré a las autores que, de esta forma, quedarán exoneradas de hacer comentario alguno. No obstante, si quieren escribir, por mí estupendo, que el barrio lleva unos días un poco solitario y tristón, no sé por qué será.
Sin más, os dejo de nuevo la entrada del pasado día 7 de Marzo de 2009:
Hoy tenía pensado escribir sobre otra cosa, concretamente sobre la dimisión de ayer del alcalde del pueblo en que vivo muy a mi pesar.
Pero eso lo dejaremos para otro día. Hoy escribo porque me he dado cuenta de que precisamente hoy hace 45 años que a nuestra calle de Cartagena se le colocó el nombre de Castillo Olite, o sea, su primer nombre. En efecto, fue el 7 de marzo de 1964, curiosamente solo cuatro días después del nacimiento de mi tío José Fabián, que en paz descanse.
Entonces mis abuelos maternos vivían en un tercero izquierda sin ascensor en lo que hoy es el número 25 de dicha calle. Se acababan de mudar, procedentes del Poblado de Escombreras, con mi tío (de unos cinco años) y mi madre (que entonces contaba con tres). En la nueva casa, que no era ni muy grande ni muy pequeña y tenía tres habitaciones, nacieron mis tíos José Fabián y Milagrosa en 1964 y 1965 respectivamente. Y allí vivieron los seis hasta que, en 1970, se mudaron a uno de los pisos de los cuatro bloques de diez plantas que Refinería construyó enfrente. La nueva casa era más grande, más adecuada para una familia numerosa, de cinco habitaciones y, sobre todo, con dos ascensores por bloque. Y no habría más mudanzas.
La calle forma parte del diseño del Ensanche que se hizo en la postguerra. Y, entonces, como forma de ordenar las calles antes de darles un nombre, se otorgó un número a cada una de ellas. La nuestra fue, en concreto, la Calle 13. Y fue aquel 7 de marzo de 1964 cuando dejó de serlo para pasar a ser la Calle Castillo Olite.
Resulta que aquel 7 de marzo de hace hoy 45 años se celebró en Cartagena el XXV Aniversario del mayor desastre naval de nuestra Guerra Civil, ocurrido frente al puerto de nuestra ciudad: el hundimiento del Castillo Olite que no por desconocido deja de ser importante. Allí murieron 1.477 personas, embarcadas en dicho mercante, el 7 de marzo de 1939.
La Guerra Civil estaba a punto de acabar. Y Franco pretendía dar un golpe de efecto, aprovechando la situación de pánico y golpes y contragolpes que se daban en la España republicana. Diseñó la Expedición sobre Cartagena, movilizando para ello a todos los barcos de la flota Nacional, militares o mercantes. Les ordenó marchar hacia Cartagena y, aprovechando los disturbios de la plaza, entrar al puerto en el momento convenido y tomar la ciudad y su gobierno militar. Una vez dominada la principal base Naval republicana, el fin de la Guerra sería cuestión de horas.
La expedición se montó rápido y corriendo y, como tal, estaba llamada a ser un rotundo fracaso. Pero, además, las noticias que llegaban de Cartagena eran confusas y lo que se decía que estaba en manos de los Nacionales, dejaba de estarlo horas después. De tal forma que, cuando los barcos llegaron a la altura del puerto cartagenero, recibieron órdenes de replegarse. Y así lo hicieron todos. Todos, menos uno, el Castillo Olite que, procedente de Castellón, parecía tener la radio rota y no se entero de la nueva orden. Siguió su camino e intentó entrar al puerto. En esas estaba cuando recibió un disparo desde una batería de costa, un disparo errado pues quien lo disparó entendió que no merecía la pena matar a tanta gente a estas alturas de la guerra. Pero el barco no dio la vuelta y recibió un segundo disparo que lo hundió al instante. El desastre fue total.
Como recuerdo a esos muertos, se alzó una enorme cruz de hierro en Escombreras, a la altura a la que había sido hundido el buque. Y, bajo la cruz, una imagen de la Piedad con una inscripción dedicada a Los Héroes del Castillo Olite. Además, durante mucho tiempo, el extremo superior del palo mayor del barco, estuvo asomando por fuera del agua. Y, cada aniversario, se colgaba de él una corona de flores. El último homenaje fue la dedicación de nuestra calle, 25 años después de la desgracia, en la media tarde del 7 de marzo de 1964.
Hoy, sin embargo, no existe la cruz de hierro, ni la Piedad, pues molestaban para hacer las obras de ampliación de la dársena de Escombreras. Hoy tampoco se ve ya el palo del Castillo Olite asomando fuera del agua, pues el barco está ahora enterrado bajo los escombros y el enorme dique que se ha hecho en el “superpuerto” de Escombreras. Y tampoco existe la calle pues, no hace mucho tiempo, algo más de 10 años, cambiaron de nuevo su nombre. Yo me acuerdo de eso.
Y así desaparecía el rastro de aquellos 1.447 muertos. Menos mal que hay quienes luchan contra el olvido, acuden a los archivos históricos y nos ofrecen algún libro que mantendrá viva la memoria de uno de los episodios más sangrientos, inútiles y desgraciados de nuestra Guerra Civil.
Saludos a todos. 8 de Marzo: Mujeres Sin Voz
8 DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
Parece que queda mucho camino por recorrer.
Curiosidades de mi espacio.Yo sigo alucinando con las cosas que la gente entra buscando a este sitio. Y es que las cosas que la gente busca por ahí no tienen desperdicio. No me explico cómo acabarán aquí, si aquí no hay nada de lo que vienen buscando. Mismamente hay frases que podéis leer más abajo que no tienen ningún sentido y que te dejan a cuadros. Pero el caso es que así es. La gente busca cosas complicadas y, sobre todo, muy curiosas.
Y yo, como ya he hecho en otras ocasiones, pongo un resumen de las mejores de las últimas semanas.
1.- Pedorras Arganda. 2.- Laboratorios Mohama. 3.- Fotos y vídeos de sexo entre burros y yeguas. 4.- Rafael Alberti, poema al puto pato. 5.- Poema la mierda, Rafael Alberti. 6.- Icono de chupapollas para Messenger. 7.- Qué son preguntas filosóficas. 8.- Tve2 inventor periscopio sueños vecinos. 9.- Identificar a las cantantes de ranchera de nombre Amelia en el siglo 20. 10.- Fotos o vídeos de la secundaria Jun Bautista Morales. 11.- Cómo se llama la canción que dice eres luz en mi vida eres sueño eres parte del día eres mi anhelo eres la garantía de mi recuerdo eres mi vida y lucho más. 12.- Y vuelve y el tiempo sigue pasando. 13.- María Dolores Pradera cantante. ¿Canta el caballo pinto? 14.- Coches nupciales. 15.- "Rosario Montero", "Mar Conesa". 16.- Culo de Susana Zabaleta. 17.- Ir al espacio de Silvia Gene. 18.- Canción de Dyango, doctor, que no se entere de nada, que nadie le diga la triste verdad. 19.- Cómo se está aplicando la luz en el periscopio. 20.- Siguiente: Los tiró a tos ar mar oseánico. A los que nadaron los llamó pescaos y setáceos. A los que se cagaron de mieo y se liaron a nadar como locos. 21.- Vídeo cuando Olga Tañón estuvo en Puerto Cabello el día 20-02-2009. 22.- Culos pelúos. 23.- Reflexiones para mi padre muerto. 24.- Cuántos nervios puede tener una muela. 25.- Personaje importante que nació el 14 de marzo de 1902. 26.- Sexo con burros. 27.- Función ejecutiva desde el punto de vista médico. 28.- Boleros para el concierto de Franco de Vita. 29.- Reflexiones para una hermana que murió. 30.- Trabajadores de Butano en Escombreras. 31.- Powerpoints de matrimonios en peligro. 32.- Vídeos de zoofilia. 33.- José Ortega Cano es homosexual. 34.- Investigar es un placer. 35.-Tópico del hombre y la mujer. 36.- Canción de la época de 1821 a 1911. 37.- Putas Arganda. 38.- Tipo de monedas que han existido en México desde antes de la independencia. 39.- Fotos y música de mi niña amada. 40.- Blog antiguos cursos de infantería de marina. 41.- Letra de las meadas de Rafael Alberti. 42.- Votos SMS recibidos Andalucía Alhambra. 43.- María Teresa Campos cantando un bolero en su programa. 44.- Apellidos cartageneros. 45.- Escuchar música gratis de la canción que dice me llega. 46.- Solo quiero una imagen de una escolta de preescolar. 47.- YouTube desnudas de cantón triunfo. 48.- Fondos de paisajes con fotografías de Jesucristo. 49.- Por qué se llamó el mártir del sacramento o San Hermenegildo. 50.- Hipi morboso. 51.- Servicios funerarios en el Mar Menor. 52.- Qué pasa si ahorramos el agua. 53.- Con dibujos de las investigaciones científicas de la medicina o la agricultura en Wikipedia.
El caso es que luego, en las encuestas, diremos que usamos Internet mayoritariamente para consultar en la Wikipedia, leer las ediciones digitales de los periódicos, hacer trabajos y chatear con los amigos y la familia que está lejos. Claro que, bien mirado, es como quienes dicen que, de la televisión, solo ven los documentales de animalitos y naturaleza salvaje de TVE-2. Lo cierto es que yo no sé qué pensarán encontrar la gente buscando cosas tan raras en Internet.
Continuará…, sin duda. Sensiblerías.Tengo que aprender a saber dejar las cosas como están, a aceptarlas como vienen -para lo cual tuve una gran maestra, por cierto- y a darle tiempo al tiempo, aunque tales cosas no me agraden y/o gusten.
Mentiría si dijese que la realidad que hubiera preferido es muy distinta a la que me está tocando presenciar, a casi un mes del primer aniversario del fallecimiento de mi abuela.
Es ciertamente emocionante, al menos para mí, sentirse nieto de una persona tan querida por tanta gente, tan admirada y que tanta huella ha dejado en tantos sitios y en el recuerdo de tantas amigas y vecinos. Por no hablar la que ha dejado en mí mismo…, aunque yo no me parezca a ella ni siquiera en los pensamientos, no digamos ya en las obras o en la forma de actuar ante determinadas situaciones límite o especialmente difíciles. Ella era un ser especial y, de alguna manera, irrepetible. Y no tiene mucho sentido ponerse a imitarla porque es inimitable. Doy gracias porque me tocase en el “reparto primigenio de abuelas”, pero ser como ella es difícil y yo no le llego ni a la suela de las zapatillas.
No sé darle tiempo al tiempo, me gustaría que algunas cosas fuesen diferentes o que el tiempo pasara rápido -quizá más rápido de lo que puede pasar en la realidad, pienso a veces-. Ciertamente esperaba otra cosa, aunque puede que pecando de demasiada inocencia.
Mentiría también si dijera que no siento ganas de volver a mi tierra. No tanto por mi tierra, que la tengo más que vista (aunque hay algunas novedades dignas de visitar), sino por los que allí quedaron. Tanta gente conocida y, por supuesto, querida. Y no solo querida, sino admirada, porque siempre supieron comportarse bien con nosotros, ayudando a su amiga y vecina hasta el último momento. Y yo eso, ya que no vivía allí para estar continuamente con ella, lo agradezco mucho. Al menos, pienso, contó con muchas amigas y vecinos dispuestos a hacer por ella lo que fuese: salir a la Farmacia a la hora que fuese, llevarla al hospital, hacerle la cena, hacerle la compra o simplemente compañía. Cuando yo estaba con ella, todo eso lo hacía yo. Cuando no, lo hacía Paco, o Mari Carmen, o Fina, o Conchita, o Pepe Nicolás, o el otro Pepe, o Pedro, o Loli, o un largo etcétera de gentes siempre dispuestas a hacer el bien. En definitiva, dispuestos a devolverle todo lo bueno que ella, antes, les había hecho a todos ellos.
Confieso que, quizá más sensible porque se va acercando la fecha del primer aniversario -queda menos de un mes-, me encantaría volver a verlos. Disfrutaría si todos nos volviésemos a reunir como hace un año para abarrotar el lugar y recordarla cada uno en la faceta humana o personal que mejor le pareciese.
Pero tengo que despertar de una vez y comprender que hoy por hoy no puede ser. Que yo ya no puedo ir allí como iba antes, con toda la libertad del mundo y sabiendo que se me esperaba con los brazos abiertos. Me fastidia no poder ir por allí en una fecha tan señalada, es verdad, pero ¿qué se le va a hacer si las cosas son como son, no como me gustaría que fuesen?
Ciertamente y aunque duela, llevo varios días pensando que yo allí no pinto nada. Pero tampoco tengo intención de pintar nada por el momento, que nadie se me asuste. Solo que me gustaría reencontrarme con tanta gente conocida con la que el cariño es mutuo. Y francamente, sacrificar a tanta gente buena a causa de una eventualidad como es el caso, duele. Y sacrificar el primer aniversario de un ser tan querido duele más aún.
Pero qué le vamos a hacer. Al menos, existe el teléfono para saber de la persona de la que te acuerdes en tal o cual instante. Ellos, por su parte, hacen lo mismo cuando se acuerdan. Y también es emocionante que le sigan recordando a uno con tanta frecuencia y que, incluso, me ofrezcan insistentemente lo poco que tienen para poder ir, reencontrarnos y recordar a nuestra amiga/abuela. Pero eso, por razones obvias, tampoco puede ser. Y dejaremos las cosas como están. Que si están así, dijo un sabio, es por algo. Así tendrá que ser. Y a lo mejor, quién sabe, el día que menos me lo espere me veo allí de nuevo. Para eso tiene que pasar el tiempo, mucho o poco, no lo sé, pero tiene que pasar. |
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